15 de junio de 2009

El sueño de Alejandro

Esta semana se ha acercado a León Su Majestad la Reina Sofía para asistir a la puesta de largo del Instituto Bíblico y Oriental de León (IBO). El Instituto comenzó sus actividades en el año 2.003, está dirigido por uno de esos sabios discretos que existen en el mundo –Jesús García Recio- y es una brillante realidad gracias a la colaboración de Caja España y –sobre todo- al mecenazgo del empresario leonés David Álvarez. Conviene apuntar que la grandeza de un empresario no está en lo que crea, sino –antes que nada- en lo aporta y ofrece a la sociedad.

El Centro reúne un valioso fondo arqueológico y documental y aspira a ser una referencia mundial en los estudios sobre la Biblia y las antiguas civilizaciones. Nos podemos sentir afortunados porque este viaje hacia el pasado se haga desde León. Y quizás el Museo sirva para hacernos a todos un poco más sabios o, por lo menos, algo más prudentes y reflexivos.

El Instituto abre esta nueva etapa con una exposición sobre Alejandro Magno, posible gracias a la generosa aportación de Francisco Antonovich. La figura de Alejandro es, en mi opinión, una de las más atractivas de todos los tiempos. No por sus conquistas militares sino por el proyecto de mundo que le impulsaba. Un Imperio en el que Oriente y Occidente pudieran convivir bajo una cultura en la que se fusionara de forma armónica lo mejor de los dos mundos. Pero el sueño de Alejandro fue efímero y no sobrevivió a su creador.

Una de las historias que se cuentan sobre Alejandro Magno es la del nudo gordiano. Al parecer un tal Gordias había hecho un nudo que nadie podía deshacer. La profecía aseguraba que quien desatara el nudo podría conquistar Oriente. Alejandro se enfrentó al reto y solucionó el problema cortando el nudo con su espada. Algunos piensan que simplemente recurrió a la fuerza en lugar de emplear el ingenio. Pero la enseñanza que obtengo es otra muy distinta: hay situaciones que sólo se pueden arreglar de una forma tajante, cortando por lo sano, como hizo el gran Alejandro.

Yo veo un nudo gordiano en nuestro modelo económico, asfixiado por la ineficiencia del sistema financiero y lastrado por el insufrible peso del ladrillo. Quizás Alejandro, desde el IBO y a través de los siglos, nos esté enviando un mensaje.

El encuentro

Como a nadie se le escapa el Encuentro más famoso de León es ese hermoso espectáculo que tiene lugar en la Plaza Mayor el día de Viernes Santo y que se ha convertido en una seña de identidad de nuestra Semana Santa. Pero estos días el encuentro que ha hecho correr ríos de tinta ha sido el de los primeros espadas de la política leonesa, Isabel Carrasco y Francisco Fernández. Una reunión que se había desarrollado, al parecer, bajo el signo de la concordia, pero que ha desembocado en la polémica tras acusar la Presidenta al Alcalde de alta traición (o lesa majestad) por invadir las competencias que la Diputación tiene sobre el Turismo. Realmente, parecía la típica bronca que una “seño” iracunda echa a un alumno por no hacer los deberes, pero debe ser eso del carácter.


Lo de las competencias ciertamente es un asunto complicado, y tiene mucho que ver con parcelas de poder y con caladeros de votos. Sin ir más lejos, la reunión entre Carrasco y Fernández trataba de la crisis, y allí hablaron –entre otros asuntos- de la minería y de la Universidad, donde ninguno de los dos tiene competencias. Queda muy bonito eso de agrupar esfuerzos ante las situaciones difíciles pero pienso que las Corporaciones Locales tienen que dedicarse a lo suyo, mismamente a ordenar el tráfico o a arreglar carreteras. Y, sobre todo, a no estorbar, a facilitar la vida a los ciudadanos y a las empresas. Un ejemplo reciente: con el basurazo lo único que podemos conseguir es que las empresas –si llegan- se instalen en Burgos, donde les gestionan los residuos por mucho menos dinero. Pero los políticos, percibo, parecen dominados por dos impulsos: el primero, su ansiedad por pasar a la historia. El segundo, su creencia de que pueden con todo.

Volviendo al Encuentro (al de Semana Santa) voy a comentar un dato que me ha sorprendido. En Wikipedia, que por muchas inexactitudes que contenga no deja de ser una referencia fundamental en el ciberespacio, si buscas Procesión de Los Pasos no sale nada. Y en las Procesiones del día de Viernes Santo salen más de 20 ciudades, pero ninguna de León. Ciertamente, siempre hay algo que hacer en esto del Turismo y los monopolios desaparecieron con la Campsa, aunque quizás al Palacio de los Guzmanes no haya llegado la buena nueva.

¿Hay alguien ahí?

El pasado sábado, en este mismo espacio, invitaba al entonces Ministro Bermejo a reflexionar sobre la situación. A los dos días, Bermejo anunciaba su dimisión en un gesto que nos dejaba a todos un tanto sorprendidos. Como es natural, mi primer pensamiento fue para percatarme de la decisiva incidencia que mis escritos tienen en el devenir político, de mi impresionante capacidad mediática y del liderazgo moral que desde estas páginas ejerzo con rectitud y templanza.

Pero esa estúpida creencia me duró, como también es natural, apenas dos segundos. En realidad Bermejo dimite porque el Presidente se lo exige o porque, en un rasgo de lucidez, se da cuenta que no es la persona idónea. Pero ningún político dimite, ni tan siquiera cambia de actitud, por lo que pudieran proclamar al unísono un millón de columnistas. Esa leyenda urbana del poder de influencia de la opinión publicada no deja de ser una patraña.
Eduardo Aguirre, en ese magnífico libro que es “Columnas sin pedestal –una imprescindible hoja de ruta para quien se inicia o se adentra en este oficio- describe con fino humor el pánico que se apodera del columnista cuando, en medio de la noche, se despierta dudando si ha escrito Schopenhauer con dos haches o sólo con una. Y los terrores le invaden cuando ya nada tiene remedio porque la columna navega como el Titanic hacia el lector inmisercorde.
Probablemente al lector le importa muy poco si hemos escrito bien Schopenhauer pero el columnista establece un diálogo privado con un lector invisible al que no quiere defraudar. Porque no solo escribimos para nosotros mismos, por vanidad o porque nos intentamos demostrar a nosotros mismos que somos más brillantes y ocurrentes cada día, ni mucho menos para influir en los acontecimientos. Escribimos porque nos gustaría despertar en el lector (al que presentimos como implacable) una pequeña reflexión, un breve comentario, una coincidencia con nuestra postura o una crítica mordaz y despiadada. Poco importa si nuestra opinión es la correcta porque la mayor satisfacción del escribidor es encontrarse con alguien y que le diga que le sigue todas las semanas.
Me asaltan dos preguntas. La primera es si he escrito bien Schopenhauer. La segunda si hay alguien ahí, al otro lado de la columna.

Jueces en huelga

El pasado miércoles tenía lugar en España la primera huelga de jueces, un hecho histórico que ha vuelto a poner de manifiesto los graves problemas que tiene la Justicia en España y que, de nuevo, coloca al Ministro Bemejo en el punto de mira (el chiste no es nada original pero no he podido resistirme).

Lo que está bastante claro es que a la Justicia española le hacen falta medios y ésta es la clave de la protesta. Leía estos días que en España hay 10 jueces por cada 100.000 habitantes, mientras que la media europea se sitúa en unos 19 y, en países como Alemania, se llega a 26. Y eso que los alemanes, o esa percepción tengo, cumplen más escrupulosamente los contratos y son más formales que nosotros. Por eso algunas reivindicaciones planteadas, como el incremento del número de jueces o un razonable reparto de la carga de trabajo, parecen lógicas Me ha sorprendido conocer que las aplicaciones informáticas que utilizan los Juzgados de distintas Comunidades Autónomas son incompatibles entre sí. Este es uno de los efectos perversos del Estado de las Autonomías, que cada una acaba teniendo su propio sistema operativo, y así nos va.

