28 de noviembre de 2008

La Caja Grande

Hoy tocaría hablar de Barack Obama, que el próximo martes 4 de noviembre y si se cumplen los pronósticos, puede convertirse en el primer presidente afroamericano en la historia de los Estados Unidos. No es el dato que me interesa destacar, sino la ilusión y la esperanza que el candidato demócrata ha sabido transmitir. El “sí podemos” de Obama nos permite presagiar que llegan vientos de cambio, para Estados Unidos y para el mundo entero. En su último mensaje a los americanos, en los que aseguraba que escucharía a los ciudadanos y abriría las puertas del Gobierno, quiero ver no sólo una declaración de intenciones, sino una nueva forma de entender la política. Y la mejor noticia es que Bush volverá a Tejas, de donde nunca debería haber salido.

La semana ha sido pródiga en acontecimientos por estos lares. El Congreso regional del PP se cerraba con una lectura clara: Herrera crea su equipo, coloca a su gente en los puestos clave del partido e incluso me aventuro a decir que prepara su sucesión. Y en las provincias ya veremos, pero ya no me espero grandes cambios. En León la incógnita es si, con los actuales dirigentes, el PP será capaz de mantener la Diputación o de reconquistar la Alcaldía de la capital. Pero nadie quiere responder a esa pregunta. Es lo que los americanos, volviendo a ellos, llaman tener un elefante en la habitación. Un problema demasiado evidente para ignorarlo pero a la vez demasiado incómodo para hablar de él, e intentar resolverlo.

Pero la noticia-bomba de la semana es la creación de la Super-Caja Castilla y León, ese acuerdo histórico para integrar las Cajas en un mando único. La cuestión me suscita varios comentarios. El primero, que me parece estupendo –pero sorprendente- que PP y PSOE se hayan puesto de acuerdo en algo. El segundo es que a mí, cuando una cosa es tan pionera, me mosquea. Esta iniciativa no se le había ocurrido a nadie, y en el mundo de las finanzas está todo inventado desde hace tiempo. Debemos ser muy listos. La integración -que no fusión- es, desde mi punto de vista, lo más parecido a la cuadratura del círculo que he visto. Según este acuerdo, por ejemplo, se unirán las carteras industriales, se integrarán los sistemas informáticos y se gestionará conjuntamente la captación de capitales o la política de riesgos. Pero permanecerán todas las Cajas, con su red de sucursales, sus empleados (y Consejos, claro), su Obra Social, etc.

No tengo muy claro si la fusión o integración es necesaria, conveniente, adecuada o imprescindible. Quizás habría que preguntárselo a los impositores, que no dejan de ser, en definitiva, los propietarios de las Cajas. Tenemos otro elefante, y algo tendremos que hacer con él.


Somos los mejores

Esta semana se ha celebrado en León, por si ustedes no se habían enterado lo comento, el II Encuentro Nacional de la Industria de Seguridad en España (ENISE) organizado por el INTECO. Por cierto, algún día habrá que hablar de los problemas de visibilidad del INTECO, que es como la Santa Compaña de la mitología gallega: todo el mundo percibe que existe pero nadie lo ha visto. Pero a lo que vamos. En ese foro, y ante 425 delegados de empresas de seguridad informática, el Secretario de Estado de Telecomunicaciones, que atiende por el nombre de Francisco Ros, arengaba a la tropa con estas palabras: “No hay ningún país que esté haciendo mejor las cosas que como las estamos haciendo nosotros”. Hablaba, por ejemplo, de que España tiene más de 24 millones de internautas o que el 98 por ciento de la población tiene acceso a la banda ancha. Yo debo tener mala suerte, porque cuando en el verano arribo a hermosa localidad Valdoré, en la ribera del Esla, e intento conectarme la respuesta es que la ADSL ni está ni se la espera.

Lo que me intriga del alegato de Ros es si él, realmente, se lo cree o lo dice porque forma parte de su trabajo, de la misma manera que los abogados llevamos toga. Es la misma estrategia que ha utilizado ZP, negando la crisis hasta que la cola del paro ha llegado a La Moncloa. En los años 80 los socialistas querían transformar la realidad, con todo aquello que decía Felipe González de “queremos que España funcione” y esas cosas. Ahora han optado directamente por contar la realidad a su manera. El problema es que cualquier parecido entre la realidad que cuentan y la realidad real es pura coincidencia.

Para el Ayuntamiento de León tampoco existe la crisis, y nos vamos a gastar 70 millones de euros, como mínimo, en el Palacio de Congresos. El proyecto es muy bonito y muy cosmopolita, pero –seamos serios- no nos podemos permitir ese “edificio bioclimático”, como lo llama Perrault (el arquitecto, no el de los cuentos). Mientras, la ciudad está abandonada y maltrecha y los proveedores han abandonado toda esperanza de que el Ayuntamiento les pague. También vamos a hacer un tranvía, que costará otros 70 millones de euros, pero los va a pagar la adjudicataria. Esto no me lo creo, pero es que el otoño me vuelve escéptico. En lo que sí coincido con el Concejal de Urbanismo, ese sublime diseñador de la urbe del futuro, es que el tranvía marcará un antes y un después en León. Antes había una ciudad –o algo que se le parecía- y luego sólo quedarán deudas.
Lo que no acierto a comprender es porque no se deciden a hacer el Bernesga navegable, reivindicación secular de los leoneses. La verdad es que somos los mejores. Y más chulos que nadie.

Garzón cabalga de nuevo

Hace un mes ya había hablado en esta misma columna de Garzón y afirmo solemnemente que no me gusta repetirme, pero esta luminaria de la Magistratura, merced a sus dislates, parece que se ofrece. La semana ha sido pródiga en acontecimientos, entre los nubarrones económicos y el “coñazo” de Rajoy, pasando por asuntos más domésticos, como el incierto futuro de nuestra navegación aérea o la historia interminable de la fusión de las Cajas. Pero Garzón vuelve a sorprendernos a todos, que ya no sabemos si escandalizarnos o reírnos a mandíbula batiente.

La noticia que abría ayer este diario era ciertamente surrealista, cuando nos contaba que Garzón daba diez días al Registro Civil para que certificara si Franco había muerto. Lo surrealista realmente no era la noticia, sino el Auto, y parece que Garzón vive en un mundo paralelo, donde sólo habitan él y su vanidad porque no queda sitio para nada más.

La Guerra Civil, y la represión franquista que siguió a la sublevación, es uno de los episodios más dramáticos de nuestra Historia. Ya dije que me parece digno de respeto que las familias quieran saber dónde están enterrados sus muertos y que la sociedad española de nuestros días no puede hacer como si aquello nunca hubiera existido. Pero convertir una tragedia en un procedimiento judicial pilotado por un Magistrado deseoso de encontrar su lugar en la Historia me parece, por decirlo suavemente, un disparate. Y mientras, como reseñaba certeramente Santiago González en estas páginas, más de dos millones de casos tienen al borde del colapso a la justicia española, incluyendo algunos sumarios instruidos por este moderno Guerrero del Antifaz.

Donde Garzón ya rebasa los límites de lo tolerable y entra directamente en el delirio es cuando se permite extender una sombra de sospecha sobre todas las instituciones de la democracia, afirmando que “el silencio otorgado hasta la fecha no sólo ha otorgado de facto la extinción de la responsabilidad penal sino la impunidad”. Ciertamente uno no sabe si lee un Auto o una tesis, con notas a pie de página en las que el Juez incluso llega a citar una obra llamada “Cuento de Navidad. Es posible un mundo diferente”, de un tal Baltasar Garzón. Lo que lamento es no tener más datos sobre esta referencia clave de la literatura contemporánea.

Rajoy fue traicionado por los micrófonos cuando confesaba su opinión sobre el acto del doce de octubre. A mí, personalmente, me encantan los desfiles y “se me pone la gallina de piel”, que diría Cruyff, cada vez que escucho “La Muerte no es el Final”. Pero el que me parece un “coñazo” es Garzón. Un “coñazo” que, por cierto y esto es lo grave, pagamos todos los contribuyentes.



