30 de agosto de 2010

El arte del regate

Ahora que se aproxima la Liga me percato de las grandes similitudes que existen entre el fútbol y la política. No sólo por lo incierto del resultado o por el juego subterráneo que se desarrolla en las áreas, sino porque, en ambos espectáculos, se aplica la técnica del regate. De hecho, las ‘reprogramaciones’ de José Blanco, Pepiño el Terrible para la posteridad, no tienen nada que envidiar a las bicicletas de Ronaldo o a los gambeteos de Messi.

Allá por el mes de mayo el Ministro anunciaba un recorte brutal de 6.400 millones de euros en el Plan de Infraestructuras y, según avanzaban las semanas, se iban suspendiendo licitaciones y paralizando obras. En el futuro nos encontraremos con trozos de carreteras cuya ejecución quedó detenida en el tiempo, invadidas por la vegetación en medio de ninguna parte. Quizás reparemos en alguna excavadora abandonada, como resto arqueológico de los tiempos del cemento. Más o menos como Macondo, el lugar novelado por García Márquez, ‘arrasado por el viento y borrado de cualquier memoria humana’. Para que luego digan que la Naturaleza no imita al Arte.

Pero entonces llega este habilidoso delantero que es Blanco y, con un autopase, rescata primero 500 millones y luego, colándose por la banda, consigue otros 200 y –qué buen rollo- entre las obras indultadas (como los toros), se encuentran el acceso Sur a León y la León-Valladolid, conocida como Autovía del Escorial porque llevará tantos años hacerla como el unifamiliar que construyó Felipe II.

En toda esta historia se echa en falta algo de rigor. O las obras son necesarias, y entonces hay que hacerlas aunque nos endeudemos, o no lo son, y entonces me pregunto por qué a alguien se le ocurrió la idea, como no sea para salir en las fotos o satisfacer el voraz apetito de las constructoras. Habrá que marcar prioridades, y a nadie se le escapa que la llegada de la Alta Velocidad es más importante que la reapertura del Ferrocarril ‘Ruta de la Plata’. Pero cunde la sensación de que muchas infraestructuras, imprescindibles para vertebrar el territorio en Castilla y León, quedarán en el olvido. Porque aquí, como no regalamos anchoas ni somos llave para aprobar los Presupuestos, pintamos poco. Me siento como si José Blanco me hubiera hecho un caño.

25 de agosto de 2010

¿Hacienda somos todos?

Alguien dijo, o si no invento yo la frase para que se me cite en lo futuro, que tener prensa libre y pagar impuestos define las democracias modernas. Lo de la prensa libre en España puede decirse que existe, e incluso un sujeto como yo se atreve a escribir todos los sábados, pero lo de pagar impuestos no lo tengo tan claro. Ciertamente se pagan tributos, pero no pagan todos los que deberían.

Pepiño el Terrible vuelve a las andadas y, transfigurado en el gurú del nuevo modelo sostenible, pregona que hay que subir los impuestos para tener servicios de primera. La primera objeción a ese planteamiento es sencilla: lo que hay que atacar es el capítulo de gastos, que galopa cual caballo desbocado. Se me ocurre también imponer el copago en algunos servicios, no solo para recaudar algo, sino con fines de disuasión. Hay gente que vive en las salas de espera de los ambulatorios, donde no hace frío y es fácil entablar conversación.

Desde Gestha, el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda, se ha respondido certeramente a Blanco, y se insiste en que, antes de subir impuestos, debe combatirse la economía sumergida, que es una forma fina de llamar al fraude fiscal. No hay que aumentar la presión, hay que extenderla, para que la soportemos entre todos. Recuerdo que el año pasado Gestha publicaba un informe demoledor: la economía sumergida representa el 23 por ciento del PIB, y subiendo. No es que estemos mal en términos de conciencia fiscal, es que vamos a peor.

Un problema de fondo es que, en España, el fraude fiscal, además de anclar sus raíces en la picaresca, no está mal visto socialmente. Pero no nos engañemos: cuando un tipo no me cobra el IVA no me hace ningún favor, sino todo lo contrario, ya que mi esfuerzo fiscal sube a medida que el suyo se acerca a cero. Y él disfruta de las mismas carreteras que yo. El defraudador debe ser visto como un delincuente, no como un listo o como un nuevo Robin Hood. Por cierto, yo creo que el arquero de Sherwood no robaba a los ricos para dárselo a los pobres, sino para impresionar a Lady Marian. Y no pagaba impuestos porque, como era un proscrito, no iba a la sanidad pública a curarse las heridas sufridas en sus combates con los esbirros del Príncipe Juan. Un tipo coherente.

Regreso al blog

Tras un cierto paréntesis regreso al blog. Éste es un típico deseo de principio de curso (siempre me he sentido un eterno estudiante) que espero encuentre continuidad en el tiempo. Así pues, colgaré mis sabatinas columnas de "El Mundo de León" y todo aquello que se me ocurra. Bienvenidos.

7 de junio de 2010

La pirámide de Fernández

El chiste del gran Rodera lo resumía perfectamente el sábado pasado en estas páginas. Les refresco la memoria. En la viñeta aparece el Alcalde Francisco Fernández y le pregunta a un egipcio si cree que es el momento oportuno para edificar una gigantesca pirámide. El sujeto responde que recortando de aquí y de allá hasta sobre dinero, y que lo demanda la ciudadanía. El Alcalde concluye: ‘pues nada, haga, haga’. El tranvía viene a ser la pirámide del Faraón Fernández y su equipo de gobierno, dispuestos a transformar la faz de la ciudad y dejar su impronta para las generaciones futuras a cualquier precio. El Virrey Chamorro quiere desmarcarse del proyecto, pero a su manera. Proclama muy atinadamente que éste no es buen momento, pero tampoco hace nada para detener esta locura

Hay argumentos que no dejan de sorprenderme. Uno es que, si prescindimos del tranvía, perdemos los 70 millones de euros que aporta FEVE. Pero nadie me ha dicho quién va a pagar el resto, hasta los 150, que cuesta la broma. Y qué sucede con el mantenimiento. Ahí surge otro postulado mágico desde el Ayuntamiento, y es que el tranvía en León es viable, aunque sea deficitario. Con esa tesis también es viable construir una Pirámide en Santo Domingo o el Coloso de Rodas en medio del río Bernesga. Y entonces sí que seríamos la envidia del orbe entero.

A mí me siguen sin salir los números. El Alcalde y su séquito acudieron a Vitoria para enterarse de cómo funciona allí el tranvía. Les podían informar por correo electrónico pero ellos, supongo, valoran el contacto humano. Y les dijeron que en Vitoria, con 235.661 habitantes, lo utilizan 4 millones y medio de viajeros al año. Pues aquí calculamos 9 millones, y sólo somos 127.621 habitantes. Tienen un serio problema con las matemáticas. Sin olvidar que el término municipal de Vitoria es siete veces más extenso que el de León.