En el fondo tengo la convicción que en España, desde hace tiempo, no nos tomamos en serio los grandes deberes que tiene el Estado (Educación, Sanidad y Justicia). Entre otras cosas porque, entre lo que manda Europa y lo que ocupan las Comunidades Autónomas, cada vez queda menos Estado.

Yo no creo que Bermejo tenga que dimitir por irse de caza con Garzón. Al fin y al cabo cada uno elige sus aficiones, y sus amigos, como tiene por conveniente. Suscribo, además, la aguda frase de Rubalcaba de que es peor dedicarse a cazar comisiones. Pero el Ministro debería percatarse de que, con su actitud, no es improbable que le acabe saliendo el tiro por la culata (otro chiste cinegético, eh). Se impone un cambio de enfoque, y una mejor disposición, si queremos arreglar los problemas de la Justicia. Y va siendo hora de empezar a hablar de lo que es esencial en una democracia moderna.

A un famoso cazador americano llamado David Crockett (que también fue político) se le atribuye la siguiente frase: Asegúrate siempre de estar en lo cierto, y entonces avanza. Espero que, de cazador a cazador, Bermejo capte el mensaje.

El agente doble

Al parecer el viaje del Alcalde de León a Estados Unidos, que despertó una cierta polémica en su inicio, puede lograr que 500 alumnos de la Universidad de Washington aterricen en León cada año para estudiar español. Me parece perfecto y –aparte del turismo- así conseguiremos rejuvenecer la ciudad que, de otra forma y cuando nos jubilemos la generación del baby-boom, podría ser lo más parecido a un cementerio de elefantes o a una macro-residencia de ancianos con Catedral incluida. Me puede aterrar un poco que la invasión de la juventud anglosajona acabe convirtiendo León en una versión posmoderna de “Desmadre a la americana” pero aplaudo la iniciativa, siempre que se convierta en realidad y, sobre todo, siempre que –en el futuro- a esos jovenzuelos no se les ocurra acercarse a mi hija para algo que no sea conversar en inglés.

La actualidad de la semana nos ha traído de nuevo a la primera línea a ese personaje omnipresente que es el Juez Garzón, ese moderno Guerrero del Antifaz que hace todos los méritos para convertirse en un habitual de mis columnas. Tengo algunas preguntas, como qué hace un Magistrado de la Audiencia Nacional instruyendo un caso que tiene un alcance que parece local o cómo alguien puede gastarse 2.000 euros por participar en una cacería en lugar de irse con los chavales a Eurodisney. Pero no obtengo respuestas.

Lo que me ha descolocado un poco es la respuesta del PP, que alude a una trama dirigida contra ellos y orquestada por Bermejo y Garzón que, entre jabalí y jabalí, se dedicarían a urdir conspiraciones. Lo lógico, o lo natural, es que el primer partido de la oposición hiciera una investigación interna para saber qué puede existir de cierto en las acusaciones que han salido a la luz pública. Es cierto que Garzón, con tal de aparecer en los periódicos, es capaz de ponerse a investigar el asesinato de Julio César. Pero no lo es menos que, al Partido Popular, debería interesarle saber si existe alguna manzana podrida en el partido de la gaviota.
El problema son los hechos, si son ciertos o no, no quién los investiga. Me temo que el PP se ha vuelto a equivocar de estrategia, y la única respuesta que encuentro es que Rajoy tiene entre sus asesores a un agente doble, que en realidad trabaja para la Moncloa.

El mercader de Venecia

El Consejo Superior de Cámaras ha publicado esta semana la “Encuesta sobre el Acceso de las PYMES a la financiación ajena”. El informe arroja datos que nos permiten apreciar en su justa medida el mayor problema –junto con el desempleo- al que nos enfrentamos, y que es la financiación de las empresas. La Encuesta nos dice que cuatro de cada cinco pymes han tenido problemas a la hora de acceder a la financiación externa y los números son descaradamente siniestros: el 17 por ciento de las empresas que lo necesitaban no han conseguido un crédito y en el 83 por ciento restante las condiciones se han endurecido severamente (encarecimiento de comisiones, mayor exigencia de avales, requerimiento de garantías de carácter personal en un 25 por ciento de los casos, etc.

Los de la Banca se defienden, alegando que ellos claro que prestan dinero, que es su negocio, pero que no pueden conceder préstamos a quiénes no están en condiciones de devolverlos. El argumento parece muy rotundo pero uno se pregunta si a los banqueros, esos tipos que ganan sueldos millonarios, no se les debería ocurrir algo mejor. Uno se asusta, o se escandaliza, cuando imagina que una persona normal debería estar trabajando unos doscientos años para ganar lo que Francisco González, el Presidente del BBVA, se embolsa en un año entre fijo y variable.

La burbuja

Esta semana me llamó la curiosidad el vaticinio de un experto, que responde al nombre de José García Montalvo y es Catedrático de Economía en la Universidad Pompeu Fabra. Decía este buen hombre, que imagino que será una autoridad en la materia, que el precio de la vivienda debe caer hasta un 50 por ciento para lograr el ajuste del mercado. Lo que sucede, cosa habitual en economía, es que los análisis van por un lado y los datos se empeñan a veces en llevarles lo contraria. Porque, a pesar del supuesto estallido de la burbuja inmobiliaria, ni los precios bajan de forma sensible ni parece que lo vayan a hacer en los próximos meses.

La vivienda ha sido el aceite que engrasaba todo el sistema y del que todos se enriquecían: los propietarios de suelo, los promotores, los Ayuntamientos, la Hacienda Pública (o sea todos, que no deja de ser un consuelo), los encofradores y un largo etcétera. Cierto que algunos ganaban bastante más dinero que otros pero esa es una de las rarezas que tiene el mercado. La cosa fue bien hasta que nos encontramos con dos hechos que nos enfrentaron a la dura realidad: un stock de más de un millón de viviendas sin vender y el cierre del grifo del crédito hipotecario. Es decir, los Bancos dejan de prestar dinero porque la vivienda, en diez minutos, pasó de ser la mejor inversión del mundo a convertirse en eso que llaman ahora un activo tóxico.

En el crecimiento desaforado del negocio del ladrillo han intervenido una serie de mecanismos mentales que operan en la naturaleza humana y que llegaron a crear una serie de “verdades oficiales” que a la postre se han revelado como parcialmente inexactas. Por ejemplo, que la vivienda siempre da más rentabilidad que la Bolsa, que es mejor comprar que alquilar, que la vivienda es una inversión segura o que su precio es imposible que baje. También ha tenido algo que ver la codicia, pecado consustancial al sistema aunque lo llamen visión de negocio, que indudablemente queda como mucho más poético.

Yo sí creo que el precio de la vivienda bajará, aunque algunos se resistan o no lo quieran ver, de la misma manera que los ordenadores cuestan hoy la mitad que hace cinco años. Al fin y al cabo sólo se trata de que la oferta se encuentre con la demanda. Y eso lleva su tiempo.

El Musac

Hoy podríamos hablar de muchas cosas, desde el entusiasmo que despierta el nuevo Presidente de los USA hasta la ascensión a la primera línea de la política local del nuevo vocero del Partido Popular, Julito Maravilla. Pero pongamos una nota cultural en esta columna. No solo de política vive el hombre.

Me gustaría hablar del MUSAC, que se asoma a las primeras páginas por la noticia de la sustitución de quién ha sido su Director, Rafael Doctor, desde que la criatura comenzó a andar allá por el año 2.005. La propuesta socialista de que el nuevo Director sea elegido por concurso parece bastante lógica, sobre todo si tenemos en cuenta que el MUSAC tiene para este año un presupuesto de 4,7 millones de euros. Es más, volviendo a Obama, me gustaría importar el modelo americano, y que el nuevo Director fuera “examinado” por el Parlamento regional antes de comenzar a ejercer sus funciones.

