15 de junio de 2009

MAFO

Estaba yo tentado de dedicar esta columna al gran acontecimiento de masas que es la fiesta de Villalar, donde las gentes de Castilla y León buscan su sentimiento regional celebrando una derrota. Pero a mi edad uno empieza a preocuparse de cuestiones más acuciantes. Así, estoy alarmado por el futuro de las pensiones, a raíz de las declaraciones del Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO para los iniciados). Es más, desde que el Ministro de Trabajo ha dicho que el sistema está garantizado mi inquietud va en aumento y ya tengo problemas para conciliar el sueño.

Comienzo declarando mi rendida admiración por el Gobernador, un tipo tan famoso que le conocen por sus siglas, como al BBVA o a la CIA. Con el tiempo, cuando me consolide como columnista de referencia, también quiero ser conocido por mis iniciales. Mi acrónimo podría ser JESG.

Y sigo preocupado porque me temo que MAFO tiene razón. Hasta ahora todo parecía ir bien y la Seguridad Social ingresaba cada año más de lo que gastaba. Así se ha ido generando un Fondo de Reserva que alcanza al 5 por ciento del PIB. Pero el deterioro económico (los últimos datos del paro, superando los cuatro millones, son dramáticos) provoca que el superávit pueda tener los días contados. Lógicamente quedará el Fondo (salvo que se contamine con algún activo tóxico) y no hay inconveniente teórico en pagar pensiones con impuestos, como se hace con la Sanidad.
El problema de fondo, apuntamos MAFO y JESG, es que el sistema no se sostiene a medio plazo por dos fenómenos: la caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida. Un dato es revelador: la tasa de dependencia (población mayor de 65 años sobre población en edad de trabajar) es ahora del 24 por ciento. En 2.050, si todo sigue así, llegará al 59 por ciento. Como la longevidad entendemos que es algo positivo habrá que actuar en el otro frente, favoreciendo la natalidad. Ya sé que son malos tiempos para traer niños al mundo, pero algo habrá que hacer. Porque hasta la fecha yo la única política de apoyo a la familia de la que tengo noticia es la que procede de mis suegros.
Aunque no sé si a este Gobierno le interesa la natalidad: entre Zapatero y sus 17 ministros suman, creo, 21 hijos. Yo que ellos estaría preocupado.

Los adivinos de la bombilla

Hace tiempo leía yo que el Consejo de Administración de Iberdrola (quince “Elegidos para la gloria”, creo que son) se había embolsado en el año 2.008 unos 11 millones de euros, de los que más de 6 correspondían a su Presidente y Consejero Delegado. Barruntaba yo que unos tipos que ganan esos dineros eran los inventores de la bombilla o de algún avance semejante. Pero mi hija Julia me corrigió amablemente y me indicó que ese tanto hay que apuntarlo a Thomas Alva Edison, que perfeccionó y patentó el invento. Por cierto, a Edison le expulsaron de la escuela por el poco interés que ponía, un dato que dice muy poco a favor del sistema educativo de la época y bastante a favor de su madre, que fue quien se dedicó a enseñarle.

Pero este mes he descubierto la razón de esa generosa retribución, y es que los Consejeros de Iberdrola tienen superpoderes, y son adivinos. Me explico: en los tres primeros meses del año mis recibos se situaban entre 50 y 60 euros. Pero este mes me llega una receta de 202,66 euros. Al parecer ellos no se fijan en el contador sino que hacen una estimación de consumo. Es decir, ven el futuro, y saben que en abril en mi casa cocinaremos a todo trapo, pondremos seis lavadoras al día y las luces estarán siempre encendidas, diga lo que diga el Ministro Sebastián. No entiendo el sistema, es como si el Corte Inglés, a principios de mes, me comunica amablemente que presiente en mí un apetito consumista voraz, y me factura una pasta por anticipado.

Tras un intercambio de amables correos me dicen que no me preocupe, que mire el contador, les diga el dato y que espere a la próxima factura para comprobar que se realiza la regularización correspondiente. Conclusión: les presto dinero, y sin intereses. Para que luego digan que se ha cerrado el grifo crediticio. De eso nada, lo que han cambiado son los agentes del mercado financiero. Antes eran los Bancos, pero cómo no han sabido comportarse y se han atiborrado de activos tóxicos, los ciudadanos tomamos el relevo. Estamos reinventando el capitalismo.
Por cierto, la noticia comentaba que este año Iberdrola congela las retribuciones del Consejo. Dicen que es por prudencia pero la realidad es que les tengo pillados. Seré un banquero tan insaciable como riguroso.

Vértigo

Pedro J. en su video-blog comentaba que el retorno de Manuel Chaves a la política nacional era como regresar al Pleistoceno. A mí, no obstante, me recuerda a Vértigo, la película de Hitchcock, con Kim Novak resucitando de entre los muertos. Otra cosa es que yo hubiera puesto antes de Vicepresidente a Kim Novak que a Chaves, porque –con independencia de mi notoria debilidad por las rubias- no alcanzo a comprender qué puede aportar el eterno político andaluz al gobierno de España. Salvo que ZP busque acceder así a un secreto que es como el Santo Grial de los políticos: cómo permanecer más de 25 años encaramado al coche oficial, y hacerlo además con tanta naturalidad y desparpajo como actúa la ley de la gravedad.

El reajuste ministerial propiciado por Zapatero ha sido recibido con poco entusiasmo. Sin embargo creo que –fuera de la ocurrencia-fichaje de Chaves- los cambios no deberían recibir una crítica severa o, cuando menos, habría que dar un voto de confianza a los nombrados. Vayamos por partes, como decía Jack el Destripador.

Los nuevos ministros de Educación y Cultura, Gabilondo y González-Sinde acumulan, por lo menos, un amplio y directo conocimiento de las áreas que van a gestionar. En el caso de Blanco y Trinidad Jiménez creo que Zapatero acierta porque lo fundamental, en carteras como Fomento y Sanidad y Política Social, es el peso político del Ministro. La ecuación es clara: más peso político, más presupuesto.
Y, aunque mi opinión puede ser minoritaria, me parece buena elección Elena Salgado para sustituir a Solbes el Triste. No creo que sea tan decisivo ni el prestigio ni los conocimientos. Sí me parece importante la experiencia pero, sobre todo, tener las ideas claras y la voluntad necesaria para imponerlas. Y estas cualidades sí las reúne Elena Salgado, como demostró con su Ley contra el Tabaco. Incluso, siendo políticamente incorrecto –o no- creo que es necesario que el Ministerio de Economía esté en manos de una mujer. Y es que los tíos somos unos manirrotos, nos emocionamos y lo mismo invitamos a toda la barra que nos gastamos unos millones de euros en publicidad institucional que sirve para bien poco. Las mujeres –percibo- son más rigurosas, están más cerca de los problemas reales y tienen más claras las prioridades.

No llores por mí, Argentina

Anoche tuve una visión. Paseaba yo por la City hacia la Calle Ancha y, a la altura de Botines, me sorprendía una enorme concentración de masas. Manejaba dos opciones, una manifa contra la cumbre del G-20 o una aglomeración de impositores de Caja España que acudían en tropel a retirar sus ahorros, a pesar de las tranquilizadoras declaraciones del Presidente de la Caja Grande, o precisamente por ellas.