El tranvía arrasará la Plaza de Santo Domingo, que se remodelará por el módico precio de 4,6 millones de euros. ¿Quien dijo crisis? Menos mal que la Catedral no queda en la ruta del juguete porque se la llevaría por delante. ¿Para qué queremos gótico teniendo tranvía? Que en tiempos de ajuste la opción elegida sea el tranvía más que una irresponsabilidad política me parece un delirio.

3 de marzo de 2010

El referéndum

Los días pasan deprisa y casi nos hemos olvidado, pero el domingo pasado los ciudadanos de Arenys de Munt fueron convocados a una especie extraña de referéndum para que dijeran si querían la autodeterminación. Digo una especia de referéndum porque en nuestro país, que sigue siendo España aunque muchos se empeñen en lo contrario, las consultas populares están reguladas por Ley y son de competencia exclusiva del Estado.
Pero el experimento arroja interesantes conclusiones. Ciertamente el resultado fue abrumador a favor de la autodeterminación pero la participación se situó en un raquítico 41 por ciento del presunto censo. Es decir, a más de la mitad de la población les importa un comino, que diría Clark Gable, el rollo ese de la soberanía de Cataluña con el que nos marean un día sí y otro también. Y un ciudadano comentaba en televisión que había votado que sí porque la consulta no iba en serio, que en otro caso no sabría cuál habría sido el sentido de su voto. Acabáramos: no sabían como entretenerse el domingo y entre un concurso de sardanas o un referéndum para independizarse les parecía esto último mucho más llamativo.
Y la pasada semana los políticos del tripartito catalán manifestaban su indignación porque, con ocasión de la ofrenda floral de la Diada, un grupo de ciudadanos les habían abucheado al grito de ‘más trabajo y menos Estatut’. Los nacionalistas de vía estrecha, como muchos de nuestros políticos, no sólo no se preocupan de los asuntos que realmente interesan a los ciudadanos, como pueden ser el desempleo (la falta del mismo en realidad) o los impuestos, sino que incluso les parece mal que sus votantes les demanden soluciones a los graves problemas que padecen. Y en León, en otra escala, nos encontramos con el mismo escenario: se diría que al Ayuntamiento le parece más importante, por ejemplo, fomentar el uso del lliunés que pagar a la empresa que limpia las calles de la ciudad.
Un pequeño detalle volviendo al esperpento de Arenys. Nuestra Constitución ni recoge ni permite este supuesto derecho de autodeterminación ni mucho menos la independencia de Cataluña. Así que hacer una consulta de ese tipo me parece tan banal como promover un referéndum para abolir la ley de la gravedad o la segunda ley de la termodinámica.

19 de septiembre de 2009

Romería en Rodiezmo

Como es costumbre desde que en España gobierna Zapatero el curso político se abre en Rodiezmo el primer domingo de septiembre. Y así como en Méjico tienen a los mariachis para animar cualquier boda que se precie, aquí están los políticos como atracción estelar de la romería. En teoría se trata de una fiesta minera organizada por UGT, pero suele ser una buena ocasión para que nuestro Presidente nos sorprenda con alguna de sus legendarias ocurrencias.

Este año se esperaba con cierta ansiedad la intervención de Zapatero, confiando en que arrojara alguna luz sobre el negro futuro del carbón, que se apila en la provincia mientras las centrales adquieren mineral de importación o compran gas argelino. Pero la polémica de la semana ha venido por la imagen de los socialistas entonando La Internacional con el puño en alto. Una vez más, la anécdota se impone a la sustancia.

A mí particularmente me resultaba tan anacrónico como enternecedor ver a Leire Pajín y a Bibiana Aído en su papel de jovencitas que juegan a hacer la revolución. Me recuerdan vagamente al Pijoaparte, el protagonista de ‘Última Tardes con Teresa’, ese chico ambicioso que se hace pasar por activista de izquierdas para seducir a la niña bien que va de contestataria. Queda un poco fuerte verlas cantar aquello de ‘arriba los pobres del mundo, en pies los esclavos sin pan’, como si fueran mileuristas, pero cada uno busca la felicidad a su manera. Pero sí es descorazonador que el Gobierno piense que ser socialista consiste, hoy en día, en subir impuestos para pagar subsidios. Lo que quieren los parados son empleos, no subsidios, y precisamente desde la izquierda siempre se ha reivindicado la importancia del trabajo. Pero estamos abocados a una sociedad en la que el horizonte vital de muchos se limita a recibir prestaciones de la ubre del Estado.


El Gobierno anuncia subidas fiscales para mantener la protección social hasta que llegue la recuperación económica. Dicen que ven la luz al final del túnel, aunque me temo que son los focos de un automóvil que avanza hacia nosotros en dirección contraria. En el fondo la presión fiscal sólo se justifica por la legitimidad del gasto. La frase no es mía, se la escuché a José Borrell cuando era Secretario de Estado de Hacienda.

12 de septiembre de 2009

El Sur también existe

Tal día como hoy me encuentro de vacaciones en Conil de la Frontera, provincia de Cádiz, descubriendo, como en el hermoso verso de Benedetti, que el Sur también existe. Cuando uno viaja se percata de la poca trascendencia de las guerras intestinas (o intestinales) en las que consumimos el tiempo y las energías los leoneses, sea sobre la privatización del agua, la promoción turística o la ubicación del Rastro.

Cádiz es la provincia con la tasa de desempleo más alta de España pero aquí se toman las cosas de otra forma. Será el carácter, el calor o el levante, pero todo transcurre con menos bulla (que en gaditano quiere decir prisa) y mejor rollo que en tierras leonesas. Y, con razón o sin ella, no echan la culpa de la situación a nadie, mientras que en León, alimentados por un victimismo provinciano, siempre tenemos un responsable, que es Valladolid. Somos el eterno cabreado, dominados por el síndrome del enanito gruñón.

La realidad me persigue y leo en Internet unas fabulosas declaraciones de Abel Pardo, concejal de la UPL y vicepresidente del Consorcio del Aeropuerto. El leonesista afirma que León tendrá vuelos internacionales si la Junta no dinamita el proyecto. El tipo debe pensar que, cada vez que se reúne el Consejo de Gobierno de la Junta, Juan Vicente va preguntando uno a uno qué han pensado esa semana para fastidiar a los de León. Y cuando llega a Silván el Consejero sonríe y responde que va a quitarle los vuelos que Pardo negocia al más alto nivel. Seamos serios, las compañías aéreas no son las ratas de Hamelin, son empresas privadas, y como tales van donde tienen una buena oportunidad de negocio. Y lo importante serán los vuelos, no quien los traiga.