Debo comenzar reconociendo mi incapacidad casi congénita no sólo para apreciar, sino incluso para comprender el Arte Contemporáneo. Para mí, hasta Gauguin me parece exageradamente abstracto. Es verdad que el MUSAC se ha convertido en un referente cultural y turístico de León y la gestión de Rafael Doctor ha servido para ponernos en la vanguardia. Ahora bien, el hecho de que se dedique a programar el Arte que se produce en este momento me plantea la duda de si es un Museo o más bien una Galería de Arte. Una Galería que vive de espaldas y algo desconectada de la sociedad leonesa.

Hace unos meses visitaba con mi familia una de las exposiciones del MUSAC. En una pared se proyectaba una película (igual era una performance pero hasta ahí no llego) y mi hijo Andrés, llevado por la curiosidad, se acercó a contemplar la obra y tocó la pared. En ese momento un divulgador cultural de los que controlan el Museo se acercó alarmado y con cierta rudeza me dijo si no podía tener controlados a los niños. Mi reflexión es que el sujeto quizás supiera mucho de las nuevas tendencias en las que se mueven las expresiones culturales de nuestro tiempo, pero desconocía por completo la naturaleza humana. Y mi hijo, con seis años, quedó asombrado y perplejo ante el Arte Contemporáneo, porque lo que había tocado era una pared (o sea, un trozo de cemento) no La Venus del Espejo.

La movida del agua

La movida del agua ha servido para animar los Plenos del Ayuntamiento de León. También contribuye a hacer extraños compañeros de cama, como el Grupo Popular y los ecologistas, coincidencia que evoca la pinza Aznar-Anguita en versión cazurra. Pero ésta es una buena ocasión para reflexionar sobre cuestiones de cierto calado. Por ejemplo, sobre si las privatizaciones son buenas o necesarias o, por lo menos, relativamente imprescindibles.

En principio debo confesar que no me gustan las privatizaciones, entre otras razones porque sólo se privatiza lo que da dinero. En España, con ese cuento de que había que entrar en el euro, nos dedicamos, en los tiempos de Aznar, a vender y liquidar todo el patrimonio que tenía el Estado. Ya casi nadie recuerda que, en tiempos pretéritos, Telefónica o Repsol, o una parte del actual BBVA llamada Argentaria, eran empresas públicas, de todos los españoles.

Nadie privatiza porque quiere, sino porque no le queda otro remedio, de la misma manera que nadie cierra su empresa porque haya sido atraído por el lado oscuro de la Fuerza, sino porque la situación económica se vuelve insostenible. Las matemáticas tienen la terrible virtud de ser increíblemente testarudas y, si las cuentas no salen, hay que buscar soluciones. Dos precisiones importantes: en el caso de León se privatiza el 49% y un servicio no deja de ser público porque se gestione privadamente.

La movida del agua ha servido también para elevar a los altares a la Concejala cesada o dimisionaria (el matiz no me parece decisivo) Humildad Rodríguez, convertida en la Juana de Arco de la escena leonesa. Aplaudo su decisión de renunciar al acta de Concejal, me parece esencial la discrepancia y el debate pero la política, como el fútbol, es un juego de equipo. Me pueden deslumbrar los destellos de Messi, pero soy un apasionado del fútbol colectivo. Quien decide la estrategia, y quiénes juegan, es el entrenador, es decir, el Alcalde. Y será la afición, o en su caso los electores, quienes tendrán la última palabra.

Se me objetará que la metáfora es muy forzada, y quien pensará que el fútbol es más importante –o por lo menos más divertido- que la política, pero mi sincera opinión es que una cosa es ser independiente y otra muy distinta ir a su bola.

Los Reyes Magos

De un tiempo a esta parte el Grupo Popular del Ayuntamiento de León se ha vuelto extraordinariamente susceptible. Hace un par de semanas se mosquearon por aquello del pufo de la época Amilivia y, con las vestiduras rasgadas pese a los rigores invernales, abandonaron el Pleno. Ahora se han enfadado porque los Reyes Magos, concretamente el Rey Gaspar, agradecía los esfuerzos para que el año próximo pudieran llegar en AVE y a los avispados populares les ha sonado a propaganda gubernamental.

Pero se equivocan: los Reyes Magos no son zapateristas aunque, como toda Monarquía que se precie, quizás sean ligeramente conservadores y suelen estar con el poder establecido. Me gustaría precisar, no obstante, que la Alta Velocidad es, o debería ser, un proyecto de todos. Un proyecto que además llega mucho más allá de una simple legislatura. Recordemos que el AVE a León no es sino la prolongación del que se proyectó e inició hasta Valladolid en la época en que Aznar (antes de volverse un sex-symbol) era Presidente del Gobierno. Porque todos los Presidentes, además de convertirse en líderes mundiales, quieren llevar la Alta Velocidad a su pueblo: Felipe a Sevilla, Aznar a Valladolid y ZP a León. El día en que alguien de Canarias llegue a la Moncloa imagino que lo que procederá será montar un ferrocarril submarino y seremos el asombro de Occidente.

Y a los del PP tampoco les ha gustado la Cabalgata y el viceportavoz del PP, Julio Cayón, habla de “sainetes de lágrimas de cocodrilo por un lado y gasto sin control por otro” (la prosa del viceporta me deja un poco perplejo). En mi opinión, la Cabalgata no estuvo mal y, si se consigue un espectáculo digno y bastante vistoso con escasos recursos económicos, es justo reconocer la buena gestión de la Concejala de Turismo y Fiestas, Susana Travesí. Pero como soy un ácido columnista voy a poner algunos peros. En primer lugar, las carrozas de sus Majestades están ya algo cutres. En segundo, cada año que pasa me horroriza más la payada del Belén (que decía mi abuela). Y, finalmente, no entiendo ese afán de convertir a los Magos de Oriente en “francotiradores de caramelos”. Eso debería preocupar al Partido Popular, y no los discursos del Rey Gaspar. Lo de las roscas de los Simpson que lanzaban unos payasos estaba bien llevado y propongo que para años venideros se arrojen gominolas.

Con el año que viene sube todo, desde el paro –cuyos datos son espeluznantes- hasta el recibo de Gersul –ésto nos pasa por protestar-. Menos el precio de la vivienda en Ponferrada, bajada que el Alcalde atribuye a su gestión urbanística y no al estallido de la burbuja inmobiliaria. No cabe duda, el papel lo aguanta todo, hasta mis columnas.

Nada nuevo bajo el sol

Comenzamos un nuevo año, cuyos primeros instantes estuvieron marcados por el intercambio de SMS, que se ha convertido en el nuevo canal de comunicación, y que pretenden ser ingeniosos y originales. El problema es cuando recibes, de cuatro personas diferentes, el mismo mensaje de texto, y te preguntas si existe algún mecanismo de telepatía que consigue que todos piensen lo mismo.

Lo cierto es que la historia esa de los SMS nos ha hecho olvidar uno de los lugares comunes de la Navidades de antaño, cuando no podías felicitar el nuevo año por teléfono porque una voz te advertía, muy educadamente, que existía “sobrecarga en la red”. Una expresión tan enigmática, recuerdo, como aquella con la que el Jefe de Estación justificaba el retraso del tren: “se ha caído la catenaria”. Los mensajes de texto harán olvidar, me temo, lo que era la Ortografía y está surgiendo un nuevo idioma que igual termina siendo una lengua cooficial y en la que me manejo con una cierta dificultad.