Zapatero al rescate

La semana que se cierra ha sido agitada en León, marcada por la crisis de Lagun Air, crisis que ha motivado un duro enfrentamiento político en el que, a fecha de hoy, quizás sea prematuro hablar de vencedores y vencidos. No obstante no comparto la estrategia del Alcalde de León, intentando convencer a la ciudadanía de que el problema es el odio africano que sienten hacia León las altas instancias de la Junta. Y no cabe duda de que Antonio Silván, a pesar de los malintencionados comentarios que se oyen, ha demostrado una vez más que es un excelente gestor. No lo comento porque sea de León ya que, como suele decirse, gato negro o gato blanco, lo que importa es que cace ratones.

Quizás sea pronto para analizar serenamente la cuestión y las consecuencias que se deriven, tanto respecto del futuro del Aeropuerto de León como del destino de los 150 trabajadores de la aerolínea. Hay algunas preguntas que deberían plantearse en el debate, y la principal es si los vuelos deben considerarse como un servicio público, financiado por los contribuyentes, o un negocio privado, y si puede ser rentable una aerolínea regional sin el apoyo de las Administraciones. La pregunta del millón es: Sr. Contribuyente, ¿considera usted oportuno que con sus impuestos sufraguemos una parte del precio del pasaje? Lo cierto es que los ciudadanos ya pagamos una porción del precio del billete de autobús, de las nóminas de los jugadores de la Cultural o del caché de los músicos que pasan por el Auditorio. Aquí reside la labor del político, y su responsabilidad, gestionar recursos escasos para atender necesidades múltiples. No vuelvo con el tema de las prioridades porque acabo siendo pesado.

Siguiendo con los números, entre el pánico que se adueña de las Bolsas y los negros augurios del FMI, Zapatero acude al rescate de la economía con su famoso Plan. Por una parte eleva a 100.000 euros la garantía de los depósitos y, por otra, destinará 30.000 o 50.000 millones de euros (total, da lo mismo) para adquirir activos “no tóxicos” y garantizar la financiación de empresas y ciudadanos. Ha dicho Solbes, además, que el Plan tendrá “coste cero” para los contribuyentes. Estoy desconcertado, a no ser que ZP haya leído esta semana a Harry Potter y vaya a crear el Ministerio de Magia.

Como quiero ser constructivo voy a echar una mano a nuestro Presidente. Le doy los datos de mi cuenta y le garantizo personalmente que la financiación llegará a mi familia. No sea que algún Banco diga que tiene que provisionar, se quede con la pasta y además me cargue una comisión. Por último, a mí, la verdad, me afecta bastante poco que me garanticen mis depósitos hasta 20.000 o hasta 100.000 euros.

Houston, tenemos un problema

Ayer viernes este diario nos regalaba un titular ciertamente demoledor: “El paro se tambalea en la Comunidad y deja en León 1.103 parados más”. Y los datos, a poco que uno repara en ellos, son todavía más demoledores: 95.000 parados más en España en el mes de septiembre, 6.000 más en la Comunidad. Se encoge el ánimo cuando uno piensa que, desde hace un año, cada día 1.600 personas engrosan las listas del paro en España. Y cada persona no es el frío número de una estadística, sino una familia, una historia, una hipoteca, un futuro ensombrecido por la lacra del desempleo.

Indudablemente, y como decían los del Apolo 13, “Houston, tenemos un problema”, un grave problema que es el desempleo. Y, en mi opinión, una causa directa, y es nuestra manifiesta debilidad industrial. Cuando yo era joven España era la décima potencia industrial y ahora hasta los tricornios de la Benemérita se fabrican en China.

Un avezado observador de la realidad leonesa me apuntaba sagazmente hace unos días que esta crisis durará mucho más de lo que algunos piensan, y que empezaremos a ver la luz cuando desarrollemos otro modelo económico. Hemos basado nuestro crecimiento en la construcción y en los servicios, y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria –y las turbulencias financieras- - han derrumbado el castillo de naipes en el que tan plácidamente vivíamos. Hasta que otro sector no tome el relevo se aproximan años difíciles y no sé hasta qué punto todos nuestros líderes son conscientes de la situación.

En Castilla y León, el Consejero Villanueva se reunía hace una semana con los Gerentes Provinciales del ECYL para impulsar un paquete de trece medidas extraordinarias en materia de empleo y formación. Sí parece que desde la Junta se ha tomado como una prioridad de primer orden (valga la redundancia) el tema del empleo, pero lo cierto es que su margen de maniobra es bastante limitado. Y esto porque muchos de los problemas derivan de la propia estructura de un mercado de trabajo, excesivamente rígido, donde sólo tiene competencias el Gobierno de España.

Deberíamos haber aprovechado los años de “vacas gordas”, como hizo José según nos cuenta el Antiguo Testamento, para llenar los graneros y ejecutar las necesarias reformas. Por ejemplo, haber utilizado la época de bonanza económica para reducir las cotizaciones sociales que soportan las empresas, un auténtico impuesto sobre el trabajo que supone un freno para la contratación de nuevos trabajadores. Una medida que ahora, con la que está cayendo y las largas colas en los Servicios Públicos de Empleo, se me antoja inviable.

Tenemos un serio problema, que es el paro. Y necesitamos más fábricas y menos pedagogía.

El otoño de los Congresos

El otoño ha llegado y parece que va a estar dominado por la Economía. Todavía no está claro si debemos hablar de crisis, de recesión o de eso que llaman turbulencias financieras. Pero hoy no toca hablar de Economía sino de política, y el curso que empieza se presume apasionante y se avecina un otoño lleno de Congresos. Una pena que el Palacio de la Azucarera –el Fernández Convention Center- no termine de arrancar, porque podíamos captar algún cliente aprovechando la coyuntura. Como diría Serrat llegamos siempre tarde donde nunca pasa nada.

La carrera la ha iniciado el PSOE de Castilla y León, que abre una nueva etapa bajo la dirección de Oscar López, pero quedan tres por lo menos. Dos se presumen pacíficos, el del PP regional, que coronará de nuevo a Herrera como Presidente del Partido, y el provincial del PSOE, con Pacofer postulándose como jefe supremo. El tercero, el del PP de León, sí presenta, a priori, un escenario más disputado, o al menos por ello suspiran muchos afiliados y votantes del partido. Quizás al final sea otro Congreso a la búlgara, pero coincidirán conmigo en que el PP se juega en ese Congreso su futuro político en la provincia. La UPL no sé si hará Congreso o simplemente organizará una partida de bolos (leoneses, of course) de solteros contra casados.

Se observa que la elección de Oscar López como Secretario regional ha desatado la euforia en las filas socialistas, que vislumbran la posibilidad de disputarle al PP uno de sus grandes bastiones electorales. Ciertamente, Ángel Villalba daba un aire triste y un poco anacoreta al partido, aquejado de una genética predisposición a cosechar derrota tras derrota. Y más cierto es que Herrera se ha convertido –poco a poco y sin grandes alharacas- en un líder solvente, que une a su capacidad de gestión unas grandes dotes de comunicador. Herrera sabe hacia donde debe caminar Castilla y León, y cuáles son las prioridades, y ese mensaje conecta con el electorado. O sea, que López lo tiene difícil, pero no le falta ilusión y empuje. Y hay dos incógnitas en el horizonte: cuánto tiempo estará Herrera y quien tomará su testigo.

La nueva ejecutiva regional del PSOE me suscita dos comentarios maliciosos. El primero es qué sentido tiene una Ejecutiva con 37 personas, sobre todo si se quiere ser medianamente ejecutivo. Y el segundo es el escaso peso político que León tiene en el seno de la misma. En lugar de esa tontería de la birregionalidad nos hubiera ido mejor tener una Vicesecretaría con mando en plaza, porque ese cuento de que Amparo Valcarce se erige como número dos del Partido no se lo cree nadie. Entre otras cosas porque es Secretaria de Estado y trabaja en Madrid.

La vueelta al cole

Llega septiembre y, como todos los años, empieza el Curso, tanto el escolar como el político. Atrás quedan –lejanos ya como si nunca hubieran existido- los felices días del verano y todos, niños y políticos, se preparan para afrontar los nuevos retos. Los niños están bastante mentalizados y me gustaría decir lo mismo de nuestros representantes, pero me alejaría ligeramente de la verdad.