Pardo debería preocuparse, creo, de pagar a la concesionaria que recoge las basuras del Polígono de Onzonilla, ya que también preside el Consorcio que lo gestiona (en León das una patada y te sale un Consorcio). Se dice que los de Pucela nos quieren quitar las empresas, pero a mí me parece un milagro que alguna permanezca en León, exprimidas a tributos mientras que no les recogen la basura. Debemos ponernos las pilas, y nuestros políticos los primeros. En otro caso, y como dice mi hijo Andrés, que aprende gaditano a marchas forzadas, “quillo, vamos pa’ bajo”.

5 de septiembre de 2009

El turismo es un gran invento

Lo decía Paco Martínez Soria, y la realidad confirma el augurio de ese incono de la astracanada. Muchos lo ven como la gran esperanza, imagino que los mismos que gritaban felices cuando el ladrillo tiraba cual caballo desbocado de nuestra economía. El turismo y la construcción son dos actividades peculiares. En principio producen bienes que no se pueden exportar. Si así fuera, más de uno enviaba en un contenedor al Lejano Oriente alguna de esas promociones que languidecen en La Lastra. Generan, además, importantes beneficios, ríos de dinero en los que participan los Ayuntamientos, el Estado, la SGAE, etc., y que engrasan todo el sistema. Y aquí nadie se acuerda de la industria, o de la agricultura, hasta que estalla la burbuja y los turistas eligen destinos más económicos.

En León, cada vez que salen las cifras del turismo, el PP y PSOE retornan a las trincheras. Mi compañero de columna, Agustín Flórez, les dedicaba el lunes su particular pase de garlopa y achacaba los malos datos a la guerra abierta entre la Diputación y el Ayuntamiento de León, tras abandonar éste el Patronato de Turismo y promover la constitución de una Sociedad Mixta. Concedemos demasiada importancia a las decisiones políticas, que en la mayor parte de los casos poco pueden hacer contra el devenir de los acontecimientos. Me parece una buena idea la creación de la Sociedad Mixta (existen casos de éxito en otros lugares), y no es incompatible con el Patronato, pero es difícil ir contra el viento de la Historia, y soplan malos vientos para el turismo.

Ahora queremos captar al turista de congresos, especie protegida que se gasta una pasta cuando llega al destino. Como en ‘Bienvenido Mr. Marshall’ queremos fingir lo que no somos para encandilar a los extranjeros. Pero mucho más importante que la promoción es cuidar el producto, o sea, la ciudad. Una de las pasarelas del Bernesga lleva fuera de servicio desde las elecciones municipales de 2.003. ¿Se imaginan que eso pasara en París, en alguno de los Puentes que cruzan el Sena, digamos el Pont des Arts? Porque el turista, aunque muchos se empeñen en verlo como un objeto de deseo (financiero), sigue siendo un ser humano que se enamora por los detalles. Tanto de las personas como de las ciudades.

29 de agosto de 2.009

Adictos a la alcachofa

En España se están poniendo de moda las ruedas de prensa sin preguntas. Es decir, llega un político, suelta el rollo que le han preparado y hasta mañana. Desde la profesión se sostiene, con razón, que estas comparecencias son una estafa al público y un modo de censura. Ciertamente, desde los tiempos de Sócrates, la búsqueda de la verdad siempre ha exigido plantear interrogantes.

En León, sin embargo, somos unos visionarios y hace tiempo que patentamos lo que podría llamarse la Rueda de Prensa Intrascendente. Me deja anonadado la facilidad que tenemos para montar una rueda de prensa. Que el Ayuntamiento va a arreglar un parque, pues convocatoria de medios. Que la Diputación ha comprado dos quitanieves, otra para presentarlos en sociedad. Acontecimientos, todos, de trascendencia planetaria. Lo hacen todas las instituciones y partidos y así tenemos a los periodistas que van haciendo la ronda, como si fueran de cañas, solo que escuchar a nuestros dirigentes resulta algo más aburrido.

No sé quién es el responsable. No desde luego el periodista, que va donde le convocan y bastante tiene con poder estacionar en esta ciudad donde según avanzan las obras del Plan E se evaporan las plazas de aparcamiento. Algunos piensan que la culpa es de los Gabinetes de Comunicación que se han creído aquella tontería que decía MacLuhan de que el medio es el mensaje. Pero me inclino a pensar que todo reside en la configuración genética de nuestros políticos, que se pierden por un micrófono. Es decir, son adictos a la alcachofa, vampiros que necesitan la rueda de prensa para sobrevivir. En el fondo, viven tan alejados de la realidad que no se creen lo que hacen hasta que no lo cuentan delante de los medios.

Lo mejor de todo es cuando el convocante de la rueda de prensa se extraña de que nadie le pida ninguna aclaratoria sobre los trascendentales temas allí tratados. ¿Qué quieren que les pregunten? ¿Van a pintar los bancos en tonos fucsia o cuánto consumen los quitanieves? Porque si al aguerrido reportero se le ocurre preguntar sobre los asuntos que realmente preocupan a la ciudadanía (la subida del IBI o las oposiciones de la Dipu, por ejemplo) el interpelado responde que hoy no toca, que han venido a hablar de su libro, como decía Umbral.

22-08-2009


Las Directrices

El sábado pasado disfrutaba yo de un inmerecido descanso en Valdoré y pensaba bajar a Cistierna por dos razones. La primera para ver la ‘manifa’ contra las Directrices de Ordenación del Territorio y enterarme de qué va la cosa. La segunda, para que mi hijo Andrés se cortara el pelo. Como finalmente no teníamos hora en la ‘pelu’ (celebro el dinamismo del sector) no pude acercarme pero he investigado esta semana y alguna luz se ilumina en un recóndito lugar de mi cerebro.

Los sabios de la Junta se inventan algo llamado Montaña Cantábrica Central, que va de Guardo a La Robla. No parece lógico dar un tratamiento uniforme a dos zonas tan distintas como son la Montaña Oriental leonesa (muy despoblada, donde el 40 por ciento de su población tiene más de 60 años y la renta es el 65 por ciento de la media comunitaria) y la Montaña palentina, mucho más habitada, con una población mayor de 60 años de sólo un 28 por ciento y una renta que alcanza el 90 por ciento de la media de la Unión.

Como telón de fondo se encuentra el futuro de la Estación de San Glorio, gran esperanza blanca –nunca mejor dicho- de la Montaña Oriental, comarca que tiene el 80 por ciento de la superficie esquiable. Pero el asunto de las DOT es más grave, pues parte de diseñar unos ‘centros urbanos de referencia’ para la dotación de equipamientos y la prestación de servicios públicos. Y estos centros urbanos tienen que tener una población superior a los 5.000 habitantes, requisito que, casualmente, sólo cumplen Guardo y Aguilar de Campoo.

Si el Estado de las Autonomías fue un invento administrativo, con probada ineficiencia en tiempos de crisis, surge ahora una división subregional que va camino de ser otro engendro. Castilla y León me recuerda vagamente al Imperio Austrohúngaro, donde alguien gobernaba desde la capital sin enterarse de lo que pasaba en los confines de un Imperio muy diverso, con fronteras tan caprichosas como el vestuario de Sissi Emperatriz.