Mucho hemos avanzado en algunos campos, aunque cada uno de enero nos encontramos con hechos y sucesos que invariablemente se repiten todos los años: tragedias como la de la discoteca de Tailandia, subidas de precios en servicios básicos, mascotas abandonadas a su suerte, buenos propósitos para el año que viene, etc. Y lo cierto es que no hemos progresado tanto como nos creemos, y así no se vislumbra una vacuna contra el SIDA ni un remedio contra el cáncer, o la posibilidad de producir alimentos que terminen con el hambre en el mundo.

Lo que no cambian son algunas de las iniciativas peregrinas con la que nos sorprenden los políticos. La semana pasada el Ayuntamiento de León nos amenazaba con “normalizar en 2.009 el uso compartido del castellano y el llïones en documentos oficiales”. Somos lo máximo: mientras el Gobierno de España suprime el BOE en papel (entre otras cosas para ahorrar el Estado seis millones de euros al año y el planeta unos cuantos miles de árboles talados) nosotros nos dedicamos a escribirlo todo dos veces. Por lo visto, según el Concejal Abel Pardo, la utilización del leonés es un derecho que reconoce la ONU y debe normalizarse. Pues que lo normalice con su dinero, no con el de los contribuyentes.

Aunque las “ocurrencias” no son patrimonio exclusivo de ningún partido y así, en último Pleno, el Grupo Popular del Ayuntamiento de la capital proponía rescatar la figura del “sereno”. Puestos a ser imaginativos, y para que no se diga que no soy constructivo, se me antoja la idea de recuperar la Orden de Caballería, para deshacer entuertos, socorrer a la viudas y amparar a los débiles. Para todos, mis mejores deseos para el año que viene. Sean felices.






El pufo

Las Navidades no están siendo tranquilas en la antigua capital del Reino. El último Pleno del Ayuntamiento de León ha sido movido, sobre todo para los del PP, que se movieron a la calle cuando el Concejal de Hacienda les recordó que el crédito de 70 millones de euros era para tapar el pufo que había dejado la época Amilivia. La expresión es fuerte, pero tampoco como para ofenderse y abandonar el Pleno. Lo ofensivo, en su caso, puede ser la gestión que generó la deuda de más de 200 millones de euros, no que te lo recuerden.

Podríamos hablar extensamente de cuándo, dónde y por quién se gestó la deuda, y aquí todos podemos ser más o menos responsables. Aunque, como siempre, unos mucho más y otros bastante menos. Pero estamos en Navidades, y hay que lanzar un mensaje de optimismo, y desear paz en la Tierra a las gentes de buena voluntad, y aquí incluimos también a los políticos.

La financiación que llega (70 millones de euros) es una buena noticia, sobre todo para los proveedores que ven la posibilidad de cobrar sus deudas. Claro que, como es natural, la deuda se incrementa, porque todos los Bancos (incluso la Compañía de Empréstitos que dirige James Stewart en Qué Bello es Vivir) cobran intereses. Pero el Plan Económico Financiero del Ayuntamiento (el PEFA, no confundir con el pufo) permite liquidez en la Tesorería Municipal y transformar obligaciones ya vencidas en deuda a medio o largo plazo. Porque para una Administración el problema crucial no es cuánto debe sino cuándo lo tiene que pagar.

Quizás hablar de pufo, que según el Diccionario de la Real Academia es “deuda cuyo pago se elude de forma fraudulenta”, sea exagerado. Pero lo que dejó el anterior equipo municipal, utilizando también una expresión coloquial, es un buen barro, y Fernández Cardo, el Concejal de Hacienda, ha tenido –seguimos con giros populares- que comerse el marrón. Puede haber decisiones discutibles, y se echa de menos un cierto consenso para ejecutar políticas de ajuste financiero, pero no puede negarse el coraje político a la hora de afrontar el mayor problema que tiene la ciudad, que es la precaria situación económica del Ayuntamiento.

Pero no nos engañemos, por mucho que estemos en Navidades y sigamos creyendo en los Reyes Magos. Los 70 millones que vienen no servirán de nada si no se actúa seriamente y con rigor sobre las fuentes de gasto: exceso de plantilla, problemas en la gestión, proyectos faraónicos, servicios impropios que prestan los Ayuntamientos, etc. Debemos exigir eficacia y austeridad al equipo de gobierno, pero también coherencia y responsabilidad al Grupo Popular. Menos rasgarse las vestiduras y todos a tirar del carro, como nos ha recordado Su Majestad.


El retorno del Jedi

No sé yo cuál ha sido el acontecimiento más sorprendente del Congreso del PP. Personalmente me ha impactado esa chaqueta roja con la que el Secretario General, Eduardo Fernández, arengaba a la tropa que abarrotaba San Marcos. Pero ese llamativo atuendo tiene una explicación, según mi particular forma de ver la actualidad. Le sirve para identificarse, ante los demás, y probablemente ante sí mismo, como hombre de partido y no como Delegado Territorial. Digamos que es como el traje que utilizan los superhéroes, no sólo enmascara su identidad, sino que les ayuda a ponerse en su papel de salvador del planeta frente a los villanos.

Pero dejando aparte los apuntes sobre moda sport-casual la gran noticia del Congreso ha sido el retorno del Jedi, es decir, de Cecilio Vallejo. Lo de Jedi viene de los tiempos de la revisión del Plan General, cuando Cecilio Skywalker diseñaba con su puntero láser el León del futuro. Mucho han cambiado las cosas desde entonces. Entonces había escasez de suelo. Ahora sobran viviendas.

Al fin el PP se ha decidido a rescatar a su gran esperanza blanca, que regresa a la arena política, y parece que la Vicesecretaria de Comunicación es el primer paso para convertirse en el candidato a Alcalde. Es mi previsión, pero reconozco que las predicciones no son mi fuerte: siempre dije que el teléfono móvil era un artefacto demasiado pesado e incómodo para popularizarse. Pero en lo que muchos coincidimos, más allá de la ideología (que cada vez pesa menos en estas cuestiones), es que Cecilio Vallejo ha sido un gran gestor y uno de los mejores políticos que ha tenido la ciudad de León. Buen comunicador, brillante, culto, viajado y, sobre todo, con una visión de futuro y un formidable tirón electoral.

Era extraño que el PP decidiera prescindir alegremente de una de sus grandes bazas, pero los designios de la alta política siempre me han parecido inescrutables. Era, sirva la metáfora, como dejar a Messi en la grada, y esperar que entre Abidal y Pujol se dedicaran a construir esas pequeñas sociedades futbolísticas de las que nos habla Jorge Valdano.

Ahora bien, contar con Messi, o con Vallejo, no garantiza ni los títulos ni las victorias electorales. El año pasado el genial Leo marcó un gol de antología al Getafe, pero eso no impidió que el equipo madrileño remontara la eliminatoria en el Alfonso Pérez y nos apeara de la Copa del Rey. Y las dos últimas temporadas, con Messi y por mucho que nos pese a los blaugranas, la Liga se la llevó el Madrid. Así que el PP no debería dejarse llevar por la euforia o por la autocomplacencia. Aunque, barrunto, el PSOE local debe andar buscando su Van Nilstelroy en el mercado de invierno. Hay partido.

El valor de las cosas

Todos nos hemos sentido escandalizados a raíz de la jugosa entrevista que el otrora Alcalde de Marbella ha concedido a una cadena de televisión. Muchos se preguntan si es ético pagar 350.000 euros a un delincuente para que cuente cómo se encuentra. Ético no debe ser pero imagino que será muy rentable y la cadena cosechó más del 10 por ciento de la audiencia de esa noche. Matizando que la televisión, en el mundo de Internet, cada vez tiene menos importancia, no dejan de ser muchos millones de españoles contemplando boquiabiertos la brillante oratoria de ese sujeto. Que por otra parte no respondió, al parecer, a ninguna de las grandes cuestiones que me hago cada día. A saber: dónde está el dinero y si sigue con la Pantoja. Esta última incertidumbre es la que, ciertamente, me atormenta y no me deja dormir.