Ya el otro día, en el Parlamento, asistimos al primer episodio de esta nueva etapa. Rajoy estuvo un poco en plan repelente niño Vicente, echando en cara al Presidente que no tenía hechos los deberes y riñéndole porque no había aprovechado el verano para estudiar. Y contemplando a ZP llegué a la conclusión de que le aburren soberanamente las Matemáticas, es decir, la economía, y ni siquiera se esfuerza en disimularlo. A Zapatero realmente lo que le gusta son las extraescolares: hacer un Ministerio de Igualdad, discurrir en torno a la Alianza de Civilizaciones y todas esas ocurrencias a las que nos tiene acostumbrados. Es hábil, ciertamente, y como te despistes te llega a convencer de que cualquier chorrada tiene una trascendencia cósmica. Me atrevo a decir que estamos todavía en clase de Lengua, discutiendo si estamos ante una crisis, una recesión o un momento bajo del ciclo. Lo que necesitan, me temo, es Conocimiento del Medio. Pero intensivo.

Dicen -sobre todo lo dicen los del PP, claro- que el debate económico del pasado miércoles lo ganó Rajoy, aunque yo tampoco vi que aportara muchas soluciones. Parece que Gobierno y Oposición, por una vez y sin que sirva de precedente, coinciden en una cosa: el remedio contra la crisis es esperar a que pase. Como decía el castizo, ya escampará.

En cuanto el Curso Escolar leía yo que en León aumentaban los alumnos en Infantil y en Primaria. Aunque, fijándose un poco, el dato es que en Educación Infantil hay 119 escolares más y Primaria crece la increíble cifra de 92 alumnos. Estamos que nos salimos. Ciertamente con lo difícil que se pone la vida y los generosos incentivos que las Administraciones dan a la familia (esto es una ironía) tener hijos más que una proeza es un milagro. Menos mal que los niños nos dan más alegrías que nuestros mandatarios.

Deseamos todos que tanto Zapatero como Rajoy hinquen los codos y miren la forma de superar esta difícil etapa. Incluso que estudien juntos, que escuchen todas las opiniones, porque lo que se trata es de buscar la salida y no de hacerse el listillo en el Parlamento. Decía Russel Crowe, en la hermosa película ambientada en la época de la Gran Depresión que es Cinderella Man, “Roosvelt nos sacará de ésta”. Pero no veo a Roosvelt por ningún sitio. Debe estar en Primaria.


Fusiones

El otro día estuvo por estos andurriales el Consejero Villanueva colocando la primera piedra (qué enrollado) de la ampliación de la planta de Vestas en Villadangos. Debe anotarse que el ejemplo de esta empresa danesa, como el de Syva -donde ayer viernes inauguraba Zapatero sus nuevas instalaciones-, demuestra que, con talento y trabajo, se puede avanzar, a pesar de nuestro victimismo y de esa ojeriza que, al criterio de sesudos analistas, nos tienen en Valladolid.

Entre otras cosas el Consejero dijo que las Cajas de Ahorro tienen que fusionarse para ser más competitivas en estos tiempos de incertidumbre económica y crisis financiera. Crisis que, en el fino análisis que hace el Presidente Zapatero, tiene su origen en los Estados Unidos y en eso de las subprime, que algo tienen que ver también con la muerte de Manolete y con la caída del Imperio Romano. A mí no me parece mal que las Cajas se fusionen para ganar competitividad, de la misma forma que pienso que deberían fusionarse las Consejerías –o incluso las Comunidades Autónomas- para ser más eficientes.

La fusión de las Cajas de la Comunidad es un tema recurrente que de vez en cuando se cuela en las páginas de los periódicos pero que nunca pasa de ahí. No creo que se trate de una cuestión de tamaño ni de que la prioridad de las Cajas sea la competitividad. Simplemente las Cajas deben ser eficientes para cumplir la finalidad que les marca la Ley: destinar sus excedentes a la realización de obras sociales y contribuir al desarrollo económico y social de su ámbito de actuación, especialmente en Castilla y León. Nada más, pero nada menos. Si eso se consigue con dos, cinco o siete Cajas no me parece una cuestión prioritaria.

Pero siempre que salta el tema de la fusión todos sabemos que, en la trastienda, existen otros intereses. Por una parte, los que están dentro no quieren que les menten la bicha, pues son conscientes de que todo proceso de fusión exige sacrificios y genera, como efecto directo, inevitables “recortes de personal”. Pero también late en el ambiente la percepción de que la Junta con la fusión busca un soporte financiero como instrumento de sus políticas. Es decir, le mola tener una especie de Instituto de Crédito Oficial. En León, además, siempre se cierne la sombra de que, con la fusión, la nueva Caja se instalaría a orillas del Pisuerga.

El problema del sistema financiero en España, en general, es que a veces se pasan y otras no llegan. Son como vendedores de paraguas, empeñados en colocarte el producto cuando hace un sol de justicia y en quitártelo cuando empieza el aguacero. Pero, quizás, tenemos lo que nos merecemos, aunque resulte más fácil echar la culpa a las subprime.

El Justiciero

El Juez Baltasar Garzón, que llevaba algún tiempo sin pasearse por los titulares de los periódicos (demasiado tiempo lejos de los focos parece que perjudica seriamente su salud) nos ha sorprendido a todos abriendo una investigación sobre los muertos y los desaparecidos en la Guerra Civil Española y en la represión de la dictadura franquista que siguió al final de la contienda.

El asunto tiene varias frentes y hurga en uno de los episodios más dolorosos y dramáticos de nuestra reciente Historia. Tuve en su día algunas dudas sobre la “oportunidad política” de la Ley de la Memoria Histórica abanderada por Zapatero. Siempre es necesario recordar la Historia pero no estoy muy convencido de que una norma jurídica dirigida a resucitar los fantasmas del pasado sea lo que necesita la España de hoy.

Conviene precisar, no obstante, que lo que en tiempos se denominó la Cruzada fue una sublevación militar contra un sistema legalmente constituido, encabezada por siniestros personajes que violaron el juramento de lealtad a la República que habían otorgado. Pero muertos y represaliados los hubo en los dos bandos, en muchas ocasiones por venganzas personales que nada tenían que ver con las ideas, y todos tenemos antepasados que fueron asesinados o que sufrieron la cárcel o el exilio. Y la idea que sostuvo y animó nuestra Transición –modélica por otra parte- fue la “reconciliación nacional” que permitiera cerrar las heridas abiertas por la Guerra Civil y por la represión de la dictadura de Franco. Ése era el compromiso, asumido por todos: olvidar el pasado para construir un futuro en el que todos los españoles pudiéramos vivir en paz.

Me parece natural, humano y respetable que las familias quieran saber donde están enterrados sus muertos y que puedan llorarles en paz. Quiero que mis hijos conozcan nuestro pasado y que vean, por ejemplo, esa hermosa y terrible película que es “Las Trece Rosas” sabiendo que esos hechos desgarradores sucedieron realmente en España. Pero lo que me parece excesivo es que el Juez Garzón, con el dinero de los contribuyentes, se dedique a abrir esta macroinvestigación y no soy capaz de vislumbrar cuál es el objeto. La justicia está para resolver los conflictos que puedan surgir entre nosotros, de la forma más correcta y equilibrada posible, no para enjuiciar la Historia. Quizás todo tenga que ver con la particular personalidad del Juez Garzón, y así mientras los jueces “de a pie” se dedican a administrar justicia, con escasez de medios y con su mejor criterio, él se cree investido de una misión divina dirigida a imponer la justicia universal de la qué él se cree el único depositario. Hay una diferencia entre Juez y un “Justiciero”.


Citius, altius, fortius

Mi primer recuerdo de unos Juegos se remonta a Munich 1972, Olimpiada tristemente célebre por la masacre perpetrada por el grupo palestino Septiembre Negro que acabó con la vida de once atletas israelíes. Desgraciadamente, el terrorismo sigue estando presente, más cercano y sanguinario que en los 70, pero mucho han cambiado las cosas en el olimpismo. Seguimos con el citius, altius, fortius (más rápido, más alto, más fuerte) pero se ha añadido el elemento comercial (más dinero) y mediático (tenía ganas ya de meter este palabro en una columna). Un dato: Mark Spitz, ganador de siete medallas de oro en Munich, se retiró ese mismo año porque en aquel tiempo no se podía vivir de la natación. Hoy, Michel Phelps, el Tiburón de Baltimore, que ha superado la gesta de Spitz al obtener ocho metales dorados, ingresa unos cuantos millones de euros al año.
A mí la verdad me encantan los Juegos. Entre otras cosas porque no sólo veo deportes que el resto del año ignoro, sino otros que ni siquiera recordaba que existían. Así cada cuatro años me hago la misma pregunta: ¿alguien conoce a alguien que practique la lucha grecorromana? Yo particularmente no, pero llegan los Juegos y me veo unos cuantos asaltos, que por cierto no sé si se llaman asaltos. Y aprovechas la ocasión para hablar de cuestiones técnicas, como la dificultad de los tirabuzones en el salto de trampolín o la perfecta definición de Maya Isinbayeva al ejecutar el salto con pértiga, con la misma naturalidad y soltura que comentas el culebrón de los huertos solares o las tempestades que se avecinan de cara al Congreso del PP.