Pero cuán errado estaba. Observé que la multitud dirigía su fervorosa miraba al Palacio de los Guzmanes de cuyo balcón emergía la Presidenta de la Diputación y, como Evita, entonaba un sentido “No llores por mí, León”. Pero eso no era lo más sorprendente. La cafetería Victoria se había convertido en un Asador Argentino y en la Plaza de San Marcelo unos diputados provinciales se marcaban un tango. Cuando me maravillaba de los requiebros de Lázaro García Bayón la visión se desvaneció en la bruma.

Esta extraña explicación es la única que tengo para el viaje de la Presidenta y su séquito (he contado tres o cuatro diputados provinciales de turismo a costa del erario público) a las tierras australes. Yo pensaba que el trabajo de la Diputación era mejorar las condiciones aquí para que no tuviéramos que emigrar allá y lo del programa Añoranza me suena a reallity de Isabel Gemio, pero me equivocaba.

También anda por aquellos lares el Consejero Mañueco, reclamando la nacionalidad española para los nietos de todos los emigrantes. No sé por qué se queda ahí, también podía pedir que se la concedieran a los primos lejanos, a algún cuñado o a ese amor de verano que tuvo el emigrante recordando lo bonita que es la Montaña de León cuando se presiente la primavera. Como soy un malvado recordé que estos viajes sentimentales los inventó Fraga en su época de gran jefe indio de la Xunta. Decía que iría al infierno si hubiera allí algún gallego. O dijo algún votante gallego, no recuerdo.
Me temo que a este paso, en breve, habrá más españoles fuera que dentro de España. Sería curioso, y kafkiano, que los que decidieran quiénes y cómo se gastan nuestros impuestos fueran unos paisanos que viven en el extranjero y no pagan a la Agencia Tributaria. Les pasaba yo a los emigrantes el recibo de Gersul y ya veríamos cuánto les duraba la añoranza.

Kosovo

Como la realidad local hoy se me queda pequeña llevaré mi aguda mirada allende nuestras fronteras, convertido en improvisado analista de política exterior. El anuncio de la ministra Chacón de que nuestras tropas se retiran de Kosovo ha creado una marejada que sinceramente considero excesiva. Todo el mundo estaba de acuerdo en abandonar Kosovo, una provincia de Serbia cuya independencia la mayoría de los países europeos no hemos reconocido, y el error ha sido querer dar un golpe publicitario (“misión cumplida, chicos, nos vamos a casa”) en lugar de comunicar previamente la decisión a nuestros aliados, como hubiera sido lo correcto.

La situación me ha hecho recordar “Black Hawk derribado”, la magnífica película dirigida por Ridley Scott y producida por Jerry Bruckheimer, artífice –entre otras- de la serie CSI. La película nos sitúa en Somalia en 1993 durante la misión de la ONU que tenía como objeto asegurar la distribución de la ayuda humanitaria. En la operación para capturar a uno de los señores de la guerra uno de los helicópteros de los Rangers es derribado y las calles de Mogadiscio se convierten en un infierno para los soldados americanos

La cinta nos puede servir para debatir en torno al fundamento moral y a los límites de la “ingerencia humanitaria”. ¿Por qué se mandan tropas a unos lugares del mundo y a otros no? ¿Por qué la comunidad internacional se implica en los Balcanes pero no en Dafur? ¿Sólo nos importa el petróleo y eso que llaman el equilibrio geoestratégico? Las preguntas son múltiples y las respuestas difíciles: ¿tenemos la decisión y los medios para solucionar todos los problemas? ¿Estamos dispuestos a sacrificar las vidas de nuestros soldados para evitar un genocidio en el Tercer Mundo?

Pero Ridley Scott, más allá de la riqueza visual de la película, quiere insistir en una cuestión moral, en el sentimiento de solidaridad entre compañeros, en la idea de que nadie quede atrás, resumida en la frase “los Rangers no abandonamos a nadie”. Pueden existir razones políticas de peso para la retirada de Kosovo, pero se extiende la percepción de que somos un aliado poco fiable, que sale corriendo con tal de conseguir un titular en horario de máxima audiencia.

En política, no todo es marketing, aunque a veces lo parezca.

Salarios

El suplemento de economía de este nuestro diario publicaba el pasado fin de semana la noticia de que Fernández Bermejo se embolsaba al mes unos 11.000 euros, aproximadamente una mitad como ex-ministro y la otra como diputado. La cuestión no es nueva porque, al parecer, una Ley que data del año 1.980 permite que los ministros y otros altos cargos cobren el 80 por ciento de su salario en los dos años siguientes a su cese.

Sorprenden varias cosas. La primera que los políticos del alto rango puedan cobrar simultáneamente varios sueldos del erario público, cosa no permitida al común de los mortales. La segunda que lo cobren independientemente de que se vayan por voluntad propia, porque han perdido unas elecciones o porque su gestión ha sido un desastre. Ya estoy diseñando una estrategia, si acaso el azar me lleva a ocupar una cartera ministerial: lo voy a hacer tan mal para que me larguen a los quince días y me pase dos años cobrando una pasta de los contribuyentes mientras visiono los partidos de la Champions. Quizás los ministros deberían pasar un período de prueba, como en cualquier trabajo.

Y sorprende, sobre todo, la escasa sensibilidad de nuestros políticos, incapaces de imponerse medidas de austeridad a ellos mismos, necesarias en estos tiempos de hierro que nos toca vivir. Leía también que la Junta de Castilla y León dispone de 100 coches oficiales para sus altos cargos. Eso sí, marca Renault, que hay que promocionar la industria de la región. Me dirán que lo de los coches oficiales, los altos sueldos y otras prebendas es el chocolate del loro -expresión cuyo significado desconozco- pero me atrevo a proponer un experimento: con un expediente de regulación de empleo que recorte unos 100 diputados nos podemos ahorrar, como poco, medio millón de euros al mes, y todo seguiría funcionando igual. En el Senado también implantaría medidas de “flexibilización” pero antes tendría que descubrir para qué sirve, no sea que tenga alguna función oculta de trascendencia cósmica que me ha pasado desapercibida hasta el momento.

Muchos se escandalizarán diciendo que frivolizo con el Parlamento, piedra angular de nuestra democracia. Pero como soy un pringao que ni gano 11.000 euros al mes ni me he podido ir de puente se me ha agriado el carácter.

El sueño de Alejandro

Esta semana se ha acercado a León Su Majestad la Reina Sofía para asistir a la puesta de largo del Instituto Bíblico y Oriental de León (IBO). El Instituto comenzó sus actividades en el año 2.003, está dirigido por uno de esos sabios discretos que existen en el mundo –Jesús García Recio- y es una brillante realidad gracias a la colaboración de Caja España y –sobre todo- al mecenazgo del empresario leonés David Álvarez. Conviene apuntar que la grandeza de un empresario no está en lo que crea, sino –antes que nada- en lo aporta y ofrece a la sociedad.

El Centro reúne un valioso fondo arqueológico y documental y aspira a ser una referencia mundial en los estudios sobre la Biblia y las antiguas civilizaciones. Nos podemos sentir afortunados porque este viaje hacia el pasado se haga desde León. Y quizás el Museo sirva para hacernos a todos un poco más sabios o, por lo menos, algo más prudentes y reflexivos.

El Instituto abre esta nueva etapa con una exposición sobre Alejandro Magno, posible gracias a la generosa aportación de Francisco Antonovich. La figura de Alejandro es, en mi opinión, una de las más atractivas de todos los tiempos. No por sus conquistas militares sino por el proyecto de mundo que le impulsaba. Un Imperio en el que Oriente y Occidente pudieran convivir bajo una cultura en la que se fusionara de forma armónica lo mejor de los dos mundos. Pero el sueño de Alejandro fue efímero y no sobrevivió a su creador.