Volviendo a San Glorio se echa de menos el impulso político que, en la anterior legislatura, se hacía desde Diputación. Creo que los proyectos son buenos o malos en sí mismos, con independencia de la persona que los inicie, y las grandes iniciativas rara vez se agotan en un mandato. Pero ésta es otra historia.

15-agosto-2009


13 de agosto de 2009

Las amistades peligrosas

La noticia de la semana es que el TSJ de Valencia, por decisión dividida como en el boxeo, exculpaba al Presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y a otros políticos del PP porque –al parecer- no ha existido una relación directa entre los supuestos regalos y la conducta de los funcionarios o autoridades. Lo que más gracia me ha hecho del Auto es cuando dice que ‘hay entender excluidos del delito de cohecho aquéllas entregas que por su insignificante cuantía o moderación, no sean objetivamente adecuadas para motivar al funcionario a actuar, o que vengan amparadas por los usos sociales’. Es decir, regalar trajes de 900 o maletas de 1.000 euros es insignificante, lo mismo que invitar a un café. Verdaderamente, los políticos y algunos jueces viven en una realidad paralela a la del resto de los mortales. O quizás asistimos a la eclosión de una nueva especie de mileuristas, no porque ganen mil euros al mes, sino porque les regalan objetos que rondan ese precio.

La conexión valenciana del caso Gürtel ha demostrado que las amistades peligrosas de un político le pueden causar un serio problema, aunque se aprecie también una voluntad deliberada de utilizar la justicia como herramienta política. A mí personalmente me parece poco ético que un político reciba maletas, trajes o pañuelos de Carolina Herrera, y la comparación con las anchoas que regala el Presidente Revilla me resulta forzada. Pero la cuestión debe dirimirse en el terreno político, no en el judicial. Es decir, lo que diga el veredicto de las urnas, hermosa frase que cito con frecuencia. Pero los partidos políticos, además de propensos a la escaramuza dialéctica, son bastante dados a enredarse en querellas, en lugar de buscar soluciones a nuestros problemas. Es su naturaleza, como el escorpión de la fábula.

Me parece más preocupante el caso de Palma (llamado el misterio de las obras sin contrato) y, sobre todo, lo del alcalde-taxista de Seseña. Según ha publicado este diario un mafioso pagó 700.000 euros al alcalde que recalificó los terrenos donde el Pocero construyó su monstruo de urbanización. Y al alcalde, muy imaginativo él, no se le ocurrió otra cosa que decir que le tocaron cinco billetes de la ONCE. Y yo, ni premios ni trajes. La envidia me consume.

El gripazo

Esta semana reflexionaba yo sobre la gripe A y las medidas que el Gobierno cavila al respecto. Todavía no existe una vacuna que haya sido probada de forma eficaz pero el Gobierno ya ha decidido a quién va a vacunar y, en consecuencia, quienes quedan fuera de ese círculo de afortunados.
La Ministra Jiménez, ella siempre tan aguda y pizpireta, piensa aplicar la vacuna a lo que considera grupos de riesgo: niños, embarazadas y todos aquellos que presten servicios esenciales para la comunidad. Lo de niños y embarazadas parece claro quiénes son, pero lo de ‘servicios esenciales’ no deja de ser un concepto algo indeterminado. En principio habían pensado vacunar sólo al personal sanitario pero Gabilondo, el Ministro de Educación, ha pedido que se vacune también a los profesores. Trinidad Jiménez ha dicho que tampoco podemos prescindir de ellos. Bien, pero tampoco de los bomberos, de los jueces, de los policías y, si me fuerzan, ni siquiera de los abogados.
Partimos de dos errores de base: el primero que el Gobierno es un Oráculo de Delfos cuya sabiduría no conoce límites que conoce mejor que nadie a quién hay que vacunar y a quién no. Y el segundo que es un regalo que nos hacen y sólo debemos responder con nuestro sincero agradecimiento. Lo de la sapiencia de nuestros gobernantes no merece muchos comentarios pero ya me fastidia el teorema de que el Gobierno nos da cosas. No, simplemente administra nuestros impuestos. Y la vacuna forma parte de ese derecho a la salud que tenemos los españoles, simplemente porque lo pagamos. Habrá que saber lo que cuesta y poner la vacuna al alcance de todos aquellos que quieran ponérsela. Unos porque están en un grupo de riesgo, otros porque son unos hipocondríacos y otros simplemente porque les da la gana.
En España vacunaremos a un 40 por ciento de la población pero en Francia van a llegar al 70 por ciento. Algo natural, pues de todos es sabida la preocupación de Sarkozy por la salud y por el ejercicio físico. En cualquier caso siempre hay un porcentaje de la población que queda fuera de la vacuna y es lo que no me parece correcto.
Con ese razonamiento veo a Trinidad pinchando a todos los españoles para liberarles de la gripe A. Menos a Díaz Ferrán, para que aprenda a no ponerse chulo con Zapatero.

Y así son las cosas

Y ASÍ son las cosas (’and that’s the way it is’) era la frase con la que Walter Conkrite cerraba su programa de noticias en la CBS. Desde 1962 a 1981, el informativo del Tío Walter, también conocido como el hombre más fiable en Estados Unidos, fue el más seguido en América y convirtió a Conkrite en una verdadera leyenda del periodismo y en una de las personas más influyentes de su país. Su rostro, el dolor contenido al dar la noticia, quedará asociado para siempre a ese día de noviembre en que mataron a Kennedy.

Walter Conkrite fallecía el pasado día 17 de julio a los 92 años. Llevaba tiempo retirado pero seguía estando en el corazón de los americanos y su ejemplo sirve de guía a los que se dedican al oficio de contar las cosas. La razón es sencilla: Walter Conkrite tenía credibilidad, la única virtud que es imprescindible en un periodista. La gente confiaba en él y en lo que decía y, por eso, sus opiniones pesaban en la sociedad. Johnson lo dijo en algún momento de su presidencia, cuando la pesadilla de Vietnam era ya una tragedia nacional: ‘si he perdido a Conkrite he perdido a la clase media norteamericana’.

Mucho han cambiado las cosas desde los años dorados de Conkrite. Hoy, una cascada de información (o de manipulación) circula por Internet a velocidad de vértigo. Hoy, muchos medios de comunicación se han convertido en plataformas al servicio de intereses empresariales muy concretos. Hoy, la publicidad institucional que soporta las cuentas de resultados de muchos diarios hace que algunos periodistas se olviden de una función que la sociedad les otorga y es ser el ojo público que vigila a la Administración. Hoy, surgen personajes que se amparan en el anonimato de la red para dedicarse, con poca picardía y menos talento, a la difamación y al chismorreo. Hoy, más que nunca, echamos de menos a profesionales como Conkrite.