Y hay una tercera pregunta que se me ocurre y es cómo se le ocurre a unos empresarios de la comunicación pagar esa pasta a Muñoz, o los 50.000 euros que le atizaron a Luis Roldán, aquel personaje tan imaginativo que se inventaba títulos y que se dedicó a apropiarse del dinero de los contribuyentes en lugar de dirigir a la Benemérita, como era su deber.

Uno de los principios que parecían intocables en la sociedad de nuestros días era que las cosas valen lo que una persona esté dispuesto a pagar por ellas. El brutal estallido de la burbuja inmobiliaria, o los misterios que se ciernen sobre el verdadero valor de los novedosos productos que han provocado la crisis financiera, nos ha demostrado que ese dogma no era tan real. El mercado se comporta en ocasiones como un colegial inocente al que cualquier avispado puede timarle. La justicia es ciega pero el mercado, a veces, es un poco tonto, o por lo menos bastante incauto.

Pero no sólo se pagan barbaridades a delincuentes y famosos que se pasean por las televisiones desentrañando los misterios del Universo sino que hay muchísimas cosas que cuestan mucho más de lo que valen. Sin entrar en los salarios de futbolistas, actores y especies afines resulta absolutamente escandaloso que grandes directivos de nuestro país tengan retribuciones de varios millones de euros anuales. O que, se me ocurre, la sociedad Intermoney, que asesora a la Junta en el proceso de fusión-integración de las Cajas de Castilla y León, tengo una minuta de 1,5 millones de euros por su trabajo. Si a esta consultora le abonan esa millonada (con el dinero de todos) me pregunto cuánto debería haber cobrado Mozart por componer el Concierto nº 21, Mankiewicz por dirigir Eva al Desnudo o Vargas Llosa por escribir “La Tía Julia y el escribidor”, por poner unos ejemplos. No me respondan ahora, háganlo después de la publicidad.

Impuestos

Esta semana ETA volvía a sembrar el terror segando la vida de un empresario cuyo único delito era trabajar en una obra como la Alta Velocidad que es sinónimo de futuro y de progreso. Un futuro y un progreso que los terroristas, tan desalmados como ignorantes, ni comprenden ni permiten. En León nos sorprendía la noticia de la muerte del concejal del PP Manuel Álvarez, un buen hombre discreto, cercano y trabajador.

Pero hoy vamos a hablar de impuestos. Alguien dijo que tener prensa libre y pagar impuestos es lo que caracteriza a las sociedades democráticas. Y yo anoto que, en último término, la imposición de un tributo se justifica por la legitimidad del gasto. Es decir, en qué se gastan los políticos el dinero de los contribuyentes. El problema no es cuánto pagamos (sin pasarse, naturalmente) sino el para qué pagamos.

Y otra cuestión importante en estos temas tributarios es el “quiénes”. Algunos tenemos la convicción, o por lo menos la ligera sospecha, de que siempre pagamos los mismos. Me explico: cuando tienes una nómina, o facturas correctamente todas tus operaciones, cumples religiosamente tus obligaciones para con el Fisco, no sólo por una cuestión cívica sino porque no te queda otro remedio. Pero sigue existiendo el fraude fiscal, la economía sumergida y el dinero B no sólo se recoge en las bolsas de basura de Julián Muñoz.

Con los impuestos de las viviendas pasa lo mismo. Éste año ha estado de actualidad el IBI y sus brutales subidas en la City. No sé si es muy moderno eso de pagar por la propiedad que uno tiene, generalmente a medias con el Banco o Caja de turno, pero me temo que aquí tampoco pagamos todos, o por lo menos hay muchos que no pagan lo que debieran.

No cabe duda de que en las ciudades se controla para que todos aporten lo que según la norma les corresponda, pero en muchos pueblos, con pocos recursos, la cuestión es más difícil. Cuento un hecho real: en el año 2.007 el Ayuntamiento de Crémenes detectó que muchos inmuebles, que contribuían como solares o almacenes, eran en realidad viviendas construidas hace 10 años. Existía un caso ciertamente llamativo: un solar justo al lado del Ayuntamiento (que pagaba 10,41 euros de IBI) y que en realidad era una casa bastante maciza con siete chimeneas, habitada curiosamente por quien había sido el Secretario del Consistorio. Como se trata de un Ayuntamiento con pocos medios solicitaron una inspección por parte del Servicio de Recaudación de la Diputación Provincial, solicitud que sigue durmiendo el sueño de los justos en algún rincón olvidado del Palacio de los Guzmanes.

No sé si se trata de un caso aislado o es la punta del iceberg, pero, queridos Reyes Magos, que Hacienda seamos todos.


28 de noviembre de 2008

El Mago

Zapatero es un Mago. Era una posibilidad que ya barruntaba yo desde hace tiempo pero los últimos acontecimientos me lo han confirmado plenamente. Cuando mi hermano Freddie y yo éramos pequeños nos imaginábamos lo genial que sería poder sacar de un bolsillo mágico, siempre que hiciera falta, billetes de 500 pesetas, aquellos azules de Zuloaga tan bonitos. Sabíamos que era imposible, pero la capacidad de Zapatero para sacar miles de millones de euros de no sé donde me ha convencido de nuestro error. Lo que hacía falta era tener superpoderes, de los que carecíamos. Por eso mi hermano acabó de maestro y yo de abogado, y Zapatero está viviendo en La Moncloa.

Digo esto porque la noticia del día (dejando aparte las aventuras de Aguirre Indiana Jones) es el quinto Plan de Zapatero de reactivación económica. Los planes de Zapatero son básicamente los mismos: saca dinero gracias a sus poderes y se lo da a quienes mejor han demostrado que no saben utilizarlo. Primero a los Bancos y ahora a los Ayuntamientos. Es un misterio de dónde obtiene los fondos pero mayor enigma quién le aconseja el destino final de toda esa pasta. Será el lado oscuro de la fuerza. Son los inconvenientes, Presidente, de ser un Caballero Jedi.

Si me parecía grotesco prestar dinero a los Bancos regalarlo a los Ayuntamientos ya me resulta demencial. Es como poner a Hitler a vigilar una sinagoga. Dicen que es para crear empleo haciendo obras públicas, rehabilitando edificios y mejorando el transporte. Entonces ¿para qué servía el IBI?

En el caso de León imagino que se quedarán con los dineros, los gastarán en ese juguete llamado Palacio de Congresos (o Fernández Convention Center) y dirán que ellos ya han creado empleo, que tienen dos mil tíos en el Ayuntamiento y que si contratan más corren el riesgo de que se levante una revuelta popular. Y cuando termine la construcción del Palacio tendremos más parados que antes.

Yo debo ser muy torpe pero no lo entiendo. No comprendo cómo el Gobierno se dedica simplemente a repartir el dinero (que vendrá de la Deuda Pública o de los impuestos, y algo de la chistera de ZP) en lugar de tomar medidas de una cierta profundidad. Por ejemplo, me parece esencial rebajar la presión fiscal para incentivar el consumo interno, que ha sido uno de los motores de nuestra economía y vive sus horas más bajas. O reducir las cotizaciones sociales, un verdadero impuesto sobre el trabajo que supone un lastre para las contrataciones. Pero ZP sigue con sus ocurrencias. Igual es que no es Mago, sino escapista, como Houdini.

Última reflexión y les dejo tranquilos. Por lo visto hay 8.000 millones de euros para crear 200.000 empleos. ¿A cuánto nos sale cada puesto de trabajo?