No ha quedado claro cómo ha quedado España. Unos opinan que mal, lejos de Barcelona 92, cuando asombramos al mundo y sobre todo a nosotros mismos, y de las expectativas que algunos habían proclamado. Otros que somos el número catorce del medallero, y eso tiene mérito, aunque sin ir más lejos Italia haya conseguido el doble de medallas que nosotros. Lo cierto es que nos mantenemos en aquellos deportes en los que nos hemos especializado olímpicamente (piragüismo, ciclismo), hemos obtenido buenos resultados en deportes de equipo (hockey, balonmano y esa dulce medalla de plata frente a los chicos de la NBA) y hemos fracasado estrepitosamente en natación o en atletismo, el deporte rey de los Juegos.

Mención especial merece la natación sincronizada. Que en un deporte tan exigente, tan duro, hayamos conseguido colgarnos dos medallas de plata me parece simplemente admirable. Y mi admiración es mayor cuando veo lo que esas chicas hacen en la piscina y llego a la conclusión de que pertenecemos a especies diferentes. Yo es que, lo reconozco, no me sincronizo ni con mi sombra.

Primero rescate a mi hija

El accidente del vuelo JK-5022 de Spanair, que el 22 de agosto segó la vida de 153 personas, ha conmocionado a todo el país y ha llevado el dolor a las familias y amigos que lloran sin consuelo la pérdida de sus seres queridos. Detrás de cada víctima hay un drama personal, y esas historias han llenado las páginas de los diarios y los rincones de la Red en estos días. Y conmueve la historia de la salmantina Amalia Filloy, que entregó su vida para salvar la de su hija María. Al recordar los hechos que narraba el bombero Francisco Martínez se hace difícil retener las lágrimas.

Cuando Francisco Martínez entró en el avión siniestrado encontró entre los restos del aparato a Amalia y a su hija María, de 11 años. Al verle la mujer cogió a la niña y se la entregó pidiéndole que rescatara primero a su hija, según contaba Martínez. Este bombero rescataba también a dos niños (Jesús Alfredo y Roberto) que, junto con María, son los únicos menores que se salvaron del desastre.
Porque un hecho terrible que nos ha arañado a todos las entrañas es que el accidente de Barajas se ha llevado a familias enteras y –sobre todo- que 22 niños y bebés se cuentan entre las víctimas. Demoledora es la historia de la familia Núñez Rojo, de Calzada del Coto, que perdía a cuatro de sus miembros en la fatídica pista 36 del Aeropuerto de Barajas, entre ellos el pequeño Pedro Javier, de 3 meses de edad. Su minúsculo cadáver fue el último en ser rescatado por los bomberos entre los escombros, 24 horas después de la tragedia.

Todavía es pronto para conocer las verdaderas causas de la catástrofe y conviene recordar que el avión es el medio de transporte con menor índice de siniestralidad. Sin embargo cuando sucede un accidente las consecuencias son dramáticas. Nos hemos acostumbrado a convivir (sirva la expresión) con las muertes de la carretera (2.741 personas el año 2.007), con las víctimas de la violencia doméstica o de los accidentes laborales. Pero una catástrofe aérea, por su magnitud y su crudeza, siempre nos deja anonadados, llenos de impotencia y angustia. Por esto sorprende y escandaliza que la Federación de Fútbol insistiera en jugar la pachanga contra Dinamarca ese trágico miércoles o que el Comité Olímpico se negara a que la bandera española ondeara a media asta.

Dentro de unos días los nombres y las historias de las víctimas se caerán de los titulares y pasarán a ser sólo un número en una fría estadística. Sólo los recordarán sus allegados, que tendrán que aprender a vivir con el inmenso vacío que deja su ausencia. Pero quisiera que nunca olvidáramos a Amalia Filloy, que iluminó ese miércoles negro cuando le rogó al bombero: “Primero rescate a mi hija”.

El desconcierto

Hace algunas semanas la procuradora socialista, Inmaculada Larrauri, denunciaba el trato de favor que la Junta de Castilla y León otorgaba a la sanidad privada de la provincia. Los datos que la parlamentaria autonómica exponía eran contundentes: la Junta ha gastado durante 2.007 en conciertos con empresas privadas del sector sanitario en León 30 millones de euros, frente a los 26,3 invertidos en Valladolid. Como no me consta ninguna contestación o matización por parte de la Junta doy por buenas las cifras que aportaba Larrauri.

No entiendo como la Junta emplea más dinero en conciertos en León que en Valladolid, teniendo en cuenta que aquí nos despoblamos mientras crece la población en la ribera del Pisuerga. Tengo una explicación, si bien reconozco que es un tanto peregrina: los pucelanos, cuando vienen a León a robarnos alguna empresa, aprovechan para operarse de las cataratas o hacerse una laparoscopia. Seguro que hay algún otro motivo pero se escapa a mi raciocinio o a mi imaginación.

Lo del concierto sanitario, francamente, me desconcierta. Me parece genial que alguien monte un hospital para ganar dinero, de la misma forma que otros abren un supermercado. Pero me parece muy fuerte que una parte considerable de sus beneficios deriven de nuestros impuestos a través del concierto. Sobre todo cuando, teóricamente, se opta por un modelo de sanidad pública y, en León –por no ir más lejos- la Junta ha invertido más de 100 millones de euros en el Complejo Hospitalario. Es como si me gasto una pasta en comprarme un piso impresionante y luego me voy a dormir a un hotel. La única diferencia es que ni me compro el piso ni pago el hotel con el dinero de los contribuyentes.

Y lo del Complejo Hospitalario (lo de Complejo viene porque es como el Laberinto de Creta) es una obra que nos acompañará en el tiempo, como parte de nuestra historia sentimental. Cuando nació mi hija Julia –que cumplió 8 años el mes pasado- ya habían iniciado las obras, y nadie es capaz de predecir si concluirán algún día. Está quedando muy mono y supongo que muy operativo. Pero por experiencia más o menos directa quiero apuntillar que el funcionamiento de Urgencias por la noche sigue siendo manifiestamente mejorable. Como no estés a punto de morirte pueden tardar tres horas en atenderte y aquello sigue pareciendo un Consultorio del Tercer Mundo, donde se mezcla el llanto de los bebés y los gritos de los accidentados.
Aunque igual lo que hay que hacer es concertar también Urgencias. Y de paso lo de recaudar los impuestos se lo encargamos al Cobrador del Frac. Con esta perspectiva no me extraña que algunos funcionarios se hagan emprendedores. No sea que te concierten.

El tramitador

El que podemos llamar ya “Caso Lasarte” ha causado una gran conmoción en la vida política de León. Tras el riguroso trabajo de investigación llevado a cabo por este diario ha salido a la luz pública que Javier Lasarte era el administrador único de la empresa Galeno 1955, S.L., que en dos años ha tramitado (y obtenido, naturalmente) licencias para once plantas solares en las provincias de León y Valladolid.

La reacción de las altas instancias de la Junta ha sido rápida y Javier Lasarte presentaba la “dimisión” de su cargo de Secretario Territorial de la Delegación de la Junta de forma casi inmediata. El 4 de agosto el Bocyl publicaba su cese, a petición propia, agradeciéndole los servicios prestados (no dice a quién pero la literatura gubernamental es ciertamente fría y escueta).

No quiero entrar en si estos hechos pueden ser considerados delictivos o no, aunque cabria preguntarse si existe –además- algún tipo de responsabilidad por eso que los juristas llaman culpa in eligendo y culpa in vigilando, es decir, por la mala elección o la mala vigilancia. Me preocupa el aspecto moral de la cuestión (soy un antiguo, ya lo saben) y la pregunta del millón es si los políticos, o los funcionarios de alto nivel, pueden tener negocios (me suena como aquella pregunta de si los famosos tiene vida privada).