Una de las historias que se cuentan sobre Alejandro Magno es la del nudo gordiano. Al parecer un tal Gordias había hecho un nudo que nadie podía deshacer. La profecía aseguraba que quien desatara el nudo podría conquistar Oriente. Alejandro se enfrentó al reto y solucionó el problema cortando el nudo con su espada. Algunos piensan que simplemente recurrió a la fuerza en lugar de emplear el ingenio. Pero la enseñanza que obtengo es otra muy distinta: hay situaciones que sólo se pueden arreglar de una forma tajante, cortando por lo sano, como hizo el gran Alejandro.

Yo veo un nudo gordiano en nuestro modelo económico, asfixiado por la ineficiencia del sistema financiero y lastrado por el insufrible peso del ladrillo. Quizás Alejandro, desde el IBO y a través de los siglos, nos esté enviando un mensaje.

El encuentro

Como a nadie se le escapa el Encuentro más famoso de León es ese hermoso espectáculo que tiene lugar en la Plaza Mayor el día de Viernes Santo y que se ha convertido en una seña de identidad de nuestra Semana Santa. Pero estos días el encuentro que ha hecho correr ríos de tinta ha sido el de los primeros espadas de la política leonesa, Isabel Carrasco y Francisco Fernández. Una reunión que se había desarrollado, al parecer, bajo el signo de la concordia, pero que ha desembocado en la polémica tras acusar la Presidenta al Alcalde de alta traición (o lesa majestad) por invadir las competencias que la Diputación tiene sobre el Turismo. Realmente, parecía la típica bronca que una “seño” iracunda echa a un alumno por no hacer los deberes, pero debe ser eso del carácter.


Lo de las competencias ciertamente es un asunto complicado, y tiene mucho que ver con parcelas de poder y con caladeros de votos. Sin ir más lejos, la reunión entre Carrasco y Fernández trataba de la crisis, y allí hablaron –entre otros asuntos- de la minería y de la Universidad, donde ninguno de los dos tiene competencias. Queda muy bonito eso de agrupar esfuerzos ante las situaciones difíciles pero pienso que las Corporaciones Locales tienen que dedicarse a lo suyo, mismamente a ordenar el tráfico o a arreglar carreteras. Y, sobre todo, a no estorbar, a facilitar la vida a los ciudadanos y a las empresas. Un ejemplo reciente: con el basurazo lo único que podemos conseguir es que las empresas –si llegan- se instalen en Burgos, donde les gestionan los residuos por mucho menos dinero. Pero los políticos, percibo, parecen dominados por dos impulsos: el primero, su ansiedad por pasar a la historia. El segundo, su creencia de que pueden con todo.

Volviendo al Encuentro (al de Semana Santa) voy a comentar un dato que me ha sorprendido. En Wikipedia, que por muchas inexactitudes que contenga no deja de ser una referencia fundamental en el ciberespacio, si buscas Procesión de Los Pasos no sale nada. Y en las Procesiones del día de Viernes Santo salen más de 20 ciudades, pero ninguna de León. Ciertamente, siempre hay algo que hacer en esto del Turismo y los monopolios desaparecieron con la Campsa, aunque quizás al Palacio de los Guzmanes no haya llegado la buena nueva.

¿Hay alguien ahí?

El pasado sábado, en este mismo espacio, invitaba al entonces Ministro Bermejo a reflexionar sobre la situación. A los dos días, Bermejo anunciaba su dimisión en un gesto que nos dejaba a todos un tanto sorprendidos. Como es natural, mi primer pensamiento fue para percatarme de la decisiva incidencia que mis escritos tienen en el devenir político, de mi impresionante capacidad mediática y del liderazgo moral que desde estas páginas ejerzo con rectitud y templanza.

Pero esa estúpida creencia me duró, como también es natural, apenas dos segundos. En realidad Bermejo dimite porque el Presidente se lo exige o porque, en un rasgo de lucidez, se da cuenta que no es la persona idónea. Pero ningún político dimite, ni tan siquiera cambia de actitud, por lo que pudieran proclamar al unísono un millón de columnistas. Esa leyenda urbana del poder de influencia de la opinión publicada no deja de ser una patraña.
Eduardo Aguirre, en ese magnífico libro que es “Columnas sin pedestal –una imprescindible hoja de ruta para quien se inicia o se adentra en este oficio- describe con fino humor el pánico que se apodera del columnista cuando, en medio de la noche, se despierta dudando si ha escrito Schopenhauer con dos haches o sólo con una. Y los terrores le invaden cuando ya nada tiene remedio porque la columna navega como el Titanic hacia el lector inmisercorde.
Probablemente al lector le importa muy poco si hemos escrito bien Schopenhauer pero el columnista establece un diálogo privado con un lector invisible al que no quiere defraudar. Porque no solo escribimos para nosotros mismos, por vanidad o porque nos intentamos demostrar a nosotros mismos que somos más brillantes y ocurrentes cada día, ni mucho menos para influir en los acontecimientos. Escribimos porque nos gustaría despertar en el lector (al que presentimos como implacable) una pequeña reflexión, un breve comentario, una coincidencia con nuestra postura o una crítica mordaz y despiadada. Poco importa si nuestra opinión es la correcta porque la mayor satisfacción del escribidor es encontrarse con alguien y que le diga que le sigue todas las semanas.
Me asaltan dos preguntas. La primera es si he escrito bien Schopenhauer. La segunda si hay alguien ahí, al otro lado de la columna.

Jueces en huelga

El pasado miércoles tenía lugar en España la primera huelga de jueces, un hecho histórico que ha vuelto a poner de manifiesto los graves problemas que tiene la Justicia en España y que, de nuevo, coloca al Ministro Bemejo en el punto de mira (el chiste no es nada original pero no he podido resistirme).

Lo que está bastante claro es que a la Justicia española le hacen falta medios y ésta es la clave de la protesta. Leía estos días que en España hay 10 jueces por cada 100.000 habitantes, mientras que la media europea se sitúa en unos 19 y, en países como Alemania, se llega a 26. Y eso que los alemanes, o esa percepción tengo, cumplen más escrupulosamente los contratos y son más formales que nosotros. Por eso algunas reivindicaciones planteadas, como el incremento del número de jueces o un razonable reparto de la carga de trabajo, parecen lógicas Me ha sorprendido conocer que las aplicaciones informáticas que utilizan los Juzgados de distintas Comunidades Autónomas son incompatibles entre sí. Este es uno de los efectos perversos del Estado de las Autonomías, que cada una acaba teniendo su propio sistema operativo, y así nos va.

En el fondo tengo la convicción que en España, desde hace tiempo, no nos tomamos en serio los grandes deberes que tiene el Estado (Educación, Sanidad y Justicia). Entre otras cosas porque, entre lo que manda Europa y lo que ocupan las Comunidades Autónomas, cada vez queda menos Estado.

Yo no creo que Bermejo tenga que dimitir por irse de caza con Garzón. Al fin y al cabo cada uno elige sus aficiones, y sus amigos, como tiene por conveniente. Suscribo, además, la aguda frase de Rubalcaba de que es peor dedicarse a cazar comisiones. Pero el Ministro debería percatarse de que, con su actitud, no es improbable que le acabe saliendo el tiro por la culata (otro chiste cinegético, eh). Se impone un cambio de enfoque, y una mejor disposición, si queremos arreglar los problemas de la Justicia. Y va siendo hora de empezar a hablar de lo que es esencial en una democracia moderna.