Todos contra la crisis

Esta semana la Diputación Provincial de León convocaba a los agentes sociales para anunciar un “Pacto Provincial por el Empleo”, una iniciativa que, con la que está cayendo, merece sin duda una buena acogida. Es cierto también que el mundo rural, en el que la Diputación tiene que desempeñar un papel vertebrador, presenta unas problemática muy específica y padece no sólo la amenaza del desempleo sino también el fantasma de la despoblación. Pero me permito sugerir que existe un cierto desenfoque institucional, ya que –en teoría- las políticas de empleo deben ser diseñadas y ejecutadas por la Administración Central o por las Comunidades Autónomas. Que los Ayuntamientos y las Diputaciones se preocupen del empleo queda muy bien en la Prensa y no dudo de sus buenas intenciones e incluso las presumo. Pero como ciudadano tengo la percepción de que cada uno hace la guerra por su cuenta y hacen falta recetas contra la crisis.

Llevamos unos cuantos meses inmersos en esta crisis que empezó siendo una desaceleración y puede acabar siendo una hecatombe. Todos los días los datos nos ponen frente a la cruda realidad pero se echan en falta soluciones. Hasta ahora los únicos contentos son los Bancos, que han conseguido que el Estado, con el dinero de los contribuyentes, les presten dinero para –qué bonito queda- reforzar el sistema financiero. La situación es curiosa: todos dicen que son solventes pero agradecen ese bello gesto del Gobierno.

Pero sí escasean las propuestas también se echa un falta un poco de autocrítica. Porque está claro que nos hemos equivocado y nuestro modelo económico no era tan brillante. Al parecer la culpa de todo la tiene un negro desempleado que vivía en Alabama y al que un buen día concedieron un crédito que estaba claro que no podía pagar. Circula un video en Internet que lo explica de forma muy gráfica y cuya visión me permito recomendar (http://www.invertired.com/quimu/videos/25/34).

Lo primero que tenemos que cambiar es nuestra actitud y asumir que en los próximos años, vamos a vivir peor. Y hace falta un compromiso entre todos, lo que Roosvelt, en los negros años de la Gran Depresión, bautizó como el New Deal, que podría traducirse como “nuevo contrato”. Pero me da la sensación de que, en España, los políticos se preocupan más de llenar titulares que de buscar soluciones. Y que nos gastaremos una pasta en pagar a consultores para que nos expliquen lo que ya sabíamos, que estamos muy mal.
Aunque quizás la solución la tiene el Ayuntamiento de León, que ha organizado unos cursos de Pandereta, Gaita y Castañuelas, a 50 euros para los empadronados. Es decir, como en el Titanic, pero con instrumentos musicales autóctonos.



El basurazo

Después del IBI, cuyo “segundo plazo” nos acaba de recordar que el Ayuntamiento de León también existe (por el estado de nuestras calles y jardines nadie lo diría) nos ha caído el basurazo. Es decir, la tasa que Gersul, el Consorcio Provincial para la Gestión de los Residuos, ha incrementado de forma desproporcionada, sembrando la alarma entre la ciudadanía y –sobre todo- entre las empresas. Con subidas superiores al 400 por ciento y recibos de más de 2.000 euros, quienes iban a acabar en la basura, dispuestas para el reciclaje, eran las propias empresas.

Parece, no obstante, que puede imponerse la cordura y ayer mismo la Cámara de Comercio y la FELE arrancaban de Gersul la promesa de paralizar el cobro de los recibos de este año y estudiar el tema. No sé si la promesa se hará realidad y el comentario malicioso puede ser que los políticos sólo aciertan cuando rectifican.

En todo caso, la Administración ha demostrado en este caso una buena disposición y cierta sensibilidad conscientes de que, con la que está cayendo, penalizar la actividad económica con otro gravamen es lanzarnos al oscuro precipicio de la miseria más absoluta. Esta tasa es manifiestamente injusta, y lo es por varios motivos. El primero porque, a la hora de fijar la cuantía, tiene en cuenta la superficie, no el residuo que potencialmente puede generarse. Y lo segundo por los coeficientes que aplica, que multiplican, por ejemplo, el importe por 3,5 cuando se trata de una actividad industrial. Lo curioso, además, es que lo que grava la tasa son las basuras urbanas, y deja fuera los residuos industriales.

Ya sé que el que contamina paga, que reciclar cuesta dinero y que somos los más ecologistas del mundo. Pero así es difícil que nuestra industria pueda competir con otros países, que tienen costes laborales mucho más bajos y cuya preocupación por el medio ambiente es igual a cero. Jugamos al fútbol, pero los jugadores del equipo contrario pueden coger el balón con la mano y prescinden de la regla del fuera de juego. O hacemos una decidida política de apoyo a la industria o nuestra población activa se dividirá, más temprano que tarde, en tres partes: funcionarios, consultores y parados.

En la teoría clásica la izquierda subía los impuestos para redistribuir la riqueza, aunque muchas veces se redistribuía más a unos que a otros. La derecha tradicional, en cambio, quería bajar la presión fiscal porque sus votantes –se suponía- eran los “más pudientes”. Pero hoy cualquier partido que llega al poder sube los tributos por la sencilla razón de que necesita presupuesto y mantener (y engrosar), su maquinaría administrativa. El problema es cuando ya no queden contribuyentes para pagar.

El tiempo de Obama

La ilusión se ha hecho realidad y Barack Obama es el nuevo Presidente de los Estados Unidos. Hay muchas cosas que hemos aprendido estos días de los americanos, pero me gustaría resaltar dos cuestiones. En primer lugar, el alto grado de participación (más de un 66%, superando la histórica participación que llevó a Kennedy a la Casa Blanca), en un país en el que rara vez se acercaban a las urnas la mitad de los electores. Aunque hay cosas que no me explico todavía, y una de ellas es como, en la nación que inventó el PC y es la vanguardia de la innovación, uno tiene que esperar tres o cuatro horas para votar.

Pero lo que más me ha emocionado, y siento una sana envidia, es la generosidad de los candidatos, tanto de McCain como de Obama. No sólo reconociendo la valía del que fuera su rival en la arena política, sino ofreciendo una leal colaboración. Tenemos que aprender una lección en España: no hay que presumir la absoluta maldad del adversario, y es posible que yo esté equivocado.

Aunque me fastidia coincidir con Pepiño Blanco, yo también adoro a Obama. Me entusiasma su estilo, su poder de convicción, su visión de lo que tiene que ser un país. Y, sobre todo, su capacidad de movilizar una Nación, de conmover al mundo entero con un viento de ilusión y esperanza, sintetizado en ese lema electoral que es Yes, we can.

Ahora todo el mundo quiere apropiarse del mensaje de Obama, e incluso se nos quiere hacer creer que es una versión afroamericana de nuestro Zapatero. Existe una gran diferencia, en mi opinión. Obama habla a la gente de lo que le preocupa (las guerras, las hipotecas, el empleo, etc.). Zapatero nos quiere convencer a todos de que lo que le entusiasma a él es lo que nos debe interesar a los españoles, desde la Memoria Histórica hasta la Educación para la Ciudadanía.

Todos podemos aprender. El hermoso discurso de Obama, en el Grant Park de Chicago, se dirige a todos nosotros y expresa con claridad como debe actuar un político. Pasadas las elecciones, debe gobernar para todos, sin caer en la mezquindad o en el ventajismo. Obama lo ha expresado con bellas palabras, y no me resisto a transcribir este párrafo de su discurso: “a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré también vuestro Presidente”.

Espero y confío en que el Sueño de Obama se haga realidad. Espero, pero ya no confío tanto, que nuestros políticos, desde la Moncloa hasta nuestras celebridades locales, hayan aprendido algo. No quiero ser excesivamente optimista, pero no era tan feliz con las noticias de la TV desde que Mandela recobró la libertad.