Pienso que no existiría problema si el negocio en cuestión fuera una mercería o una tienda de ropa (o una sex-shop, poniéndonos imaginativos). El tema es si la ocupación del político-funcionario es la tramitación y obtención de autorizaciones administrativas, autorizaciones que dependen (¡oh casualidad!) de una Administración en la que el tramitador ostenta un cargo relevante. Porque lo grave del asunto es que la función de Lasarte era conseguir las licencias que luego cedía a las empresas que explotarían esos “huertos solares” que ya forman parte de la campiña leonesa.

Aunque la verdad es que somos unos malpensados. Todo el mundo sabe lo difícil que es moverse por la jungla burocrática a la hora de conseguir, por ejemplo, iniciar una actividad empresarial en esta cosa novedosa de las energías renovables. Quizás lo que hacía Lasarte era gestionar de modo tan eficiente como altruista todo el papeleo para que los empresarios pudieran tener sus plantas solares operativas en breve plazo prestando, además, un gran servicio a la economía leonesa y a la conservación del planeta.
Lo curioso es que, dicen, una de las dos líneas de investigación que ha abierto la Junta (todo se sigue haciendo por duplicado, como debe ser) puede durar entre siete y ocho meses. Indudablemente, necesitan un supertramitador que investigue ágilmente lo que hizo el tramitador Lasarte.

28 de septiembre de 2008

UPL a la deriva

Debo reconocer que me ha sorprendido la decisión del Comité Ejecutivo de la UPL, que esta semana decidía suspender de militancia a los díscolos Joaquín Otero, Héctor Castresana y Luis Herrero Rubinat. Los motivos, entre otros, se centran en la indisciplina de estos tres mosqueteros, que decidieron abrir una oficina parlamentaria por su cuenta, pero no cabe duda que asistimos al penúltimo capítulo de la aguda crisis que los leonesistas atraviesan en los últimos tiempos.

Y me ha sorprendido, por una parte, la dureza de la sanción (más que una suspensión es un despido) y, por otro lado, el “optimismo” que revela. ¿Creen seriamente que, cuando se cumplan los cuatro años de suspensión impuestos a Joaquín Otero, seguirá existiendo el partido? Tan largo me lo fiáis, que diría Don Juan Tenorio. O mucho cambian las cosas, o dentro de cuatro años, la UPL sólo existirá en las hemerotecas.

Los problemas de UPL vienen de lejos, y se manifestaron ya en la escisión protagonizada por quien otrora fuera su dirigente más caracterizado, el inefable Rodríguez de Francisco. Pero me atrevo a opinar que tienen raíces más profundas: su cambiante política de alianzas y su indefinición ideológica.

Mientras UPL sólo protestaba o reivindicaba, con más o menos fundamento, su protagonismo, incluso su utilidad social, parecían claros. El problema surge cuando decide entrar en gobiernos municipales, primero con el PP, luego con el PSOE, en unos sitios con un partido y en otros con el contrario. Y el nudo gordiano es el Ayuntamiento de León, donde en lugar de dejar gobernar al PSOE en minoría decide –eso sí, muy democráticamente- entrar en el reparto de Concejalías. Ya decía Henry Kissinger que el poder es el mayor afrodisíaco que existe.

Y el segundo problema es que UPL sólo se identifica por su leonesismo, que es su única ideología. Ciertamente los esquemas de izquierda y derecha pueden estar parcialmente superados pero un partido debe ser algo más que una lista de reivindicaciones y agravios y debe proponer un modelo de organizar la sociedad. En el caso de los leonesistas la cuestión se agrava porque -es una percepción personal- su electorado procede mayoritariamente de lo que podríamos llamar “derecha social”, y el pacto con el Partido Socialista se ve como un matrimonio de mucha conveniencia. Y otra vuelta de tuerca se produce cuando Francisco Fernández, el alcalde de la metrópoli, se postula abiertamente como el más leonesista de todos.

La nave leonesista navega a la deriva, negros nubarrones se ciernen sobre su futuro y los castigos ejemplares de esta semana abren una nueva vía de agua. ¿Habrá botes salvavidas para todos o pasará como en el Titanic? Veremos.

El Juez Quirós

El pasado sábado, 19 de julio, fallecía José Rodríguez Quirós, Presidente que fue de la Audiencia Provincial, Magistrado de dilatada trayectoria, profesor y persona que siempre acuñó un singular protagonismo en la vida social de León. Fui alumno suyo hace más de veinte años (como diría Gil de Biedma, ahora que de casi todo han pasado veinte años) y siempre le profesé una gran admiración, aunque no le tratara de forma muy cercana. Sí me consta que mi padre y él se tenían un gran afecto, y Quirós me comentaba que ambos tuvieron el honor de ser galardonados, en años sucesivos, con ese bonito título que es el de Pastor Mayor de los Barrios de Luna. Imagino que ahora mi padre y Quirós se habrán vuelto a encontrar y estarán hablando de los viejos tiempos de la Escuela de Graduados Sociales y de otros asuntos más variopintos. Bueno, imagino que sobre todo hablará Quirós, pero cada uno expresamos nuestros cariños de nuestra particular manera.

La muerte siempre duele, siempre entristece, pero cuando llega de forma traicionera, sin previo aviso, además, nos desgarra y desconcierta. Ha pasado con la muerte del Magistrado Quirós, la gente comentaba que le había visto el jueves en Las Lleras, que había hablado con él hace unos días y esas referencias que nos recuerdan la fragilidad de la vida humana. Hoy estamos, pero mañana quién sabe dónde iremos.

Javier Chamorro, el vicealcalde, que le conocía bien, ha dicho que Quirós era la mejor cabeza jurídica de León. Probablemente tenga razón, pero hay otro rasgo del Magistrado Quirós que me gustaría resaltar y es su cercanía, su sencillez, su profundo conocimiento de la naturaleza humana. Para impartir justicia no sólo se requiere ser justo y sabio, que Quirós lo era, sino que también es necesario comprender las pasiones y los impulsos de las personas y la naturaleza de los conflictos sobre los que tiene que decidir. Quirós era muy lejano a esos jueces-estrella que aparecen en los medios de comunicación, iluminados tan solo por el fulgor mediático y cuyas sentencias y autos se fabrican con mucho esmero jurídico pero solamente para la galería.

Quirós estaba adornado de una virtud esencial en un Juez: la capacidad de ver el fondo de la cuestión, la clave jurídica. De la misma forma que los árboles no te dejan ver el bosque en ocasiones es difícil, entre los recovecos semánticos y los regates jurídicos que utilizamos los abogados, decidir donde está la verdad. Sin embargo Quirós sí sabía encontrar, entre la hojarasca que rodea todo proceso judicial, la llave que abre la puerta de la justicia.

Descanse en paz, Magistrado, muchos le recordaremos. Lo cierto es que, sin el Juez Quirós, León se queda un poco más vacío.

Martinsa o el fin de una era

La crisis de la inmobiliaria Martinsa-Fadesa ha sacudido los cimientos (nunca mejor dicho) del sector y algunos ven en la suspensión de pagos de la empresa un aviso de los tiempos tenebrosos que se avecinan, tras casi una década de frenesí constructor que a todos, analistas o profanos, nos tenía un tanto desconcertados.

Ahora todo el mundo dice que se venía venir, que se hacían –y se vendían- demasiadas viviendas, a pesar del incremento de los precios por encima del 10 por ciento cada año, y otros sesudos análisis -a toro pasado, claro- para explicar las causas que nos han llevado a una situación extremadamente delicada. Yo, particularmente, debo reconocer que me equivoqué en mis predicciones. Pensaba que el cambio de ciclo llegaría antes (hacia 2.005) pero también que el aterrizaje sería bastante más tranquilo, y no una caída en barrena.

Intentaré explicarlo con una metáfora. Aunque todos hablaban de la burbuja inmobiliaria (que nunca estallaba) yo veía la escalada del sector de la construcción como un globo. Cuando estuviera bastante hinchado, empezaría a desinflarse suavemente hasta alcanzar las proporciones que el mercado exigía. Pero en lugar de ir soltando aire poco a poco alguien (¿esa mano invisible de la que hablaba Adam Smith?) decidió seguir soplando. Y claro, todo tiene un límite. Un dato: durante los primeros años de la década se iniciaban unas 500.000 viviendas anuales. En 2.005 ya existía un stock de viviendas suficiente para que el sector levantara el pie del acelerador. Pero no fue así, y en 2.006 y 2.007 proseguía la irresistible ascensión de la vivienda, en número de viviendas construidas y en precio. Resulta escalofriante pensar que en 2.006 se iniciaron más de 900.000 viviendas, cuando la demanda se estima entre unas 300.000 o 400.000 anuales. El mercado dijo basta.