No soy tan ingenuo para creer que los medios tengan que ser que ser independientes y ni siquiera objetivos. Cualquier línea editorial es perfectamente legítima y los que escribimos en los medios no estamos obligados a ser neutrales. Pero sí debe existir una clara línea divisoria entre la información, la opinión y el simple bulo. Forma parte de ese compromiso que el Tío Walter nos ha enseñado.

A contracorriente

Este verano está siendo relativamente tranquilo y, en lugar de las habituales serpientes veraniegas, nos entretenemos con dos culebrones estivales: los fichajes de Florentino y la financiación autonómica. Apasionante, vamos.

Dicen que estamos en crisis pero hay datos que me dejan perplejo. Al parecer el precio de la vivienda ha subido en el último trimestre un 1,6 por ciento en la provincia de León, justo lo contrario que sucede en el resto de España. Igual es que se han vendido dos viviendas, pero entonces no sería un dato sino una anécdota. En todo caso está claro que somos muy distintos, y no me extraña que los iluminados de la UPL pidan la autonomía para León. Es que vamos a contracorriente.

Hablando de corrientes llegamos a las fuentes públicas. El Vicealcalde de León, el leonesista Chamorro, ocupa de forma interina el sillón municipal y hace ruedas de prensa sin cesar para que quede grabado ese mágico momento para la posteridad. Me recuerda el argumento de Dama por un día, comedia sentimental con la que el maestro Capra ilusionaba a la sociedad americana en los duros años de la Gran Depresión. Pues bien, el agudo Alcalde en funciones ha descubierto que unos desaprensivos se dedican a sabotear las fuentes públicas y va a crear una Unidad de Vigilancia de Aguas y Fuentes. Como a alguna se le ocurre meterse en el agua emulando a Anita Ekberg en La Dolce Vita directamente la detienen.

También el Vicealcalde ha anunciado que van a hacer un parque en el Ejido, en el solar de Cabeza de Vaca. No sé si le pondrán el nombre del explorador, que no le cuadra mucho a un espacio público, pero estos leonesistas se ponen estupendos con el tema histórico. Ya que están tan activos un ruego: podían cambiar la arena de la zona de juegos infantiles del Parque de San Francisco por algo un poco más limpio. Más que nada porque la arena lleva ahí desde los tiempos de la Legio VII.

Lo cierto, decía, es que este verano me resulta algo tedioso y no encuentro grandes noticias que susciten mi interés. Me pasaré por Correos a recoger la bombilla de bajo consumo que regala el Gobierno. Para iluminar las ideas, pero de forma sostenible y con poco gasto, que es lo que se lleva. En semanas como ésta hasta echo de menos a Rodríguez de Francisco.

Los dineros del Reino

Anda el patio político revuelto por el asunto de la financiación autonómica. El Presidente Herrera se reunía con su colega Feijoo para hacer frente común a la hora de buscar dineros. Me temo que nos quedaremos con las migajas y que la pasta gansa se irá a Comunidades más pobladas, entre otras cosas –barrunto- porque allí hay más posibles votantes. Comparto con Herrera y con Feijoo, gobernantes a quienes tengo por gente prudente y sensata, el concepto de que la población no debe ser el único criterio. Pero se parte de un error de base, y es pensar que las Comunidades Autónomas tienen derechos y pueden exigir fondos. No, son los ciudadanos los que tienen derecho a tener escuelas, hospitales o carreteras, estén donde estén. En lugares despoblados, como Castilla y León, podrá ser menos “rentable”, pero para eso existe el Estado. Si se tratara de obtener beneficios nos podría gobernar directamente Emilio Botín.

También se han reunido las Diputaciones de la Comunidad para reclamar pasta. Se quejan de que tienen muchas competencias y no tienen medios para atenderlas. Lo de las Diputaciones es raro, porque las competencias impropias les encantan, hasta que llega el momento de pagarlas.

Sin embargo las Administraciones sólo se preocupan de buscar más dinero pero no de cómo gastar menos, que es lo que solemos hacer las personas ordinarias, como las familias o las empresas. Por ejemplo, el otro día mi mujer y yo tomamos un par de cañas en una terraza y nos atizaron cinco euros. Ante esa situación, con lo insufrible que se pone a veces la hostelería, quizás no sería una idea descabellada comprar un caño de cerveza y montar un botellón, aunque no tengamos edad para ello. Es decir, el camino debería estar más en el ahorro que en la reivindicación constante, porque el dinero tiene un límite y sale del mismo sitio, que es el bolsillo de los contribuyentes.
Mientras la Junta pide dinero se gasta no sé cuánto en contratar al CSI Warrick para que nos cuente las excelencias de la “sesina” de León. Algún cráneo privilegiado habrá intuido que con ese anuncio vamos a inundar los mercados con nuestros productos. Aunque quizás el spot sea un pretexto y Grissom y sus chicos han venido a investigar las oposiciones de la Dipu. Esto promete.

6 de julio de 2009

El poeta se despide

El pasado 27 de junio fallecía en León Victoriano Crémer. Poeta de dilatada trayectoria, infatigable escritor, brillante articulista pero, sobre todo, una persona que se convirtió, por méritos propios y quizás a su pesar, en una referencia ineludible de la ciudad. Un ejemplo, además, del intelectual comprometido con su tiempo, con su memoria y con la sociedad en la que vive.

Por lo que le pude llegar a conocer sé que Crémer era poco amigo de ceremonias y le incomodaría la pompa y circunstancia que ha rodeado su adiós. Incluso no le haría gracia esta columna, pero me permito la licencia esperando que el maestro me perdone. Este miércoles, en el Diario de León, Susana Vergara comentaba, en un hermoso y sentido artículo, que a Crémer no le importaba lo que dijeran de él así que mejor era que callaran. Pedía que no hicieran como con Chencho, que hasta sus enemigos le escribieron. No me cabe duda de que la anécdota es cierta, pero en todo caso merecería serlo. En León tenemos la ingrata costumbre de arrinconar al vivo y ensalzarlo nada más que le recibe la tierra.

A los poetas no se les honra con aparatosas coronas funerarias o con declaraciones grandilocuentes en los medios. Sólo existe una forma de agradecer la emoción que un día nos hicieron sentir, una forma sencilla y al alcance de todos, y es abrir un libro y rescatar un poema. Yo hoy recuerdo estos versos de su Canción del Obstinado: “¡La lluvia, llamarada que se vierte! / ¡Y el vivir, apretarse a la cintura / el toro irremediable de la muerte!”

Hace algunos años la Diputación de León concedía a Crémer la Medalla de Oro de la Provincia. Con bastante humor el entonces Presidente, Javier García Prieto, se atrevía con un pareado que resumía la intensidad con que Crémer vivía la literatura: “en invierno y en verano, siempre escribe Victoriano”. Por mi parte yo me atrevo a decir que Victoriano seguirá escribiendo cada vez que un lector se asome a sus libros. Porque cada vez que leemos ese poema que nos conmueve se establece una relación especial y sentimos que sus palabras van dirigidas sólo a nosotros. Las letras impresas retornan a la vida y sentimos su presencia, como si siempre hubiera estado ahí. Porque los poetas, aunque lo parezca, nunca se despiden del todo.