La Caja Grande

Hoy tocaría hablar de Barack Obama, que el próximo martes 4 de noviembre y si se cumplen los pronósticos, puede convertirse en el primer presidente afroamericano en la historia de los Estados Unidos. No es el dato que me interesa destacar, sino la ilusión y la esperanza que el candidato demócrata ha sabido transmitir. El “sí podemos” de Obama nos permite presagiar que llegan vientos de cambio, para Estados Unidos y para el mundo entero. En su último mensaje a los americanos, en los que aseguraba que escucharía a los ciudadanos y abriría las puertas del Gobierno, quiero ver no sólo una declaración de intenciones, sino una nueva forma de entender la política. Y la mejor noticia es que Bush volverá a Tejas, de donde nunca debería haber salido.

La semana ha sido pródiga en acontecimientos por estos lares. El Congreso regional del PP se cerraba con una lectura clara: Herrera crea su equipo, coloca a su gente en los puestos clave del partido e incluso me aventuro a decir que prepara su sucesión. Y en las provincias ya veremos, pero ya no me espero grandes cambios. En León la incógnita es si, con los actuales dirigentes, el PP será capaz de mantener la Diputación o de reconquistar la Alcaldía de la capital. Pero nadie quiere responder a esa pregunta. Es lo que los americanos, volviendo a ellos, llaman tener un elefante en la habitación. Un problema demasiado evidente para ignorarlo pero a la vez demasiado incómodo para hablar de él, e intentar resolverlo.

Pero la noticia-bomba de la semana es la creación de la Super-Caja Castilla y León, ese acuerdo histórico para integrar las Cajas en un mando único. La cuestión me suscita varios comentarios. El primero, que me parece estupendo –pero sorprendente- que PP y PSOE se hayan puesto de acuerdo en algo. El segundo es que a mí, cuando una cosa es tan pionera, me mosquea. Esta iniciativa no se le había ocurrido a nadie, y en el mundo de las finanzas está todo inventado desde hace tiempo. Debemos ser muy listos. La integración -que no fusión- es, desde mi punto de vista, lo más parecido a la cuadratura del círculo que he visto. Según este acuerdo, por ejemplo, se unirán las carteras industriales, se integrarán los sistemas informáticos y se gestionará conjuntamente la captación de capitales o la política de riesgos. Pero permanecerán todas las Cajas, con su red de sucursales, sus empleados (y Consejos, claro), su Obra Social, etc.

No tengo muy claro si la fusión o integración es necesaria, conveniente, adecuada o imprescindible. Quizás habría que preguntárselo a los impositores, que no dejan de ser, en definitiva, los propietarios de las Cajas. Tenemos otro elefante, y algo tendremos que hacer con él.


Somos los mejores

Esta semana se ha celebrado en León, por si ustedes no se habían enterado lo comento, el II Encuentro Nacional de la Industria de Seguridad en España (ENISE) organizado por el INTECO. Por cierto, algún día habrá que hablar de los problemas de visibilidad del INTECO, que es como la Santa Compaña de la mitología gallega: todo el mundo percibe que existe pero nadie lo ha visto. Pero a lo que vamos. En ese foro, y ante 425 delegados de empresas de seguridad informática, el Secretario de Estado de Telecomunicaciones, que atiende por el nombre de Francisco Ros, arengaba a la tropa con estas palabras: “No hay ningún país que esté haciendo mejor las cosas que como las estamos haciendo nosotros”. Hablaba, por ejemplo, de que España tiene más de 24 millones de internautas o que el 98 por ciento de la población tiene acceso a la banda ancha. Yo debo tener mala suerte, porque cuando en el verano arribo a hermosa localidad Valdoré, en la ribera del Esla, e intento conectarme la respuesta es que la ADSL ni está ni se la espera.

Lo que me intriga del alegato de Ros es si él, realmente, se lo cree o lo dice porque forma parte de su trabajo, de la misma manera que los abogados llevamos toga. Es la misma estrategia que ha utilizado ZP, negando la crisis hasta que la cola del paro ha llegado a La Moncloa. En los años 80 los socialistas querían transformar la realidad, con todo aquello que decía Felipe González de “queremos que España funcione” y esas cosas. Ahora han optado directamente por contar la realidad a su manera. El problema es que cualquier parecido entre la realidad que cuentan y la realidad real es pura coincidencia.

Para el Ayuntamiento de León tampoco existe la crisis, y nos vamos a gastar 70 millones de euros, como mínimo, en el Palacio de Congresos. El proyecto es muy bonito y muy cosmopolita, pero –seamos serios- no nos podemos permitir ese “edificio bioclimático”, como lo llama Perrault (el arquitecto, no el de los cuentos). Mientras, la ciudad está abandonada y maltrecha y los proveedores han abandonado toda esperanza de que el Ayuntamiento les pague. También vamos a hacer un tranvía, que costará otros 70 millones de euros, pero los va a pagar la adjudicataria. Esto no me lo creo, pero es que el otoño me vuelve escéptico. En lo que sí coincido con el Concejal de Urbanismo, ese sublime diseñador de la urbe del futuro, es que el tranvía marcará un antes y un después en León. Antes había una ciudad –o algo que se le parecía- y luego sólo quedarán deudas.
Lo que no acierto a comprender es porque no se deciden a hacer el Bernesga navegable, reivindicación secular de los leoneses. La verdad es que somos los mejores. Y más chulos que nadie.

Garzón cabalga de nuevo

Hace un mes ya había hablado en esta misma columna de Garzón y afirmo solemnemente que no me gusta repetirme, pero esta luminaria de la Magistratura, merced a sus dislates, parece que se ofrece. La semana ha sido pródiga en acontecimientos, entre los nubarrones económicos y el “coñazo” de Rajoy, pasando por asuntos más domésticos, como el incierto futuro de nuestra navegación aérea o la historia interminable de la fusión de las Cajas. Pero Garzón vuelve a sorprendernos a todos, que ya no sabemos si escandalizarnos o reírnos a mandíbula batiente.

La noticia que abría ayer este diario era ciertamente surrealista, cuando nos contaba que Garzón daba diez días al Registro Civil para que certificara si Franco había muerto. Lo surrealista realmente no era la noticia, sino el Auto, y parece que Garzón vive en un mundo paralelo, donde sólo habitan él y su vanidad porque no queda sitio para nada más.

La Guerra Civil, y la represión franquista que siguió a la sublevación, es uno de los episodios más dramáticos de nuestra Historia. Ya dije que me parece digno de respeto que las familias quieran saber dónde están enterrados sus muertos y que la sociedad española de nuestros días no puede hacer como si aquello nunca hubiera existido. Pero convertir una tragedia en un procedimiento judicial pilotado por un Magistrado deseoso de encontrar su lugar en la Historia me parece, por decirlo suavemente, un disparate. Y mientras, como reseñaba certeramente Santiago González en estas páginas, más de dos millones de casos tienen al borde del colapso a la justicia española, incluyendo algunos sumarios instruidos por este moderno Guerrero del Antifaz.

Donde Garzón ya rebasa los límites de lo tolerable y entra directamente en el delirio es cuando se permite extender una sombra de sospecha sobre todas las instituciones de la democracia, afirmando que “el silencio otorgado hasta la fecha no sólo ha otorgado de facto la extinción de la responsabilidad penal sino la impunidad”. Ciertamente uno no sabe si lee un Auto o una tesis, con notas a pie de página en las que el Juez incluso llega a citar una obra llamada “Cuento de Navidad. Es posible un mundo diferente”, de un tal Baltasar Garzón. Lo que lamento es no tener más datos sobre esta referencia clave de la literatura contemporánea.

Rajoy fue traicionado por los micrófonos cuando confesaba su opinión sobre el acto del doce de octubre. A mí, personalmente, me encantan los desfiles y “se me pone la gallina de piel”, que diría Cruyff, cada vez que escucho “La Muerte no es el Final”. Pero el que me parece un “coñazo” es Garzón. Un “coñazo” que, por cierto y esto es lo grave, pagamos todos los contribuyentes.