Ciertamente en esta crisis influyen otras muchas causas. Las tensiones inflacionistas o la escalada de los tipos de interés (los tipos bajos son la verdadera clave del boom inmobiliario), pero existen con dos hechos muy claros: hay muchas viviendas y son demasiado caras. También inciden otros factores que tienen que ver con la propia condición humana, o con mecanismos que podemos llamar de ingeniería social. Me explico: mucha gente no compra porque presiente que el precio de la vivienda tiene que bajar (otros no compran porque simplemente no pueden).
Quizás la suspensión de pagos (ahora llamada concurso por esos caprichos literarios del legislador) de Martinsa se deba también a la compra de Fadesa y en efecto gran parte de su deuda procede de esta operación. Pero todos sabemos que los años dorados de la construcción quedan ya en el recuerdo.

Sobre el Manifiesto

El Manifiesto por la Lengua Común, cuyos primeros firmantes me parecen gente “técnicamente bastante respetable” y no sospechosos de ser unos conservadores ultramontanos (Vargas Llosa, Albert Boadella o Fernando Savater, por ejemplo) ha desencadenado una cierta marejada pero ha permitido que el “asunto lingüístico” regrese a la arena política. En León también hablamos de otras cosas, como la fusión de las Cajas o esa Plataforma contra la Crisis, pero tendremos verano y columnas para todos y todas y hoy me apetece hablar del Manifiesto. Ya sé que no soy original pero es que ni siquiera lo pretendo.

Algunos critican la iniciativa por el hecho de que haya sido promovida por El Mundo o que la apoyen partidos como el PP o UPyD. Eso forma parte del carácter de algunos políticos de vía estrecha, que piensan que sólo ellos custodian la razón. Pero las ideas son buenas o malas, oportunas o peregrinas, en sí mismas, con independencia de su procedencia. Y aquí se trata de defender algo que es de todos y tiene gran pujanza en todo el mundo, salvo en España.

Me parece algo elemental defender cuestiones como que todos tengamos derecho a ser educados o atendidos en la lengua castellana. Lo veo como algo bastante progresista, en cuanto establece un principio básico de igualdad, incluso de solidaridad, entre todos los ciudadanos de una Nación. Los nacionalismos y regionalismos, además de espesos y pesados, me resultan arcaicos y algo reaccionarios.

La raíz del problema está en el modelo territorial y en ese engendro llamado Estado de las Autonomías. Atribuir competencias legislativas, no sólo de gestión, a las Comunidades, es lo mismo que suministrar gasolina a un pirómano. Todo puede ir bien, hasta que se enciende la cerilla. Es más, me atrevo a sugerir que es un error la idea de las lenguas cooficiales. Me parece bien que se promocione un idioma, de la misma manera que se hace con otras manifestaciones culturales. Pero una lengua común sirve para que nos comuniquemos entre nosotros y garantiza, además, una cierta “unidad de mercado”. Utilizando una metáfora tecnológica podemos decir que un idioma es el sistema operativo de una sociedad.

Un idioma común no deja de ser una herramienta de progreso, un instrumento para competir, crecer e innovar. El dominio de Estados Unidos se basa no sólo en la supremacía militar, sino en una lengua común –y oficial- que ha servido para cimentar una potencia económica, científica y técnica. Una pregunta y volviendo a las nuevas tecnologías: ¿Sería lo que es Microsoft si la lengua cooficial en el Estado de Washintong, marginando al inglés, fuera el navajo o el sioux?

Naturalmente yo también he firmado el Manifiesto.

Retorno a la realidad




Tras la hermosa victoria de nuestra Selección en la Eurocopa, tras la euforia desatada –y merecida- en todo el país, nos toca regresar a la realidad, dura e incierta, en la que nos tenemos que mover cada día. Y una de las noticias de esta semana ha sido el avance del Plan de Movilidad (el PMUS) que ha presentado el Concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de León.

Es verdad que este primer año de legislatura municipal todo ha parecido pivotar sobre dos grandes cuestiones: la subida del IBI y el “tema del personal”. Pero también es cierto que el equipo de gobierno empieza a centrarse, o a movilizarse ya que hablamos de movilidad, en aquellas cuestiones que en verdad preocupan a los ciudadanos.

Se podrá estar o no de acuerdo con algunas de las decisiones que se han adoptado o se proyectan. Sobre el PMUS opino que hacen falta aparcamientos, en el centro y no sólo en la periferia (una pregunta ¿a qué llamamos periferia?). Pero nadie podrá negar la valentía del Ayuntamiento al afrontar lo que podemos llamar los problemas reales. La deuda municipal es uno de ellos, pero esto de la movilidad (lo que los profanos llamamos tráfico) es otro. Resulta inquietante que en León se consuman más de 46 millones de litros de combustible al año, y que sólo el 5 por ciento de los desplazamientos se hagan en transporte público. Puede existir una explicación sociológica y es que en León nos consideramos muy señoritos para movernos en autobús y el automóvil, entre otras cosas, no deja de ser un símbolo del status alcanzado.

No sé si el Plan de Movilidad resolverá todos los problemas, pero al menos los pone sobre la mesa, y abiertos al debate público. Y me parece muy saludable que los políticos tengan los pies en la acera. Hablando de aceras, en abril escribía yo que lo mejor que podía hacer el Ayuntamiento por los Héroes Leoneses era reparar la calle que lleva su nombre (el de los Héroes, precisaba) y que tenía, como otras muchas, las aceras bastante maltrechas. Para mi alegría y, he de reconocerlo, también para mi sorpresa, esta semana la estaban arreglando. Descarto que haya una relación causa-efecto (ni soy tan petulante ni me creo tan influyente) pero tengo que felicitar al Ayuntamiento y a la Concejalía de Obras. Que sigan en esa línea. Me parece esencial que nuestros munícipes se preocupen de la gestión diaria de la polis, y que no se abandonen confiados a los grandes proyectos que nos pueda traer Zapatero, a modo de primo de Zumosol. Porque la ciudad del futuro se construye cada día y todos somos parte de ella y tenemos algo que decir. Ciertamente, desde el día en que España se coronó reina de Europa en el Ernst Happel de Viena estoy realmente épico.

1 de septiembre de 2008

Sí, podemos (28/06/2008)


Yes, we can, es el lema electoral que Barack Obama, el candidato demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos, ha asumido como frase-fetiche de su campaña electoral. El mensaje tiene mucho que ver con la idea de que hay una forma distinta de gobernar un país y también de hacer política y de comunicar con los ciudadanos. La personalidad, el carácter y el entusiasmo que despierta Obama nos conectan directamente con la “nueva frontera” de Kennedy y abren la esperanza de un futuro mejor en América y en el mundo.

Este lema también ha sido adoptado por la cadena televisiva (Cuatro) que retransmite en exclusiva (por cierto ¿dónde quedó aquello del interés general del que hablaba Álvarez Cascos?) la Eurocopa de Fútbol. Personalmente echo de menos las retransmisiones de la Sexta y aquella frase famosa de Andrés Montes de que “la vida puede ser maravillosa”, pero lo cierto es que la consigna “Podemos” ha enganchado a la afición y viene a incidir en que no hay que abandonarse a la resignación y al victimismo y que tenemos en nuestra mano la posibilidad de cambiar las cosas.

El brillante papel de la Selección Nacional en la Eurocopa de fútbol, una mezcla explosiva de calidad y motivación, confirma claramente que el espíritu de superación nos permite crecer y ganar, y esta idea puede aplicarse por igual a un equipo, a una Nación o a nuestra provincia. En tiempos de crisis queda claro que hay que sacar lo mejor de nosotros mismos y que el destino no está escrito en las estrellas sino que es algo que se trabaja día a día. El fútbol no deja de ser una metáfora de nuestro tiempo (aunque sea un juego sometido por esencia a los caprichos de la veleidosa Fortuna) y de la trayectoria de nuestra selección pueden extraerse interesantes consecuencias. Realmente, y como dice Obama, podemos.