A un famoso cazador americano llamado David Crockett (que también fue político) se le atribuye la siguiente frase: Asegúrate siempre de estar en lo cierto, y entonces avanza. Espero que, de cazador a cazador, Bermejo capte el mensaje.

El agente doble

Al parecer el viaje del Alcalde de León a Estados Unidos, que despertó una cierta polémica en su inicio, puede lograr que 500 alumnos de la Universidad de Washington aterricen en León cada año para estudiar español. Me parece perfecto y –aparte del turismo- así conseguiremos rejuvenecer la ciudad que, de otra forma y cuando nos jubilemos la generación del baby-boom, podría ser lo más parecido a un cementerio de elefantes o a una macro-residencia de ancianos con Catedral incluida. Me puede aterrar un poco que la invasión de la juventud anglosajona acabe convirtiendo León en una versión posmoderna de “Desmadre a la americana” pero aplaudo la iniciativa, siempre que se convierta en realidad y, sobre todo, siempre que –en el futuro- a esos jovenzuelos no se les ocurra acercarse a mi hija para algo que no sea conversar en inglés.

La actualidad de la semana nos ha traído de nuevo a la primera línea a ese personaje omnipresente que es el Juez Garzón, ese moderno Guerrero del Antifaz que hace todos los méritos para convertirse en un habitual de mis columnas. Tengo algunas preguntas, como qué hace un Magistrado de la Audiencia Nacional instruyendo un caso que tiene un alcance que parece local o cómo alguien puede gastarse 2.000 euros por participar en una cacería en lugar de irse con los chavales a Eurodisney. Pero no obtengo respuestas.

Lo que me ha descolocado un poco es la respuesta del PP, que alude a una trama dirigida contra ellos y orquestada por Bermejo y Garzón que, entre jabalí y jabalí, se dedicarían a urdir conspiraciones. Lo lógico, o lo natural, es que el primer partido de la oposición hiciera una investigación interna para saber qué puede existir de cierto en las acusaciones que han salido a la luz pública. Es cierto que Garzón, con tal de aparecer en los periódicos, es capaz de ponerse a investigar el asesinato de Julio César. Pero no lo es menos que, al Partido Popular, debería interesarle saber si existe alguna manzana podrida en el partido de la gaviota.
El problema son los hechos, si son ciertos o no, no quién los investiga. Me temo que el PP se ha vuelto a equivocar de estrategia, y la única respuesta que encuentro es que Rajoy tiene entre sus asesores a un agente doble, que en realidad trabaja para la Moncloa.

El mercader de Venecia

El Consejo Superior de Cámaras ha publicado esta semana la “Encuesta sobre el Acceso de las PYMES a la financiación ajena”. El informe arroja datos que nos permiten apreciar en su justa medida el mayor problema –junto con el desempleo- al que nos enfrentamos, y que es la financiación de las empresas. La Encuesta nos dice que cuatro de cada cinco pymes han tenido problemas a la hora de acceder a la financiación externa y los números son descaradamente siniestros: el 17 por ciento de las empresas que lo necesitaban no han conseguido un crédito y en el 83 por ciento restante las condiciones se han endurecido severamente (encarecimiento de comisiones, mayor exigencia de avales, requerimiento de garantías de carácter personal en un 25 por ciento de los casos, etc.

Los de la Banca se defienden, alegando que ellos claro que prestan dinero, que es su negocio, pero que no pueden conceder préstamos a quiénes no están en condiciones de devolverlos. El argumento parece muy rotundo pero uno se pregunta si a los banqueros, esos tipos que ganan sueldos millonarios, no se les debería ocurrir algo mejor. Uno se asusta, o se escandaliza, cuando imagina que una persona normal debería estar trabajando unos doscientos años para ganar lo que Francisco González, el Presidente del BBVA, se embolsa en un año entre fijo y variable.

La burbuja

Esta semana me llamó la curiosidad el vaticinio de un experto, que responde al nombre de José García Montalvo y es Catedrático de Economía en la Universidad Pompeu Fabra. Decía este buen hombre, que imagino que será una autoridad en la materia, que el precio de la vivienda debe caer hasta un 50 por ciento para lograr el ajuste del mercado. Lo que sucede, cosa habitual en economía, es que los análisis van por un lado y los datos se empeñan a veces en llevarles lo contraria. Porque, a pesar del supuesto estallido de la burbuja inmobiliaria, ni los precios bajan de forma sensible ni parece que lo vayan a hacer en los próximos meses.

La vivienda ha sido el aceite que engrasaba todo el sistema y del que todos se enriquecían: los propietarios de suelo, los promotores, los Ayuntamientos, la Hacienda Pública (o sea todos, que no deja de ser un consuelo), los encofradores y un largo etcétera. Cierto que algunos ganaban bastante más dinero que otros pero esa es una de las rarezas que tiene el mercado. La cosa fue bien hasta que nos encontramos con dos hechos que nos enfrentaron a la dura realidad: un stock de más de un millón de viviendas sin vender y el cierre del grifo del crédito hipotecario. Es decir, los Bancos dejan de prestar dinero porque la vivienda, en diez minutos, pasó de ser la mejor inversión del mundo a convertirse en eso que llaman ahora un activo tóxico.

En el crecimiento desaforado del negocio del ladrillo han intervenido una serie de mecanismos mentales que operan en la naturaleza humana y que llegaron a crear una serie de “verdades oficiales” que a la postre se han revelado como parcialmente inexactas. Por ejemplo, que la vivienda siempre da más rentabilidad que la Bolsa, que es mejor comprar que alquilar, que la vivienda es una inversión segura o que su precio es imposible que baje. También ha tenido algo que ver la codicia, pecado consustancial al sistema aunque lo llamen visión de negocio, que indudablemente queda como mucho más poético.

Yo sí creo que el precio de la vivienda bajará, aunque algunos se resistan o no lo quieran ver, de la misma manera que los ordenadores cuestan hoy la mitad que hace cinco años. Al fin y al cabo sólo se trata de que la oferta se encuentre con la demanda. Y eso lleva su tiempo.

El Musac

Hoy podríamos hablar de muchas cosas, desde el entusiasmo que despierta el nuevo Presidente de los USA hasta la ascensión a la primera línea de la política local del nuevo vocero del Partido Popular, Julito Maravilla. Pero pongamos una nota cultural en esta columna. No solo de política vive el hombre.

Me gustaría hablar del MUSAC, que se asoma a las primeras páginas por la noticia de la sustitución de quién ha sido su Director, Rafael Doctor, desde que la criatura comenzó a andar allá por el año 2.005. La propuesta socialista de que el nuevo Director sea elegido por concurso parece bastante lógica, sobre todo si tenemos en cuenta que el MUSAC tiene para este año un presupuesto de 4,7 millones de euros. Es más, volviendo a Obama, me gustaría importar el modelo americano, y que el nuevo Director fuera “examinado” por el Parlamento regional antes de comenzar a ejercer sus funciones.

Debo comenzar reconociendo mi incapacidad casi congénita no sólo para apreciar, sino incluso para comprender el Arte Contemporáneo. Para mí, hasta Gauguin me parece exageradamente abstracto. Es verdad que el MUSAC se ha convertido en un referente cultural y turístico de León y la gestión de Rafael Doctor ha servido para ponernos en la vanguardia. Ahora bien, el hecho de que se dedique a programar el Arte que se produce en este momento me plantea la duda de si es un Museo o más bien una Galería de Arte. Una Galería que vive de espaldas y algo desconectada de la sociedad leonesa.