Zapatero al rescate

La semana que se cierra ha sido agitada en León, marcada por la crisis de Lagun Air, crisis que ha motivado un duro enfrentamiento político en el que, a fecha de hoy, quizás sea prematuro hablar de vencedores y vencidos. No obstante no comparto la estrategia del Alcalde de León, intentando convencer a la ciudadanía de que el problema es el odio africano que sienten hacia León las altas instancias de la Junta. Y no cabe duda de que Antonio Silván, a pesar de los malintencionados comentarios que se oyen, ha demostrado una vez más que es un excelente gestor. No lo comento porque sea de León ya que, como suele decirse, gato negro o gato blanco, lo que importa es que cace ratones.

Quizás sea pronto para analizar serenamente la cuestión y las consecuencias que se deriven, tanto respecto del futuro del Aeropuerto de León como del destino de los 150 trabajadores de la aerolínea. Hay algunas preguntas que deberían plantearse en el debate, y la principal es si los vuelos deben considerarse como un servicio público, financiado por los contribuyentes, o un negocio privado, y si puede ser rentable una aerolínea regional sin el apoyo de las Administraciones. La pregunta del millón es: Sr. Contribuyente, ¿considera usted oportuno que con sus impuestos sufraguemos una parte del precio del pasaje? Lo cierto es que los ciudadanos ya pagamos una porción del precio del billete de autobús, de las nóminas de los jugadores de la Cultural o del caché de los músicos que pasan por el Auditorio. Aquí reside la labor del político, y su responsabilidad, gestionar recursos escasos para atender necesidades múltiples. No vuelvo con el tema de las prioridades porque acabo siendo pesado.

Siguiendo con los números, entre el pánico que se adueña de las Bolsas y los negros augurios del FMI, Zapatero acude al rescate de la economía con su famoso Plan. Por una parte eleva a 100.000 euros la garantía de los depósitos y, por otra, destinará 30.000 o 50.000 millones de euros (total, da lo mismo) para adquirir activos “no tóxicos” y garantizar la financiación de empresas y ciudadanos. Ha dicho Solbes, además, que el Plan tendrá “coste cero” para los contribuyentes. Estoy desconcertado, a no ser que ZP haya leído esta semana a Harry Potter y vaya a crear el Ministerio de Magia.

Como quiero ser constructivo voy a echar una mano a nuestro Presidente. Le doy los datos de mi cuenta y le garantizo personalmente que la financiación llegará a mi familia. No sea que algún Banco diga que tiene que provisionar, se quede con la pasta y además me cargue una comisión. Por último, a mí, la verdad, me afecta bastante poco que me garanticen mis depósitos hasta 20.000 o hasta 100.000 euros.

Houston, tenemos un problema

Ayer viernes este diario nos regalaba un titular ciertamente demoledor: “El paro se tambalea en la Comunidad y deja en León 1.103 parados más”. Y los datos, a poco que uno repara en ellos, son todavía más demoledores: 95.000 parados más en España en el mes de septiembre, 6.000 más en la Comunidad. Se encoge el ánimo cuando uno piensa que, desde hace un año, cada día 1.600 personas engrosan las listas del paro en España. Y cada persona no es el frío número de una estadística, sino una familia, una historia, una hipoteca, un futuro ensombrecido por la lacra del desempleo.

Indudablemente, y como decían los del Apolo 13, “Houston, tenemos un problema”, un grave problema que es el desempleo. Y, en mi opinión, una causa directa, y es nuestra manifiesta debilidad industrial. Cuando yo era joven España era la décima potencia industrial y ahora hasta los tricornios de la Benemérita se fabrican en China.

Un avezado observador de la realidad leonesa me apuntaba sagazmente hace unos días que esta crisis durará mucho más de lo que algunos piensan, y que empezaremos a ver la luz cuando desarrollemos otro modelo económico. Hemos basado nuestro crecimiento en la construcción y en los servicios, y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria –y las turbulencias financieras- - han derrumbado el castillo de naipes en el que tan plácidamente vivíamos. Hasta que otro sector no tome el relevo se aproximan años difíciles y no sé hasta qué punto todos nuestros líderes son conscientes de la situación.

En Castilla y León, el Consejero Villanueva se reunía hace una semana con los Gerentes Provinciales del ECYL para impulsar un paquete de trece medidas extraordinarias en materia de empleo y formación. Sí parece que desde la Junta se ha tomado como una prioridad de primer orden (valga la redundancia) el tema del empleo, pero lo cierto es que su margen de maniobra es bastante limitado. Y esto porque muchos de los problemas derivan de la propia estructura de un mercado de trabajo, excesivamente rígido, donde sólo tiene competencias el Gobierno de España.

Deberíamos haber aprovechado los años de “vacas gordas”, como hizo José según nos cuenta el Antiguo Testamento, para llenar los graneros y ejecutar las necesarias reformas. Por ejemplo, haber utilizado la época de bonanza económica para reducir las cotizaciones sociales que soportan las empresas, un auténtico impuesto sobre el trabajo que supone un freno para la contratación de nuevos trabajadores. Una medida que ahora, con la que está cayendo y las largas colas en los Servicios Públicos de Empleo, se me antoja inviable.

Tenemos un serio problema, que es el paro. Y necesitamos más fábricas y menos pedagogía.

El otoño de los Congresos

El otoño ha llegado y parece que va a estar dominado por la Economía. Todavía no está claro si debemos hablar de crisis, de recesión o de eso que llaman turbulencias financieras. Pero hoy no toca hablar de Economía sino de política, y el curso que empieza se presume apasionante y se avecina un otoño lleno de Congresos. Una pena que el Palacio de la Azucarera –el Fernández Convention Center- no termine de arrancar, porque podíamos captar algún cliente aprovechando la coyuntura. Como diría Serrat llegamos siempre tarde donde nunca pasa nada.

La carrera la ha iniciado el PSOE de Castilla y León, que abre una nueva etapa bajo la dirección de Oscar López, pero quedan tres por lo menos. Dos se presumen pacíficos, el del PP regional, que coronará de nuevo a Herrera como Presidente del Partido, y el provincial del PSOE, con Pacofer postulándose como jefe supremo. El tercero, el del PP de León, sí presenta, a priori, un escenario más disputado, o al menos por ello suspiran muchos afiliados y votantes del partido. Quizás al final sea otro Congreso a la búlgara, pero coincidirán conmigo en que el PP se juega en ese Congreso su futuro político en la provincia. La UPL no sé si hará Congreso o simplemente organizará una partida de bolos (leoneses, of course) de solteros contra casados.

Se observa que la elección de Oscar López como Secretario regional ha desatado la euforia en las filas socialistas, que vislumbran la posibilidad de disputarle al PP uno de sus grandes bastiones electorales. Ciertamente, Ángel Villalba daba un aire triste y un poco anacoreta al partido, aquejado de una genética predisposición a cosechar derrota tras derrota. Y más cierto es que Herrera se ha convertido –poco a poco y sin grandes alharacas- en un líder solvente, que une a su capacidad de gestión unas grandes dotes de comunicador. Herrera sabe hacia donde debe caminar Castilla y León, y cuáles son las prioridades, y ese mensaje conecta con el electorado. O sea, que López lo tiene difícil, pero no le falta ilusión y empuje. Y hay dos incógnitas en el horizonte: cuánto tiempo estará Herrera y quien tomará su testigo.

La nueva ejecutiva regional del PSOE me suscita dos comentarios maliciosos. El primero es qué sentido tiene una Ejecutiva con 37 personas, sobre todo si se quiere ser medianamente ejecutivo. Y el segundo es el escaso peso político que León tiene en el seno de la misma. En lugar de esa tontería de la birregionalidad nos hubiera ido mejor tener una Vicesecretaría con mando en plaza, porque ese cuento de que Amparo Valcarce se erige como número dos del Partido no se lo cree nadie. Entre otras cosas porque es Secretaria de Estado y trabaja en Madrid.