Lo cierto es que, si Iker no hubiera parado dos penaltis, ahora todos volveríamos a hablar de los malditos cuartos y hubieran regresado todos nuestros viejos demonios familiares. Pero, por una vez, el fútbol ha sido justo, y ha sabido recompensar a un grupo de jugadores que necesitaban, por encima de todo, creer en sus posibilidades. Superada con solvencia la primera fase, después de la dulce venganza contra Italia y tras noquear a Rusia con una inolvidable segunda parte, nos aguarda Alemania en la gran final. Existen buenas vibraciones y un ambiente de euforia pero, cualquiera que sea el resultado, todos nos sentimos orgullosos de nuestra selección y, también, del hecho de ser españoles.
El domingo puede ser un gran día y el lunes, en lugar de hablar de la crisis o quejarnos del abandono de León, deberíamos decir lo que proclama Obama y demuestra nuestra Selección: Sí, podemos



Nos vamos de Congreso 21/06/2008


La verdad es que esta columna estaba pensada para que yo dirigiera mis atinadas previsiones de analista político a diseccionar las tendencias del Partido Popular en el Congreso de Valencia e intentar vislumbrar algunas claves de cara al futuro de lo que, todavía, es el primer partido de la oposición y, presumiblemente, una alternativa de gobierno. Pero me han dejado ligeramente descolocado. Cuando me pongo a escribir (el viernes por la tarde) parece que todo está ya decidido. Ya se sabe quién será el Presidente, se revela esa incógnita -María Dolores de Cospedal- que se eleva al rango de Secretaria General, y podemos asegurar quién tiene el poder en el Partido, que parece resumirse en esa especie de binomio Rajoy-Arenas. Me temo, en este preciso momento, que me quedo sin artículo. Pero sigamos.

El Partido Popular llegaba a este Congreso con un agudo dilema histórico y en un momento extremadamente delicado. Tenían dos opciones: afrontar sus problemas de frente, e intentar resolverlos, o aparentar una imagen de unidad (la consabida consigna de prietas las filas) y decir que “aquí no pasa nada, la Liga está ganada”. Me temo que Rajoy se ha equivocado en el diagnóstico y ha olvidado (o querido olvidar) que el problema no es el equipo, sino él mismo, que padece una incapacidad casi congénita para convencer a su propio electorado.

Personalmente el autotitulado “Dream Team” que se eleva a la cúpula del Partido Popular (María Dolores de Cospedal, González Pons, Ana Mato o ese fenómeno que es Javier Arenas) me parecen personas bastante competentes y aportan un “soplo refrescante” al Partido. Además desaparece de la escena nacional el tándem Zaplana- Acebes (la versión posmoderna de Abbot y Costello) lo que no deja de ser una asunción de responsabilidades, tardía ciertamente, por los errores cometidos en el pasado. Pero puedo aventurar que, con Rajoy a la cabeza y por mucha crisis que nos azote, el Partido Popular sólo se acercará a la Moncloa de visita y por un breve espacio de tiempo.

Me parece entrañable la alegría y esa imagen de “somos los mejores” y “tiembla, ZP, que tu fin se acerca” que despliegan los compromisarios del PP en el Congreso de Valencia. Pero el mayor error que se puede cometer en política es confundir la realidad con la propaganda. Y hay otro principio que dice que existen dos formas de asegurar el desastre: una es pedir lo imposible y otra retrasar lo inevitable. El Partido Popular pierde en este Congreso la oportunidad histórica de elegir un líder, y un programa, con posibilidades de éxito. No me cabe duda de que Zapatero, el domingo por la noche, dormirá a pierna suelta en La Moncloa y que nada perturbará su sueño.

16 de junio de 2008

Los fines y los medios

Esta semana los miembros y miembras (que diría la ministra Bibiana) de esta Nación llamada España nos hemos visto sacudidos y afectados por el paro de los transportistas que ha provocado algunos problemas de abastecimiento, bastante psicosis, pérdidas millonarias para la economía española (empresas que suspenden la producción y trabajadores que se van a casa), violentos enfrentamientos, detenciones, heridos y un camionero muerto.

La situación me suscita algunos interrogantes. Primero ¿por qué se habla de huelga o paro cuando la mayoría de los que secundan ese paro son autónomos (es decir, empresarios, pequeños pero empresarios)? En rigor estamos ante un cierre patronal. Segundo, al parecer esta “inmovilización” está convocada por tres Asociaciones que representan, se comenta, el 20 por ciento del sector. ¿Y con ese porcentaje logran paralizar el país? Y aquí enlazamos con la tercera cuestión, no menos importante. Deberíamos terminar de una vez con esa leyenda urbana que habla de piquetes informativos. En la era de las comunicaciones globales y de Internet no concibo cómo alguien no se ha enterado de que hay un paro y hace falta que vayan unos sujetos a explicárselo. Si de paso te pinchan las ruedas o queman el camión, con un trabajador dentro, debe ser eso que llaman daños colaterales.

Seamos claros: si los transportistas que siguen esta “huelga” simplemente no fuesen a trabajar los efectos no serían tan contundentes. Pero lo que se trata no es de protestar, sino de paralizar un país recurriendo a la coacción, a la amenaza e incluso a la violencia. No es una huelga ni un paro, es un bloqueo.

Puedo compartir muchas de las reivindicaciones de las organizaciones convocantes. Me parece escandaloso que el litro de gasóleo haya pasado en un año de 0,95 euros a 1,30 y el Gobierno no tome medidas (por ejemplo, regular un gasóleo profesional o rebajar los impuestos que gravan los combustibles). Pero pierden toda la razón cuando para ejercer su protesta vulneran y lesionan los derechos de los demás: el derecho al trabajo y el derecho a la libre circulación. Los fines nunca justifican los medios y un principio básico de la democracia es que mi libertad termina donde empieza la de los demás. Aunque lo cierto –pero también muy triste- es que, en España, para que te hagan caso hay que armarla. ¿Somos una sociedad madura? ¿No existen otros mecanismos para analizar y resolver los problemas antes de que la situación se haga insostenible? Porque ahora hay que arreglar dos problemas, el de los transportistas y los que han creado los transportistas. Somos únicos y lo que sucede es que sólo nos preocupamos del colesterol cuando nos da el infarto.

Todo el Poder para el Jefe

Todo el Poder para el Jefe era el eslogan que la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) utilizó en las elecciones de febrero de 1936, en las que finalmente el Frente Popular alcanzaría la victoria. La CEDA era una alianza de partidos de corte “ligeramente conservador” y entendía que la República tenía un cierto problema de autoridad y era necesario concentrar todo el poder en su Jefe, que a la sazón era José Mª Gil-Robles. En mi opinión el mayor problema de la República éramos los españoles, pero eso es otra historia y otra columna.

Aunque podría suponerse hoy no hablaremos de Rajoy, que no sé si será Jefe por mucho tiempo pero que indudablemente no tiene todo el poder en el “gallinero popular” sino del Alcalde de León, Francisco Fernández, que se postula, al parecer, como el próximo Secretario Provincial del Partido Socialista y ha recibido ya, aseguran, el visto bueno del Gran Jefe Zapatero tras su “peregrinación” a La Moncloa.

Tradicionalmente la carrera política se entendía como una especie de promoción, en la que el sujeto (o sujeta) comenzaba en los escalones más bajos de la pirámide (así, machaca del partido o concejal de pueblo) e iba subiendo (trepando, según los maliciosos) hasta las altas esferas de la Administración. Lógicamente pocos llegaban a la cima, algunos montaban su campamento en alguna cómoda y soleada ladera y otros directamente se despeñaban (o los precipitaban al vacío). Sin embargo en los últimos tiempos asistimos –en todos los partidos que ocupan o arañan parcelas de poder- a un incesante proceso de acumulación. Es decir, no se escala sino que se tiende a concentrar puestos y más puestos en una sola persona. Cargos que no dejan de ser estratégicos “resortes de poder” e incluso retribuciones económicas dirigidas a compensar, en lo posible, las incomodidades y desvelos que padecen por su labor en pro del bienestar de los ciudadanos (que no lo perciben porque somos unos desagradecidos).