29 de junio de 2009

Del Filandón al Facebook

El Bureau Internacional de Capitales Culturales promueve estos días una campaña para elegir los 10 tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial español (título largo, ciertamente). En la dirección web de esta Asociación (www.ibocc.org) se puede acceder a los candidatos, entre los que figura la Romería del Rocío, los Sanfermines o las Campanadas desde la Puerta del Sol. El Filandón de León, en la lista provisional que se publicaba el 24 de junio, ha conseguido situarse en un meritorio segundo lugar, por detrás de la Semana Grande de Bilbao. Desde la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de León se ha invitado a los leoneses a apoyar la candidatura del Filandón, y los resultados –hasta el momento- son prometedores. Yo ya voté en Internet por nuestro Filandón y hasta el 28 de junio se podrá seguir participando en esta elección, pero sólo a través de SMS. Me parece un poco extravagante que el patrimonio inmaterial se elija de la misma forma que los expulsados de Supervivientes pero también me sorprende que la lista la encabece la Semana Grande de Bilbao donde, por mucho que sea del mismo Bilbao, no acierto a vislumbrar los valores culturales.

El Filandón es una vieja palabra leonesa que designaba las reuniones nocturnas en las que las mujeres hilaban, mientras los asistentes se contaban cuentos e historias. Eran habituales en épocas ya algo lejanas, cuando las gentes –para ahorrar carbón y leña, entre otras razones- se congregaban para calentarse y entretenerse. Mucho han cambiado las cosas desde entonces y ahora la gente se comunica, básicamente, a través de la pantalla del ordenador. El éxito de las redes sociales como Facebook, donde también se cuentan historias, es un buen ejemplo de ello.
Los filandones eran una manifestación de la cultura oral de otros tiempos. Ahora con la tecnología podemos acceder a una gran cantidad de información y las palabras y las imágenes circulan por la Red a velocidad de vértigo. Quizás nos hemos empobrecido y la comunicación ha perdido en cercanía y calidez. Los filandones pueden quedar reducidos a un simple “patrimonio”, pero para buscar historias siempre nos quedarán las librerías. Aunque, entre las recetas de Arguiñano y las memorias de Aznar, sea más difícil localizar Moby Dick.

El fichaje

No resulta fácil escribir esta columna y hablar de asuntos ligeros e intrascendentes como el fútbol, cuando la trágica noticia del día es que la bestia etarra ha salido de su madriguera para segar cobardemente la vida de Eduardo Puelles, un servidor público, casado y con dos hijos. Pero la llegada de Florentino Pérez y sus deslumbrantes fichajes merecen algún comentario. Mientras, la Cultural se declara en concurso de acreedores, demostrando que entre los top gun del fútbol español y los equipos de la Segunda División B hay tantas diferencias que se dirían que no practican el mismo deporte.

En el fichaje de CR7, por el que se ha pagado la nada cristiana cantidad de 94 millones de euros (lo que cuesta un hospital de 200 camas) me chirrían algunos detalles. El primero es el préstamo de Caja Madrid, por importe de 76 millones de euros, que el Madrid empezará a pagar dentro de dos años a euribor más dos puntos y garantizado con los derechos audiovisuales que percibirá el equipo. Es decir, las mismas condiciones que todos los días ofrecen a empresas y familias. Quizás debería dolerme más el préstamo que el Santander estudia concederle al club blanco, por mi doble condición de cliente del Banco y blaugrana confeso, pero el Santander es una empresa privada (no una caja política) y sé que Emilio Botín le apretará las clavijas a Florentino.
Pero si la facilidad del Sr. Pérez para conseguir préstamos en buenas condiciones me desconcierta lo que pagará Ronaldo a la Hacienda Pública, que somos todos, directamente me escandaliza. Al parecer el futbolista tributará a un tipo del 24%, el mismo que rige para las rentas más bajas, debido a una Ley cuyo objetivo teórico era atraer a profesionales cualificados. Aunque se trataba de captar científicos, por ejemplo, no peloteros.
He tomado dos decisiones financieras. La primera, que voy a esperar unos días para hacer la declaración de la renta. Saber que, proporcionalmente, contribuiré más que Ronaldo me ha dejado mal cuerpo. La segunda, acercarme a Caja Madrid y pedir un préstamo. Espero que me den las mismas condiciones que al Madrid y mi garantía serán los derechos de autor que puedan generar mis columnas en el futuro. Pero no tengo mucha esperanza. Me disfrazaré de Florentino, a ver si cuela.

18 de junio de 2009

Todos rieron

La casualidad ha querido que estas jornadas electorales me sorprendieran releyendo Justine, la novela con la que Lawrence Durrell abre el Cuarteto de Alejandría y uno de mis libros predilectos. El Cuarteto narra una misma historia (o muchas historias) desde distintas miradas y con su lectura descubrimos que, en el universo de las pasiones y los afectos, cada mirada puede crear una realidad distinta. Pero la teoría de la relatividad no sólo matiza el amor o las relaciones personales, sino que también es un destacado protagonista de la política. Me explico: es ya un tópico que siempre que hay elecciones todos los partidos se sientan contentos y encantados de haberse conocido. Unos porque han ganado, otros porque no han perdido demasiado, y el resto porque siguen ocupando sus escaños. Todos felices, todos rieron, como en la película de Bogdanovich. Aunque, tal y como está España, no estemos para muchas alegrías y ni siquiera nos distrae ya el millonario fichaje de Cristiano Ronaldo.
¿A qué se debe esa extraña percepción que nuestros líderes tienen de algo tan matemático como el escrutinio electoral? ¿Nadie quiere asumir el papel de perdedor, tan literario, porque la derrota implica tener que asumir responsabilidades? Es un misterio, pero descendiendo a la cruel aritmética, el 7-J arroja conclusiones claras. Un desinterés de los ciudadanos (la participación no llegó al 46 por ciento) y un voto de castigo al Gobierno, al que los españoles no ven ni con ideas ni con decisión para afrontar la crisis. El poético mensaje lanzado desde Moncloa es que los brotes verdes anuncian la primavera de la recuperación. Como diría el castizo “ya escampará”.
Tampoco comprendo la alegría del PP. Si con cuatro millones de parados Rajoy no ha podido sacarle 10 puntos a ZP no es aventurado pensar que sigue sin cuajar como alternativa solvente. Lo más revelador de los comicios, no obstante, es la consolidación de Unión, Progreso y Democracia no ya como protagonista, sino como un soplo de aire fresco en nuestra mortecina escena política. El partido liderado por Rosa Díez, con casi 500.000 votos, irrumpe como tercera fuerza política en muchas capitales de provincia, León entre ellas. Creo que Sosa Wagner es el único que podría esbozar una ligera sonrisa.