Hace unos meses visitaba con mi familia una de las exposiciones del MUSAC. En una pared se proyectaba una película (igual era una performance pero hasta ahí no llego) y mi hijo Andrés, llevado por la curiosidad, se acercó a contemplar la obra y tocó la pared. En ese momento un divulgador cultural de los que controlan el Museo se acercó alarmado y con cierta rudeza me dijo si no podía tener controlados a los niños. Mi reflexión es que el sujeto quizás supiera mucho de las nuevas tendencias en las que se mueven las expresiones culturales de nuestro tiempo, pero desconocía por completo la naturaleza humana. Y mi hijo, con seis años, quedó asombrado y perplejo ante el Arte Contemporáneo, porque lo que había tocado era una pared (o sea, un trozo de cemento) no La Venus del Espejo.

La movida del agua

La movida del agua ha servido para animar los Plenos del Ayuntamiento de León. También contribuye a hacer extraños compañeros de cama, como el Grupo Popular y los ecologistas, coincidencia que evoca la pinza Aznar-Anguita en versión cazurra. Pero ésta es una buena ocasión para reflexionar sobre cuestiones de cierto calado. Por ejemplo, sobre si las privatizaciones son buenas o necesarias o, por lo menos, relativamente imprescindibles.

En principio debo confesar que no me gustan las privatizaciones, entre otras razones porque sólo se privatiza lo que da dinero. En España, con ese cuento de que había que entrar en el euro, nos dedicamos, en los tiempos de Aznar, a vender y liquidar todo el patrimonio que tenía el Estado. Ya casi nadie recuerda que, en tiempos pretéritos, Telefónica o Repsol, o una parte del actual BBVA llamada Argentaria, eran empresas públicas, de todos los españoles.

Nadie privatiza porque quiere, sino porque no le queda otro remedio, de la misma manera que nadie cierra su empresa porque haya sido atraído por el lado oscuro de la Fuerza, sino porque la situación económica se vuelve insostenible. Las matemáticas tienen la terrible virtud de ser increíblemente testarudas y, si las cuentas no salen, hay que buscar soluciones. Dos precisiones importantes: en el caso de León se privatiza el 49% y un servicio no deja de ser público porque se gestione privadamente.

La movida del agua ha servido también para elevar a los altares a la Concejala cesada o dimisionaria (el matiz no me parece decisivo) Humildad Rodríguez, convertida en la Juana de Arco de la escena leonesa. Aplaudo su decisión de renunciar al acta de Concejal, me parece esencial la discrepancia y el debate pero la política, como el fútbol, es un juego de equipo. Me pueden deslumbrar los destellos de Messi, pero soy un apasionado del fútbol colectivo. Quien decide la estrategia, y quiénes juegan, es el entrenador, es decir, el Alcalde. Y será la afición, o en su caso los electores, quienes tendrán la última palabra.

Se me objetará que la metáfora es muy forzada, y quien pensará que el fútbol es más importante –o por lo menos más divertido- que la política, pero mi sincera opinión es que una cosa es ser independiente y otra muy distinta ir a su bola.

Los Reyes Magos

De un tiempo a esta parte el Grupo Popular del Ayuntamiento de León se ha vuelto extraordinariamente susceptible. Hace un par de semanas se mosquearon por aquello del pufo de la época Amilivia y, con las vestiduras rasgadas pese a los rigores invernales, abandonaron el Pleno. Ahora se han enfadado porque los Reyes Magos, concretamente el Rey Gaspar, agradecía los esfuerzos para que el año próximo pudieran llegar en AVE y a los avispados populares les ha sonado a propaganda gubernamental.

Pero se equivocan: los Reyes Magos no son zapateristas aunque, como toda Monarquía que se precie, quizás sean ligeramente conservadores y suelen estar con el poder establecido. Me gustaría precisar, no obstante, que la Alta Velocidad es, o debería ser, un proyecto de todos. Un proyecto que además llega mucho más allá de una simple legislatura. Recordemos que el AVE a León no es sino la prolongación del que se proyectó e inició hasta Valladolid en la época en que Aznar (antes de volverse un sex-symbol) era Presidente del Gobierno. Porque todos los Presidentes, además de convertirse en líderes mundiales, quieren llevar la Alta Velocidad a su pueblo: Felipe a Sevilla, Aznar a Valladolid y ZP a León. El día en que alguien de Canarias llegue a la Moncloa imagino que lo que procederá será montar un ferrocarril submarino y seremos el asombro de Occidente.

Y a los del PP tampoco les ha gustado la Cabalgata y el viceportavoz del PP, Julio Cayón, habla de “sainetes de lágrimas de cocodrilo por un lado y gasto sin control por otro” (la prosa del viceporta me deja un poco perplejo). En mi opinión, la Cabalgata no estuvo mal y, si se consigue un espectáculo digno y bastante vistoso con escasos recursos económicos, es justo reconocer la buena gestión de la Concejala de Turismo y Fiestas, Susana Travesí. Pero como soy un ácido columnista voy a poner algunos peros. En primer lugar, las carrozas de sus Majestades están ya algo cutres. En segundo, cada año que pasa me horroriza más la payada del Belén (que decía mi abuela). Y, finalmente, no entiendo ese afán de convertir a los Magos de Oriente en “francotiradores de caramelos”. Eso debería preocupar al Partido Popular, y no los discursos del Rey Gaspar. Lo de las roscas de los Simpson que lanzaban unos payasos estaba bien llevado y propongo que para años venideros se arrojen gominolas.

Con el año que viene sube todo, desde el paro –cuyos datos son espeluznantes- hasta el recibo de Gersul –ésto nos pasa por protestar-. Menos el precio de la vivienda en Ponferrada, bajada que el Alcalde atribuye a su gestión urbanística y no al estallido de la burbuja inmobiliaria. No cabe duda, el papel lo aguanta todo, hasta mis columnas.

Nada nuevo bajo el sol

Comenzamos un nuevo año, cuyos primeros instantes estuvieron marcados por el intercambio de SMS, que se ha convertido en el nuevo canal de comunicación, y que pretenden ser ingeniosos y originales. El problema es cuando recibes, de cuatro personas diferentes, el mismo mensaje de texto, y te preguntas si existe algún mecanismo de telepatía que consigue que todos piensen lo mismo.

Lo cierto es que la historia esa de los SMS nos ha hecho olvidar uno de los lugares comunes de la Navidades de antaño, cuando no podías felicitar el nuevo año por teléfono porque una voz te advertía, muy educadamente, que existía “sobrecarga en la red”. Una expresión tan enigmática, recuerdo, como aquella con la que el Jefe de Estación justificaba el retraso del tren: “se ha caído la catenaria”. Los mensajes de texto harán olvidar, me temo, lo que era la Ortografía y está surgiendo un nuevo idioma que igual termina siendo una lengua cooficial y en la que me manejo con una cierta dificultad.

Mucho hemos avanzado en algunos campos, aunque cada uno de enero nos encontramos con hechos y sucesos que invariablemente se repiten todos los años: tragedias como la de la discoteca de Tailandia, subidas de precios en servicios básicos, mascotas abandonadas a su suerte, buenos propósitos para el año que viene, etc. Y lo cierto es que no hemos progresado tanto como nos creemos, y así no se vislumbra una vacuna contra el SIDA ni un remedio contra el cáncer, o la posibilidad de producir alimentos que terminen con el hambre en el mundo.