Lo que me resulta difícil es como una persona, por mucha capacidad que tenga (al político se le presume la capacidad, como al soldado el valor) puede ocupar tantos puestos sin inmutarse y sin darle importancia. Volviendo a Pacofer, que ya es Alcalde de León y Vicepresidente de la Caja y puede ser el próximo Secretario Provincial del PSOE. Imaginemos que, tal día como hoy, tiene que pavimentar una calle, inaugurar una oficina bancaria y expedientar a un afiliado. Pues yo (que soy como John Wayne y me resulta difícil caminar y mascar chicle a la vez) seguro que lo que haría sería pavimentar una oficina bancaria, expedientar a una calle e inaugurar a un afiliado. Me pregunto si son políticos o superhéroes.

Esperando al Dr. House

En las últimas semanas estamos asistiendo a un movimiento ciudadadano que se ha puesto en marcha para reivindicar la implantación de la Facultad de Medicina en la provincia de León. Así el Pleno de la Diputación aprobaba una moción en este sentido y el Ayuntamiento de la capital se ha ofrecido, generoso él, para abanderar la propuesta. Yo creo –soy muy malicioso, confieso- que se trata de una maniobra de distracción para que nos olvidemos del IBI, es decir, lo que el maestro Hitchcock llamaba un MacGuffin.

A primera vista parece una reivindicación justa y lógica, si tenemos en cuenta la existencia de una Universidad ya consolidada, el peso que debe tener León en el seno de la Comunidad, la necesidad de profesionales en el sector, las inversiones realizadas en el Hospital de León, etc. No obstante, es menester aplicar el bisturí y examinar algunas cuestiones. Pienso que el primer paso que se debe dar (que imagino que puede ser previo a la implantación de la titulación) es que el Hospital de León puede ser un Hospital Universitario, que permita formar profesionales adecuados y competentes y prestar un buen servicio a los ciudadanos. Esta decisión, además, debería enmarcarse en una apuesta decidida de la Administración Regional por una sanidad pública con un alto nivel de calidad. Acepto la existencia de la sanidad privada, como una actividad económica más, pero no acabo de entender como después de las inversiones que se han realizado en el Complejo Hospitalario (perdí la cuenta cuando se rebasaron los 200 millones de euros) se siguen derivando pacientes hacia la sanidad privada a través del concierto. Tampoco comprendo porque no se aplica a los médicos un régimen de incompatibilidades relativamente coherente ni, en general, porque la Sanidad nunca está en el centro del debate político.

No obstante tengo algunas dudas sobre una Universidad sobrecargada de titulaciones pero con probemas para captar alumnos. Sería muy lindo que todos tuviéramos todas las Facultades a la vuelta de la esquina, pero también hay que administrar con eficiencia los recursos.Hay que apostar por una Universidad de calidad, y éste es el reto que asume el nuevo Rector y su equipo, pero la solución no es una inflación de títulos.

Lo que no veo que sea ninguna tragedia es que los jóvenes de León tengan que ir a estudiar fuera. Lo triste es que sólo puedan regresar en Navidades –como el Almendro- porque no hay trabajo. Personalmente me parece bien que se implante Medicina en León, pero creo que quien tiene la palabra es la propia Universidad. En fin, ya que la Alta Velocidad no llegará, por lo menos, hasta 2011, esperamos que antes nos pueda visitar el Dr. House.

Gaudeamus igitur

Gaudeamus igitur es una canción estudiantil de valor musical ciertamente discreto que ha sido adoptado por muchas Universidades como su himno propio. La letra (que comienza con “alegrémonos pues, mientras seamos jóvenes, tras la divertida juventud, tras la incómoda vejez, nos recibirá la tierra”) es un canto al carpe diem que suena muy bonito y casi solemne. Pero nunca he entendido muy bien qué tiene que ver su texto con el esfuerzo intelectual, la calidad de la educación y el ansia de conocimiento que deben tener como principios directrices las Universidades. Pero hay muchas cosas que no comprendo. Ya se lo decía Hamlet a su amigo: “ello es, Horacio, que en la tierra y en el cielo hay más de lo que pueda soñar tu filosofía”

Me ha sorprendido, no tanto la victoria de Hermida como lo aplastante de la misma, en la primera vuelta y con el apoyo de todos los estamentos de la Universidad. Se percibe, aunque quizás -como Hamlet- yo también vea fantasmas, un deseo de cambio y un cierto “voto de censura indirecto” a la gestión de Ángel Penas durante los dos mandatos en los que ha ocupado el edificio del Albéitar. El hecho de que uno de los valedores del Rector electo haya sido el ideólogo del leonesismo Abel Pardo me puede causar un cierto desasosiego, pero el voto de confianza que la comunidad universitaria ha otorgado a José Ángel Hermida ha sido incontestable y en el nuevo Rector y en su equipo recae la responsabilidad de asumir los retos que la Institución tiene planteados en esta nueva época.

Uno de los principales retos es la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). No tengo muy claro que nos traerá el EEES, pero recelo de esa salvaje obsesión que postula que la Universidad debe forzosamente amoldarse a la realidad del mercado. La Universidad existe para que los alumnos reciban unas enseñanzas, y probablemente en esa educación el componente práctico sea fundamental. Pero sobre todo, creo, la Universidad debe perseguir que los jóvenes adquieran disciplina y método. Disciplina, que implica que el estudio no es necesariamente algo grato o divertido, sino un sendero –tortuoso y oscuro en ocasiones- que exige trabajo y constancia. Y método, un procedimiento, que permite responder con solvencia a los desafíos intelectuales a los que se enfrentan que los graduados.


Con esta historia de las “titulaciones a la carta” corremos el riesgo de que la Universidad deje de ser un centro de conocimiento y se transforme en una factoría de cursos empaquetados para su inmediato consumo por el mercado. El conocimiento es algo más que buscar, copiar y pegar, que tiene que ver con la Universidad lo mismo que el Gaudeamus Igitur. O sea, muy poco.

Telma, y quién es Telma

Hace algunos años, si me hubieran preguntado quién es Telma, hubiera pensado que se referían a la gran actriz de reparto que era Thelma Ritter (recordemos “Eva al Desnudo” o “Vidas Rebeldes”) o a la compañera de Louise en la película dirigida por Ridley Scott en 1991. Ahora bien, si hoy alguien nos pregunta quién es Telma (ahora sin h) todos sabemos que nos referimos a Telma Ortiz, que ha perdido la primera batalla en la guerra que mantiene por preservar su vida del acoso y la persecución de algunos medios que se hacen llamar periodistas.

No voy a entrar en esos debates sobre si Telma Ortiz ha podido disfrutar de alguna ventaja por ser hermana de la Princesa de Asturias o si la estrategia jurídica elegida era la más correcta o ha sido aconsejada por su peor enemigo. Pero sí quiero plantear algunos interrogantes. Lo primero, no tengo claro qué es eso de “un particular con proyección pública”, al que alude el Auto –muy bien fundamentado, por cierto- que desestima las medidas cautelares solicitadas por Telma Ortiz. Parece claro, para algunos, que un político, un actor o un futbolista son personajes públicos. ¿Y un empresario, un escritor o un corredor de seguros no entran en esa categoría? ¿Dónde está la frontera? En segundo lugar algo que parece de sentido común: por muy público que sea un personaje tiene derecho a su vida y a su intimidad. Y sobre todo, tiene derecho a que no le persiga una manada de pelmazos furibundos, armados con alcachofas y cámaras y preguntando si va a separarse o si ya tiene pensado el vestido de comunión para la niña.

Existen unos cuantos dogmas acuñados por esa plaga moderna que se hace llamar prensa del corazón. Uno lo formulan así: quien vende una exclusiva pierde su derecho a la intimidad. Me aterra el planteamiento. Es como si yo un día, por ejemplo, vendo un dedo para pagar el IBI (es broma, Alcalde, puede dormir tranquilo) y desde ese momento cualquier persona se cree con derecho para amputarme la pierna derecha. Otro argumento mágico es que “estamos haciendo nuestro trabajo”. Pues cambia de trabajo y búscate una forma digna de ganarte la vida, que te aseguro que existen.

Pero el argumento que más me enfurece es cuando esos supuestos periodistas invocan la libertad de expresión. Seamos serios: preguntar a Telma Ortiz cómo va su embarazo no supone el ejercicio de ningún derecho constitucional. Es simplemente ser un pesado y un chismoso. La libertad de expresión ampara al ciudadano para decir lo que piensa, pero no autoriza para preguntar lo que no es de su incumbencia.
Pero ya lo dijo Madame Rolland, hace mucho tiempo y camino de la guillotina: “Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”.