El rapto de Europa

A final del Libro II de las Metamorfosis, el poeta latino Ovidio narraba la historia del rapto de Europa. Europa, una joven de reconocida belleza, atrajo la atención de Zeus, padre de los dioses, que entre otras cosas era un personaje un poco casquivano y de vida bastante disoluta. Convertido en un hermoso toro blanco, Zeus se acercó a la joven doncella que, conmovida por la hermosura y mansedumbre de la bestia, se acercó y se sentó cándidamente sobre su lomo. Entonces Zeus puso el turbodiesel y la llevó a través del mar (“trémulas ondean con la brisa sus ropas” expresa el poeta) hasta la isla de Creta, donde consumó la seducción.

Mañana celebramos elecciones al Parlamento Europeo, y muchos perciben que Europa, nuestra Europa, también ha sido secuestrada. No por el padre de los dioses sino por los burócratas de Bruselas, que lo mismo nos dicen la leche que podemos producir como nos dan millones de euros (de los contribuyentes) para las obras y programas más variopintos. Y el Parlamento europeo no deja de ser un lujoso cementerio de elefantes, donde diputados de todos los pelajes dormitan plácidamente en espera la jubilación. Lo más grave es que nadie sabe a ciencia cierta para qué sirve el Parlamento, ya que todos los poderes se concentran en la Comisión y en el Consejo. Por no saber hasta ignoro quién preside tan regia institución y no tengo la menor intención de perder tiempo buscando ese dato inútil.

Pero que la Europa de hoy no sea la que muchos soñamos no debe ser un pretexto para el desinterés o la abstención. Todas las elecciones son importantes, porque es el único momento en el que los ciudadanos dejamos de ser comparsas para convertirnos en actores. Y siempre existe la esperanza de que la situación mejore.

Europa no se merece ni esta campaña electoral tan lamentable ni que la Unión Europea se haya convertido en una fábrica de Directivas, alejada de la realidad y de las personas. Pero el silencio nunca es una respuesta. Muchas personas han luchado para que la democracia sea, con todas sus carencias, una hermosa realidad en Occidente. Así que mañana, a primera hora, me acercaré al Albéitar a depositar mi voto. Aunque no cambie nada no voy a permitir que nadie me robe, ni me rapte, ese momento. Es mi momento.

El subsidio

Todavía bajo los efectos de la noche más hermosa en la Ciudad Eterna, en la que el Barcelona deslumbraba al planeta fútbol en un espectáculo grandioso de belleza y eficacia, nos toca aterrizar de nuevo en la cruda realidad. Y esta realidad siguen siendo las disputas políticas y la crisis que nos azota, aunque algunos quieran ver brotes verdes en el horizonte. Yo sólo veo empresas que cierran, créditos que no llegan y personas en las colas del paro. Debo ser un pesimista.

En Economía, lo mismo que en Medicina, más importante que el tratamiento es el diagnóstico. Y esto es lo que pasa, que nos empeñamos en echar la culpa a los mercados financieros y a las políticas paleoliberales (Leire Pajín dixit) cuando lo cierto es que nuestra economía era un coloso con pies de barro. El Barcelona de Guardiola se basa en dos conceptos muy claros: talento y esfuerzo. Y nuestra economía nunca se preocupó ni de la formación ni de la competitividad. Simplemente España era el país donde más pronto se podía uno hacer rico y el dinero circulaba en abundancia. Como los malos equipos de fútbol, mucha especulación y poca creatividad.

Como no acertamos con el diagnóstico nos equivocamos a la hora de elegir las soluciones correctas. Desde el Gobierno se nos dice que ya se ve la luz al final del túnel y que hay que extender la protección social (o sea, subsidios) para aguantar hasta que la recuperación regrese. Es un drama que de los cuatro millones de parados más de un millón no reciban ya prestaciones del sistema público. Pero si no actuamos sobre las causas no servirá de nada. Tenemos que saber por qué España, que es el equipo de todos, ha pasado de jugar la Champions a coquetear con el descenso.

Se habla mucho del nuevo modelo económico, ese Santo Grial que ZP ha sacado de su chistera en plenas elecciones europeas. Más que un nuevo modelo creo que lo que hay que encontrar es una nueva manera de hacer las cosas. Como en el fútbol todo es cuestión de talento y esfuerzo.

El contratiempo de equivocarse con el diagnóstico es que el enfermo no se cura. Si lo que tiene es una hepatitis, y el Médico le escayola porque cree que es una fractura, tendremos dos problemas: la hepatitis y la escayola. Me temo que con el remedio del subsidio puede ocurrir lo mismo.

15 de junio de 2009

El sitio de mi recreo

El pasado 12 de mayo fallecía en Madrid Antonio Vega, integrante en su día de Nacha Pop y un artista genial que ha marcado a varias generaciones de españoles, entre ellas la mía. A muchos lectores les resultará ajena esta columna pero en los 80, para muchos, Nacha Pop no sólo era un grupo sino también una forma de entender la vida y las emociones, una asignatura más de nuestra educación sentimental. Su música expresaba lo que nos hubiera gustado decir, y las letras de Antonio y Nacho parecían directamente dirigidas a cada uno de nosotros, con magia y precisión. Todos nos imaginábamos diciendo un día que “la luz de la mañana entra en la habitación, tus cabellos dorados parecen el sol” como entonaba Antonio en “Chica de ayer”, la canción con la que Nacha Pop entraba para siempre en la leyenda y en nuestros corazones. Y los miles de mensajes en la red, la gente que pasó por la capilla ardiente para decirle adiós por última vez, demuestran que su música ha arañado el corazón de personas de todas las edades.

Muchas cosas podrían destacarse de Antonio Vega pero sí me gustaría detenerme en la devoción que sentía por su trabajo y en la humildad con la que hablaba de su música. En estos días, en que cualquier engendro salido de Operación Triunfo se cree la reencarnación de Sinatra, resulta deslumbrante la sencillez con la que Antonio se refería a su obra. Él sólo quería desnudar su alma y la poesía era algo natural, nacida de la emoción o de la tristeza, de los mejores sueños o de las peores pesadillas.

Una de las canciones de Antonio Vega que nos acompañará para siempre es “El sitio de mi recreo”. Un texto, como muchos de los suyos, plagado de metáforas, pero que todos reconocemos como cercano y familiar. Así hablaba Antonio: “Donde nos llevó la imaginación, donde con los ojos cerrados se divisan infinitos campos. Donde se creó Ia primera luz, germinó la semilla del cielo azul, volveré a ese lugar donde nací. De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo. De nieve, huracán y abismos, el sitio de mi recreo”

Cuando alguien escribe así, todas nuestras palabras parecen torpes y vacías. Nos queda tu música, Antonio, pero nos dejas muy solos. En el sitio de mi recreo, y en el de muchos, siempre existirá un lugar para ti.