Lo que no cambian son algunas de las iniciativas peregrinas con la que nos sorprenden los políticos. La semana pasada el Ayuntamiento de León nos amenazaba con “normalizar en 2.009 el uso compartido del castellano y el llïones en documentos oficiales”. Somos lo máximo: mientras el Gobierno de España suprime el BOE en papel (entre otras cosas para ahorrar el Estado seis millones de euros al año y el planeta unos cuantos miles de árboles talados) nosotros nos dedicamos a escribirlo todo dos veces. Por lo visto, según el Concejal Abel Pardo, la utilización del leonés es un derecho que reconoce la ONU y debe normalizarse. Pues que lo normalice con su dinero, no con el de los contribuyentes.

Aunque las “ocurrencias” no son patrimonio exclusivo de ningún partido y así, en último Pleno, el Grupo Popular del Ayuntamiento de la capital proponía rescatar la figura del “sereno”. Puestos a ser imaginativos, y para que no se diga que no soy constructivo, se me antoja la idea de recuperar la Orden de Caballería, para deshacer entuertos, socorrer a la viudas y amparar a los débiles. Para todos, mis mejores deseos para el año que viene. Sean felices.






El pufo

Las Navidades no están siendo tranquilas en la antigua capital del Reino. El último Pleno del Ayuntamiento de León ha sido movido, sobre todo para los del PP, que se movieron a la calle cuando el Concejal de Hacienda les recordó que el crédito de 70 millones de euros era para tapar el pufo que había dejado la época Amilivia. La expresión es fuerte, pero tampoco como para ofenderse y abandonar el Pleno. Lo ofensivo, en su caso, puede ser la gestión que generó la deuda de más de 200 millones de euros, no que te lo recuerden.

Podríamos hablar extensamente de cuándo, dónde y por quién se gestó la deuda, y aquí todos podemos ser más o menos responsables. Aunque, como siempre, unos mucho más y otros bastante menos. Pero estamos en Navidades, y hay que lanzar un mensaje de optimismo, y desear paz en la Tierra a las gentes de buena voluntad, y aquí incluimos también a los políticos.

La financiación que llega (70 millones de euros) es una buena noticia, sobre todo para los proveedores que ven la posibilidad de cobrar sus deudas. Claro que, como es natural, la deuda se incrementa, porque todos los Bancos (incluso la Compañía de Empréstitos que dirige James Stewart en Qué Bello es Vivir) cobran intereses. Pero el Plan Económico Financiero del Ayuntamiento (el PEFA, no confundir con el pufo) permite liquidez en la Tesorería Municipal y transformar obligaciones ya vencidas en deuda a medio o largo plazo. Porque para una Administración el problema crucial no es cuánto debe sino cuándo lo tiene que pagar.

Quizás hablar de pufo, que según el Diccionario de la Real Academia es “deuda cuyo pago se elude de forma fraudulenta”, sea exagerado. Pero lo que dejó el anterior equipo municipal, utilizando también una expresión coloquial, es un buen barro, y Fernández Cardo, el Concejal de Hacienda, ha tenido –seguimos con giros populares- que comerse el marrón. Puede haber decisiones discutibles, y se echa de menos un cierto consenso para ejecutar políticas de ajuste financiero, pero no puede negarse el coraje político a la hora de afrontar el mayor problema que tiene la ciudad, que es la precaria situación económica del Ayuntamiento.

Pero no nos engañemos, por mucho que estemos en Navidades y sigamos creyendo en los Reyes Magos. Los 70 millones que vienen no servirán de nada si no se actúa seriamente y con rigor sobre las fuentes de gasto: exceso de plantilla, problemas en la gestión, proyectos faraónicos, servicios impropios que prestan los Ayuntamientos, etc. Debemos exigir eficacia y austeridad al equipo de gobierno, pero también coherencia y responsabilidad al Grupo Popular. Menos rasgarse las vestiduras y todos a tirar del carro, como nos ha recordado Su Majestad.


El retorno del Jedi

No sé yo cuál ha sido el acontecimiento más sorprendente del Congreso del PP. Personalmente me ha impactado esa chaqueta roja con la que el Secretario General, Eduardo Fernández, arengaba a la tropa que abarrotaba San Marcos. Pero ese llamativo atuendo tiene una explicación, según mi particular forma de ver la actualidad. Le sirve para identificarse, ante los demás, y probablemente ante sí mismo, como hombre de partido y no como Delegado Territorial. Digamos que es como el traje que utilizan los superhéroes, no sólo enmascara su identidad, sino que les ayuda a ponerse en su papel de salvador del planeta frente a los villanos.

Pero dejando aparte los apuntes sobre moda sport-casual la gran noticia del Congreso ha sido el retorno del Jedi, es decir, de Cecilio Vallejo. Lo de Jedi viene de los tiempos de la revisión del Plan General, cuando Cecilio Skywalker diseñaba con su puntero láser el León del futuro. Mucho han cambiado las cosas desde entonces. Entonces había escasez de suelo. Ahora sobran viviendas.

Al fin el PP se ha decidido a rescatar a su gran esperanza blanca, que regresa a la arena política, y parece que la Vicesecretaria de Comunicación es el primer paso para convertirse en el candidato a Alcalde. Es mi previsión, pero reconozco que las predicciones no son mi fuerte: siempre dije que el teléfono móvil era un artefacto demasiado pesado e incómodo para popularizarse. Pero en lo que muchos coincidimos, más allá de la ideología (que cada vez pesa menos en estas cuestiones), es que Cecilio Vallejo ha sido un gran gestor y uno de los mejores políticos que ha tenido la ciudad de León. Buen comunicador, brillante, culto, viajado y, sobre todo, con una visión de futuro y un formidable tirón electoral.

Era extraño que el PP decidiera prescindir alegremente de una de sus grandes bazas, pero los designios de la alta política siempre me han parecido inescrutables. Era, sirva la metáfora, como dejar a Messi en la grada, y esperar que entre Abidal y Pujol se dedicaran a construir esas pequeñas sociedades futbolísticas de las que nos habla Jorge Valdano.

Ahora bien, contar con Messi, o con Vallejo, no garantiza ni los títulos ni las victorias electorales. El año pasado el genial Leo marcó un gol de antología al Getafe, pero eso no impidió que el equipo madrileño remontara la eliminatoria en el Alfonso Pérez y nos apeara de la Copa del Rey. Y las dos últimas temporadas, con Messi y por mucho que nos pese a los blaugranas, la Liga se la llevó el Madrid. Así que el PP no debería dejarse llevar por la euforia o por la autocomplacencia. Aunque, barrunto, el PSOE local debe andar buscando su Van Nilstelroy en el mercado de invierno. Hay partido.

El valor de las cosas

Todos nos hemos sentido escandalizados a raíz de la jugosa entrevista que el otrora Alcalde de Marbella ha concedido a una cadena de televisión. Muchos se preguntan si es ético pagar 350.000 euros a un delincuente para que cuente cómo se encuentra. Ético no debe ser pero imagino que será muy rentable y la cadena cosechó más del 10 por ciento de la audiencia de esa noche. Matizando que la televisión, en el mundo de Internet, cada vez tiene menos importancia, no dejan de ser muchos millones de españoles contemplando boquiabiertos la brillante oratoria de ese sujeto. Que por otra parte no respondió, al parecer, a ninguna de las grandes cuestiones que me hago cada día. A saber: dónde está el dinero y si sigue con la Pantoja. Esta última incertidumbre es la que, ciertamente, me atormenta y no me deja dormir.

Y hay una tercera pregunta que se me ocurre y es cómo se le ocurre a unos empresarios de la comunicación pagar esa pasta a Muñoz, o los 50.000 euros que le atizaron a Luis Roldán, aquel personaje tan imaginativo que se inventaba títulos y que se dedicó a apropiarse del dinero de los contribuyentes en lugar de dirigir a la Benemérita, como era su deber.