El Rastro

Lo que me pide el cuerpo es dedicar mi columna al hermoso gol del dulce Iniesta, que iluminó de blaugrana el cielo de Londres cuando, desvanecida ya toda esperanza, parecían cerrados todos los caminos que conducen a Roma. Pero dos lectores me apremiaban días atrás para que me ocupara más en mis columnas de la rabiosa actualidad local. Ignoro qué porcentaje representan entre mis tifossi este “sector crítico” , pero –por esta vez- les haré caso y descenderé a alguno de los asuntos que nos ocupan en la City.

Sin duda el tema de la semana ha sido el traslado del Rastro a los aledaños del Estadio Reino de León, en los terrenos que ocupó el desguace de Clarés. Puedo comprender las razones de los vendedores, de los que acuden al Rastro todos los domingos o de los hosteleros de la zona. Pero precisando, que es gerundio. Lo primero no me parece muy propio que dediquemos unas de las grandes avenidas de León, como es Papalaguinda, a esa mezcla de hormiguero y bazar cutre en que se ha convertido el Rastro. En las afueras de París, en Clignancourt, existe desde hace tiempo el Mercado de las Pulgas, pero a nadie le parecería sensato que estuviera en los Campos Elíseos, pegado al Arco del Triunfo. Precisamente se instaló allí porque a finales del siglo XIX los concejales de París decidieron que los traperos y chamarileros no debían trabajar sobre el territorio de la ciudad. No sé si Clarés es la localización correcta, pero lo que tengo claro es que Papalaguinda no lo es.
Y en segundo lugar, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida, y también los que venden en el Rastro. Pero cumpliendo la Ley, cotizando a la Seguridad Social, de alta en el IAE y pagando impuestos como todo el mundo. Y abonando las tasas que permitan sufragar lo que la limpieza de ese espacio nos cuesta a todos los leoneses.
Para terminar, mención especial a María Rodríguez, Concejala de Comercio, que ha tenido el coraje político que no tuvieron sus predecesores para tomar la decisión y para exigir algo tan evidente como el cumplimiento de la Ley. El temple de un político se demuestra cuando tiene que adoptar medidas que pueden ser impopulares, o cuando es capaz de resistir la presión. Porque para inaugurar obras en los pueblos o conceder subsidios valemos casi todos.

El partido

Andan las aguas revueltas en el Palacio de los Guzmanes a raíz de unas oposiciones en las que el Procurador del Común ha detectado ciertas irregularidades. Resulta paradójico que mientras Feijóo, en Galicia, reduce altos cargos, o Esperanza Aguirre elimina una Consejería buscando ahorro en tiempos de crisis aquí montamos unas oposiciones para que cuarenta personas accedan a la condición de funcionarios. O es la única receta que se nos ocurre para combatir el desempleo o por aquí concebimos el liberalismo económico de una manera muy peculiar. Aunque quizás se persigue retener el talento y evitar la fuga de cerebros porque muchos de los aprobados, a la luz de las calificaciones obtenidas, son casos de sobredotación intelectual. Que sean familiares de políticos del Partido Popular o de personas vinculadas a la Diputación podría ser una coincidencia, porque es sabido que Dios distribuye el talento -e incluso la buena voluntad- a su libre albedrío.

Pero la noticia del día es el Barça-Madrid, y hay quien no entiende que se escriba de política habiendo cosas tan importantes como el fútbol. Pero el fútbol es un juego del que se pueden extraer interesantes enseñanzas, incluso por parte de los gestores de nuestros impuestos. Por ejemplo, la forma como Guardiola organiza un equipo, haciendo que todos sus integrantes se coordinen con precisión y belleza y den lo mejor de sí mismos. O esa fe inquebrantable en sus posibilidades de que hace gala el Madrid, por mucho que nos pese (y nos inquiete) a los blaugranas. Claro que la pesadilla del paro que nos azota no tira, ciertamente, los penaltis a lo Panenka.

Pero sí en algo coinciden el fútbol y la política es que son terrenos abonados para los tópicos. En política se alude siempre, por ejemplo, a la herencia recibida o a que los otros hacían lo mismo. En el mundo del balompié tenemos el pensamiento metafísico resumido en la frase “fútbol es fútbol” o esa arenga con matiz culinario que nos incita a poner toda la carne en el asador. Y, como en política, cada resultado siempre tiene la frase hecha más apropiada. Si el Madrid se impone en Chamartín nos recordarán aquello de que “hasta el rabo todo es toro”. Pero si vence el Barcelona les podremos decir que “tanto remar para morir en la orilla”.

MAFO

Estaba yo tentado de dedicar esta columna al gran acontecimiento de masas que es la fiesta de Villalar, donde las gentes de Castilla y León buscan su sentimiento regional celebrando una derrota. Pero a mi edad uno empieza a preocuparse de cuestiones más acuciantes. Así, estoy alarmado por el futuro de las pensiones, a raíz de las declaraciones del Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO para los iniciados). Es más, desde que el Ministro de Trabajo ha dicho que el sistema está garantizado mi inquietud va en aumento y ya tengo problemas para conciliar el sueño.

Comienzo declarando mi rendida admiración por el Gobernador, un tipo tan famoso que le conocen por sus siglas, como al BBVA o a la CIA. Con el tiempo, cuando me consolide como columnista de referencia, también quiero ser conocido por mis iniciales. Mi acrónimo podría ser JESG.

Y sigo preocupado porque me temo que MAFO tiene razón. Hasta ahora todo parecía ir bien y la Seguridad Social ingresaba cada año más de lo que gastaba. Así se ha ido generando un Fondo de Reserva que alcanza al 5 por ciento del PIB. Pero el deterioro económico (los últimos datos del paro, superando los cuatro millones, son dramáticos) provoca que el superávit pueda tener los días contados. Lógicamente quedará el Fondo (salvo que se contamine con algún activo tóxico) y no hay inconveniente teórico en pagar pensiones con impuestos, como se hace con la Sanidad.
El problema de fondo, apuntamos MAFO y JESG, es que el sistema no se sostiene a medio plazo por dos fenómenos: la caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida. Un dato es revelador: la tasa de dependencia (población mayor de 65 años sobre población en edad de trabajar) es ahora del 24 por ciento. En 2.050, si todo sigue así, llegará al 59 por ciento. Como la longevidad entendemos que es algo positivo habrá que actuar en el otro frente, favoreciendo la natalidad. Ya sé que son malos tiempos para traer niños al mundo, pero algo habrá que hacer. Porque hasta la fecha yo la única política de apoyo a la familia de la que tengo noticia es la que procede de mis suegros.
Aunque no sé si a este Gobierno le interesa la natalidad: entre Zapatero y sus 17 ministros suman, creo, 21 hijos. Yo que ellos estaría preocupado.