Uno de los principios que parecían intocables en la sociedad de nuestros días era que las cosas valen lo que una persona esté dispuesto a pagar por ellas. El brutal estallido de la burbuja inmobiliaria, o los misterios que se ciernen sobre el verdadero valor de los novedosos productos que han provocado la crisis financiera, nos ha demostrado que ese dogma no era tan real. El mercado se comporta en ocasiones como un colegial inocente al que cualquier avispado puede timarle. La justicia es ciega pero el mercado, a veces, es un poco tonto, o por lo menos bastante incauto.

Pero no sólo se pagan barbaridades a delincuentes y famosos que se pasean por las televisiones desentrañando los misterios del Universo sino que hay muchísimas cosas que cuestan mucho más de lo que valen. Sin entrar en los salarios de futbolistas, actores y especies afines resulta absolutamente escandaloso que grandes directivos de nuestro país tengan retribuciones de varios millones de euros anuales. O que, se me ocurre, la sociedad Intermoney, que asesora a la Junta en el proceso de fusión-integración de las Cajas de Castilla y León, tengo una minuta de 1,5 millones de euros por su trabajo. Si a esta consultora le abonan esa millonada (con el dinero de todos) me pregunto cuánto debería haber cobrado Mozart por componer el Concierto nº 21, Mankiewicz por dirigir Eva al Desnudo o Vargas Llosa por escribir “La Tía Julia y el escribidor”, por poner unos ejemplos. No me respondan ahora, háganlo después de la publicidad.

Impuestos

Esta semana ETA volvía a sembrar el terror segando la vida de un empresario cuyo único delito era trabajar en una obra como la Alta Velocidad que es sinónimo de futuro y de progreso. Un futuro y un progreso que los terroristas, tan desalmados como ignorantes, ni comprenden ni permiten. En León nos sorprendía la noticia de la muerte del concejal del PP Manuel Álvarez, un buen hombre discreto, cercano y trabajador.

Pero hoy vamos a hablar de impuestos. Alguien dijo que tener prensa libre y pagar impuestos es lo que caracteriza a las sociedades democráticas. Y yo anoto que, en último término, la imposición de un tributo se justifica por la legitimidad del gasto. Es decir, en qué se gastan los políticos el dinero de los contribuyentes. El problema no es cuánto pagamos (sin pasarse, naturalmente) sino el para qué pagamos.

Y otra cuestión importante en estos temas tributarios es el “quiénes”. Algunos tenemos la convicción, o por lo menos la ligera sospecha, de que siempre pagamos los mismos. Me explico: cuando tienes una nómina, o facturas correctamente todas tus operaciones, cumples religiosamente tus obligaciones para con el Fisco, no sólo por una cuestión cívica sino porque no te queda otro remedio. Pero sigue existiendo el fraude fiscal, la economía sumergida y el dinero B no sólo se recoge en las bolsas de basura de Julián Muñoz.

Con los impuestos de las viviendas pasa lo mismo. Éste año ha estado de actualidad el IBI y sus brutales subidas en la City. No sé si es muy moderno eso de pagar por la propiedad que uno tiene, generalmente a medias con el Banco o Caja de turno, pero me temo que aquí tampoco pagamos todos, o por lo menos hay muchos que no pagan lo que debieran.

No cabe duda de que en las ciudades se controla para que todos aporten lo que según la norma les corresponda, pero en muchos pueblos, con pocos recursos, la cuestión es más difícil. Cuento un hecho real: en el año 2.007 el Ayuntamiento de Crémenes detectó que muchos inmuebles, que contribuían como solares o almacenes, eran en realidad viviendas construidas hace 10 años. Existía un caso ciertamente llamativo: un solar justo al lado del Ayuntamiento (que pagaba 10,41 euros de IBI) y que en realidad era una casa bastante maciza con siete chimeneas, habitada curiosamente por quien había sido el Secretario del Consistorio. Como se trata de un Ayuntamiento con pocos medios solicitaron una inspección por parte del Servicio de Recaudación de la Diputación Provincial, solicitud que sigue durmiendo el sueño de los justos en algún rincón olvidado del Palacio de los Guzmanes.

No sé si se trata de un caso aislado o es la punta del iceberg, pero, queridos Reyes Magos, que Hacienda seamos todos.


28 de noviembre de 2008

El Mago

Zapatero es un Mago. Era una posibilidad que ya barruntaba yo desde hace tiempo pero los últimos acontecimientos me lo han confirmado plenamente. Cuando mi hermano Freddie y yo éramos pequeños nos imaginábamos lo genial que sería poder sacar de un bolsillo mágico, siempre que hiciera falta, billetes de 500 pesetas, aquellos azules de Zuloaga tan bonitos. Sabíamos que era imposible, pero la capacidad de Zapatero para sacar miles de millones de euros de no sé donde me ha convencido de nuestro error. Lo que hacía falta era tener superpoderes, de los que carecíamos. Por eso mi hermano acabó de maestro y yo de abogado, y Zapatero está viviendo en La Moncloa.

Digo esto porque la noticia del día (dejando aparte las aventuras de Aguirre Indiana Jones) es el quinto Plan de Zapatero de reactivación económica. Los planes de Zapatero son básicamente los mismos: saca dinero gracias a sus poderes y se lo da a quienes mejor han demostrado que no saben utilizarlo. Primero a los Bancos y ahora a los Ayuntamientos. Es un misterio de dónde obtiene los fondos pero mayor enigma quién le aconseja el destino final de toda esa pasta. Será el lado oscuro de la fuerza. Son los inconvenientes, Presidente, de ser un Caballero Jedi.

Si me parecía grotesco prestar dinero a los Bancos regalarlo a los Ayuntamientos ya me resulta demencial. Es como poner a Hitler a vigilar una sinagoga. Dicen que es para crear empleo haciendo obras públicas, rehabilitando edificios y mejorando el transporte. Entonces ¿para qué servía el IBI?

En el caso de León imagino que se quedarán con los dineros, los gastarán en ese juguete llamado Palacio de Congresos (o Fernández Convention Center) y dirán que ellos ya han creado empleo, que tienen dos mil tíos en el Ayuntamiento y que si contratan más corren el riesgo de que se levante una revuelta popular. Y cuando termine la construcción del Palacio tendremos más parados que antes.

Yo debo ser muy torpe pero no lo entiendo. No comprendo cómo el Gobierno se dedica simplemente a repartir el dinero (que vendrá de la Deuda Pública o de los impuestos, y algo de la chistera de ZP) en lugar de tomar medidas de una cierta profundidad. Por ejemplo, me parece esencial rebajar la presión fiscal para incentivar el consumo interno, que ha sido uno de los motores de nuestra economía y vive sus horas más bajas. O reducir las cotizaciones sociales, un verdadero impuesto sobre el trabajo que supone un lastre para las contrataciones. Pero ZP sigue con sus ocurrencias. Igual es que no es Mago, sino escapista, como Houdini.

Última reflexión y les dejo tranquilos. Por lo visto hay 8.000 millones de euros para crear 200.000 empleos. ¿A cuánto nos sale cada puesto de trabajo?

Todos contra la crisis

Esta semana la Diputación Provincial de León convocaba a los agentes sociales para anunciar un “Pacto Provincial por el Empleo”, una iniciativa que, con la que está cayendo, merece sin duda una buena acogida. Es cierto también que el mundo rural, en el que la Diputación tiene que desempeñar un papel vertebrador, presenta unas problemática muy específica y padece no sólo la amenaza del desempleo sino también el fantasma de la despoblación. Pero me permito sugerir que existe un cierto desenfoque institucional, ya que –en teoría- las políticas de empleo deben ser diseñadas y ejecutadas por la Administración Central o por las Comunidades Autónomas. Que los Ayuntamientos y las Diputaciones se preocupen del empleo queda muy bien en la Prensa y no dudo de sus buenas intenciones e incluso las presumo. Pero como ciudadano tengo la percepción de que cada uno hace la guerra por su cuenta y hacen falta recetas contra la crisis.

Llevamos unos cuantos meses inmersos en esta crisis que empezó siendo una desaceleración y puede acabar siendo una hecatombe. Todos los días los datos nos ponen frente a la cruda realidad pero se echan en falta soluciones. Hasta ahora los únicos contentos son los Bancos, que han conseguido que el Estado, con el dinero de los contribuyentes, les presten dinero para –qué bonito queda- reforzar el sistema financiero. La situación es curiosa: todos dicen que son solventes pero agradecen ese bello gesto del Gobierno.

Pero sí escasean las propuestas también se echa un falta un poco de autocrítica. Porque está claro que nos hemos equivocado y nuestro modelo económico no era tan brillante. Al parecer la culpa de todo la tiene un negro desempleado que vivía en Alabama y al que un buen día concedieron un crédito que estaba claro que no podía pagar. Circula un video en Internet que lo explica de forma muy gráfica y cuya visión me permito recomendar (http://www.invertired.com/quimu/videos/25/34).

Lo primero que tenemos que cambiar es nuestra actitud y asumir que en los próximos años, vamos a vivir peor. Y hace falta un compromiso entre todos, lo que Roosvelt, en los negros años de la Gran Depresión, bautizó como el New Deal, que podría traducirse como “nuevo contrato”. Pero me da la sensación de que, en España, los políticos se preocupan más de llenar titulares que de buscar soluciones. Y que nos gastaremos una pasta en pagar a consultores para que nos expliquen lo que ya sabíamos, que estamos muy mal.
Aunque quizás la solución la tiene el Ayuntamiento de León, que ha organizado unos cursos de Pandereta, Gaita y Castañuelas, a 50 euros para los empadronados. Es decir, como en el Titanic, pero con instrumentos musicales autóctonos.



El basurazo

Después del IBI, cuyo “segundo plazo” nos acaba de recordar que el Ayuntamiento de León también existe (por el estado de nuestras calles y jardines nadie lo diría) nos ha caído el basurazo. Es decir, la tasa que Gersul, el Consorcio Provincial para la Gestión de los Residuos, ha incrementado de forma desproporcionada, sembrando la alarma entre la ciudadanía y –sobre todo- entre las empresas. Con subidas superiores al 400 por ciento y recibos de más de 2.000 euros, quienes iban a acabar en la basura, dispuestas para el reciclaje, eran las propias empresas.

Parece, no obstante, que puede imponerse la cordura y ayer mismo la Cámara de Comercio y la FELE arrancaban de Gersul la promesa de paralizar el cobro de los recibos de este año y estudiar el tema. No sé si la promesa se hará realidad y el comentario malicioso puede ser que los políticos sólo aciertan cuando rectifican.

En todo caso, la Administración ha demostrado en este caso una buena disposición y cierta sensibilidad conscientes de que, con la que está cayendo, penalizar la actividad económica con otro gravamen es lanzarnos al oscuro precipicio de la miseria más absoluta. Esta tasa es manifiestamente injusta, y lo es por varios motivos. El primero porque, a la hora de fijar la cuantía, tiene en cuenta la superficie, no el residuo que potencialmente puede generarse. Y lo segundo por los coeficientes que aplica, que multiplican, por ejemplo, el importe por 3,5 cuando se trata de una actividad industrial. Lo curioso, además, es que lo que grava la tasa son las basuras urbanas, y deja fuera los residuos industriales.

Ya sé que el que contamina paga, que reciclar cuesta dinero y que somos los más ecologistas del mundo. Pero así es difícil que nuestra industria pueda competir con otros países, que tienen costes laborales mucho más bajos y cuya preocupación por el medio ambiente es igual a cero. Jugamos al fútbol, pero los jugadores del equipo contrario pueden coger el balón con la mano y prescinden de la regla del fuera de juego. O hacemos una decidida política de apoyo a la industria o nuestra población activa se dividirá, más temprano que tarde, en tres partes: funcionarios, consultores y parados.

En la teoría clásica la izquierda subía los impuestos para redistribuir la riqueza, aunque muchas veces se redistribuía más a unos que a otros. La derecha tradicional, en cambio, quería bajar la presión fiscal porque sus votantes –se suponía- eran los “más pudientes”. Pero hoy cualquier partido que llega al poder sube los tributos por la sencilla razón de que necesita presupuesto y mantener (y engrosar), su maquinaría administrativa. El problema es cuando ya no queden contribuyentes para pagar.

El tiempo de Obama

La ilusión se ha hecho realidad y Barack Obama es el nuevo Presidente de los Estados Unidos. Hay muchas cosas que hemos aprendido estos días de los americanos, pero me gustaría resaltar dos cuestiones. En primer lugar, el alto grado de participación (más de un 66%, superando la histórica participación que llevó a Kennedy a la Casa Blanca), en un país en el que rara vez se acercaban a las urnas la mitad de los electores. Aunque hay cosas que no me explico todavía, y una de ellas es como, en la nación que inventó el PC y es la vanguardia de la innovación, uno tiene que esperar tres o cuatro horas para votar.

Pero lo que más me ha emocionado, y siento una sana envidia, es la generosidad de los candidatos, tanto de McCain como de Obama. No sólo reconociendo la valía del que fuera su rival en la arena política, sino ofreciendo una leal colaboración. Tenemos que aprender una lección en España: no hay que presumir la absoluta maldad del adversario, y es posible que yo esté equivocado.

Aunque me fastidia coincidir con Pepiño Blanco, yo también adoro a Obama. Me entusiasma su estilo, su poder de convicción, su visión de lo que tiene que ser un país. Y, sobre todo, su capacidad de movilizar una Nación, de conmover al mundo entero con un viento de ilusión y esperanza, sintetizado en ese lema electoral que es Yes, we can.

Ahora todo el mundo quiere apropiarse del mensaje de Obama, e incluso se nos quiere hacer creer que es una versión afroamericana de nuestro Zapatero. Existe una gran diferencia, en mi opinión. Obama habla a la gente de lo que le preocupa (las guerras, las hipotecas, el empleo, etc.). Zapatero nos quiere convencer a todos de que lo que le entusiasma a él es lo que nos debe interesar a los españoles, desde la Memoria Histórica hasta la Educación para la Ciudadanía.

Todos podemos aprender. El hermoso discurso de Obama, en el Grant Park de Chicago, se dirige a todos nosotros y expresa con claridad como debe actuar un político. Pasadas las elecciones, debe gobernar para todos, sin caer en la mezquindad o en el ventajismo. Obama lo ha expresado con bellas palabras, y no me resisto a transcribir este párrafo de su discurso: “a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré también vuestro Presidente”.

Espero y confío en que el Sueño de Obama se haga realidad. Espero, pero ya no confío tanto, que nuestros políticos, desde la Moncloa hasta nuestras celebridades locales, hayan aprendido algo. No quiero ser excesivamente optimista, pero no era tan feliz con las noticias de la TV desde que Mandela recobró la libertad.